Francisco González Cruz
Con la dignidad de la persona humana y la primacía del bien común como columnas fundamentales de la doctrina social de la iglesia, desde las Bienaventuranzas de Jesús de Nazareth, y las Cartas Encíclicas desde la Rerum Novarum de León XIII en 1891, hasta esos portentos que son las del Francisco Laudato Si’ de 2015 sobre el cuidado de la «casa común» y la ecología integral y Fratelli Tutti de 2020 que trata de la fraternidad y la amistad social, nace la primera Carta Encíclica de León XIV con el título de Magnificat humanitas, dedicada a “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial” según Vatican News.
Están los documentos de las conferencias del episcopado de América Latina, el último muy reciente trata de la inteligencia artificial y desarrollo humano integral y se adelanta unos días la del papa León XIV, en este afán de la iglesia católica de estar al día con lo que tradicionalmente se ha llamado “la cuestión social”, esta vez en la nueva revolución industrial que aceleradamente se despliega en los tiempos turbulentos actuales.
En el interesante documento de los obispos latinoamericano advierten que la IA no es neutra, como toda creación humana, y obedece a los paradigmas dominantes, esta vez a la llamada “tecnocracia” que puede hacer maravillas para la persona humana y para la sociedad, pero también encierra unos peligros gigantescos inéditos al servicio del mal, de la codicia y de destrucción de la “casa común” e ir claramente a la violación de la dignidad de la persona humana.
El título de la Encíclica adelanta su fundamental objetivo: “Magnificat Humanitas, para destacar el carácter sagrado de la persona humana y de todas las personas humanas de la tierra, que no pueden ponerse al servicio de la técnica, ni ser esclavos de ella, al contrario, como toda herramienta debe estar al servicio de la vida humana y natural. Por ello el mensaje del Papa no es negativo ni apocalíptico, sino que siembra la esperanza que “todo sea para el bien” como sentenciaba Santa Juliana de Norwich.
Seguramente el seguimiento de esta novedosa Encíclica será confiado al Dicasterio para el Servicio del Desarrollo del Desarrollo Humano Integral, como lo están Laudato si’ y Fratelli Tutti. Y hacemos votos porque se sume con éxito a la tarea de hacer de nuestro planeta diverso y creativo, lleno de lugares plenos de identidad donde el hombre, su hogar y comunidad logren día a día construir sus espacios para una vida digna.
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