Por: César Pérez Vivas
Vuelta a la patria. Así tituló Juan Antonio Pérez Bonalde su memorable poema del siglo XIX cuando, luego del exilio, pudo regresar nuevamente a Caracas.
Hoy puedo decir, repitiendo los versos de Juan Antonio:
”…ese cielo, ese mar, esos cocales, ese monte que dora el sol de las regiones tropicales… ¡Luz!… ¡Luz al fin! Los reconozco ahora; son ellos, son los mismos de mi infancia… ¡De vuelta a la patria! Y esas playas que al sol del mediodía brillan a la distancia… ¡Oh, inefable alegría! ¡Son las riberas de la patria mía!”
No puedo ocultar ante ustedes la satisfacción y la alegría que me embargan al poder estar hoy nuevamente en mi país, en mi casa, con mi familia, mis amigos y mis compañeros.
Volver del exilio no es igual que regresar de vacaciones. Un día nos tocó cruzar la frontera de forma furtiva para escapar del asedio ordenado por el dictador y su séquito. Estoy convencido de que hice lo correcto. Durante veinte meses de ausencia pude aportar mi modesta contribución a la causa de la libertad de Venezuela.
Durante esos veinte meses procuré contribuir a la denuncia de la tragedia venezolana. En foros internacionales, encuentros con líderes políticos, parlamentarios, funcionarios de gobiernos amigos y medios de comunicación de América, Europa y Asia, ayudé a mostrar la magnitud del desastre causado por el socialismo del siglo XXI. Denunciamos el desconocimiento de la voluntad popular expresada el 28 de julio de 2024, la represión desatada contra quienes protestaron aquel fraude, los asesinatos perpetrados en los días posteriores y el encarcelamiento de miles de venezolanos cuyo único delito fue ejercer sus derechos ciudadanos.
También contribuimos a visibilizar una realidad que trasciende la persecución política. Mostramos cómo Venezuela fue convertida en un territorio sometido al saqueo, a la corrupción y a la penetración de organizaciones criminales y terroristas; cómo fueron destruidas instituciones, empresas y fuentes de riqueza; cómo se depredaron nuestros recursos naturales; y cómo millones de compatriotas se vieron obligados a abandonar el país en busca de oportunidades y libertad. Todo ello permitió a la comunidad internacional comprender que Venezuela no enfrentaba simplemente una crisis política, sino una profunda tragedia nacional de dimensiones históricas.
Desde el primer momento de nuestro exilio fuimos claros con nuestros interlocutores: la camarilla usurpadora había decidido quedarse “por las malas”, tal como lo había anunciado el sátrapa. La lucha democrática, es decir, pacífica y electoral, había cumplido su ciclo. A la camarilla roja había que desalojarla del poder mediante una fuerza superior a la acumulada ilegítimamente por ellos.
La comunidad internacional recibió, desde diversos sectores de la sociedad venezolana, información suficiente y fidedigna para comprobar la deriva criminal emprendida por los usurpadores del poder. Hechos concretos y documentados no dejaban lugar a dudas sobre el saqueo perpetrado contra nuestra riqueza, los crímenes de lesa humanidad cometidos y la vinculación formal del régimen con organizaciones criminales y terroristas.
Todos esos elementos fueron determinantes para que la justicia de Estados Unidos procesara judicialmente a Nicolás Maduro y a su entorno. Ese proceso condujo finalmente a la operación del 3 de enero de 2026, mediante la cual el dictador fue capturado para responder ante la justicia.
Esa captura le demostró a la cúpula roja que existe una fuerza superior con capacidad y voluntad para someterla. Esa ha sido la razón principal por la que se produjo la liberación de un contingente importante de presos políticos, sin olvidar que aún permanecen encarcelados centenares de venezolanos cuya libertad seguimos reclamando.
Es esa nueva realidad la que ha permitido, y seguirá permitiendo, que muchos exiliados regresemos a nuestra vida y a nuestra lucha en el suelo de la patria.
En mi caso fueron veinte meses itinerantes. Temporadas en Colombia, Estados Unidos y España; visitas a México y Panamá. Un período físicamente alejado de mi tierra, pero diariamente involucrado en el quehacer de nuestra patria. No hubo un solo día en que nuestra mente, nuestra palabra, nuestra acción y nuestro espíritu no estuvieran presentes en la tragedia que padecemos.
Esta lucha, como la de millones de compatriotas, no será en vano. El mal no prevalecerá. Vendrán el bien, la paz, la libertad, la ética, el trabajo y el bienestar para nuestra amada Venezuela.
Es decir, vendrá la democracia.
Caracas, lunes 15 de junio del 2026
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