Por: José Luis Colmenares Carías
En nuestra entrega anterior, exploramos cómo la forma en que ganamos dinero mediante intercambios de tiempo, conocimientos o competencias tiñe nuestra realidad de colores que van desde la confianza hasta la ansiedad y el miedo. Sin embargo, existe otro flujo de recursos que no nace de una transacción, sino de una transferencia. Es ese dinero que ingresa a nuestro sistema por derecho, solidaridad, auxilio o por amor.
Si el dinero transaccional se siente como «conquista», el dinero vía transferencia se siente como vínculo. Aquí, la pigmentación emocional no oscila según qué damos, sino según quién nos da y cómo nos sentimos frente a ese emisor. Reconocer estos matices, tal como hemos experimentado en los talleres experimentales de La Imagen del Dinero, es vital para entender nuestra percepción de autonomía y gratitud.
El matiz de los apoyos institucionales
Este ámbito contempla el dinero que proviene de estructuras organizadas (Públicas o Privadas). Aquí no hay un intercambio de bienes, sino una relación de protección o mérito:
- Subsidios y Bonos: Cuando el ingreso proviene de políticas sociales, la pigmentación podría oscilar entre el alivio de contar con un soporte y la tristeza de la resignación. Para muchos, especialmente para nuestros adultos mayores, la dependencia de una voluntad externa genera una sensación de fragilidad. Este sentimiento se agudiza cuando el valor de ese apoyo se erosiona por la inflación, recordándonos que la falta de control sobre el flujo impacta directamente en nuestra paz.
- Becas y Estímulos: Aquí el tono podría ser de alegría por el mérito reconocido. No obstante, su reverso suele ser el miedo a la evaluación; esa tensión de sentir que el respaldo podría desaparecer si no se cumple con una expectativa acordada y que podría aparecer como ajena.
El color de la red primaria: Familia y Afectos
Aquí la pigmentación es más profunda, pues el dinero llega impregnado de historia personal y lazos de sangre:
- Las Remesas: Un puente de amor a distancia muy presente en nuestra Venezuela. Su color predominante es la gratitud por la conexión. Sin embargo, a veces aparece el tinte de la culpa: el pesar de sentir que ese recurso nace del sacrificio del otro, transformando el alivio financiero en una carga emocional que es importante hacerla consciente y transitar como aprendizaje.
- Las Mesadas y Apoyos: Es el primer laboratorio de nuestra vida económica. Una mesada bien gestionada tiñe el mundo de autonomía y aprendizaje. Sin embargo, si se utiliza para evitar que el hijo sienta frustración o como herramienta de control, se convierte en la cuna de la dependencia financiera. Aquí se siembra la creencia de que siempre habrá un flujo externo que nos rescate, atrofiando la capacidad de generar recursos propios.
- Apoyos Familiares y el «Enredo Financiero»: Sentirse sostenido brinda una confianza reparadora, pero la falta de límites claros puede teñir el vínculo de rabia. Esto ocurre frecuentemente bajo el fenómeno del “enredo financiero”, donde quien da el dinero lo utiliza para involucrarse excesivamente en la vida del otro. Cuando el proveedor financiero descarga sus propias ansiedades en quien recibe, o utiliza el apoyo para manipular decisiones, el dinero deja de ser ayuda y se convierte en una «invasión» que asfixia la autonomía y genera un estrés profundo en el sistema familiar.
- Herencias y Legados: Este es el «dinero con memoria». Su estado más sano es la aceptación y el respeto. Pero si existen heridas no sanadas o lo que llamamos el complejo del dinero, el ingreso se tiñe de resentimiento, convirtiendo el patrimonio en un campo de batalla donde se ventilan viejos agravios familiares.
Abrir el territorio a la Gratitud y la Autonomía
¿Por qué es importante observar estas transferencias? Porque este dinero suele ser el que más «pesa» internamente. Mientras que el trabajo nos da identidad profesional, el dinero transferido nos ubica en nuestra identidad familiar y social.
Negar estos apoyos por un orgullo mal entendido o, por el contrario, instalarse en la dependencia absoluta, son formas de estrechar nuestro territorio de posibilidades. La salud financiera consiste en desarrollar la capacidad emocional de recibir con dignidad, logrando que esa transferencia se convierta en una palanca de crecimiento.
Si usamos este flujo para desarrollar nuevas competencias y fortalecer nuestra autonomía, los colores de nuestra vida financiera ganan brillo y posibilidad. Se trata de transformar una «ayuda» en un trampolín hacia la libertad, sin “hipotecar” nuestro futuro en el proceso.
En nuestra próxima reflexión, cerraremos este mapa explorando la pigmentación de aquello que fluye hacia afuera: el color de nuestros usos, para avanzar hacia el diseño de una vida financiera consciente. ¡Transforma tu relación con el dinero: De la emoción a la acción!
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