Por: Msc. Lucy Zambrano*
«No hay pueblo que pueda vivir sin tradición, como
no hay hombre que pueda vivir sin memoria».
Sumergirnos en el pensamiento Mario Briceño Iragorry implica mucho más que revisar a un escritor o historiador; significa profundizar en la conciencia crítica de Venezuela. Su obra representa una permanente reflexión sobre la identidad nacional, los valores y el destino del pueblo. Desde textos como El Caballo de Ledesma (1942), Mensaje sin destino (1952) y La Hora Undécima (1956), su pensamiento se levanta como una guía ética y cultural en tiempos de crisis.
En este sentido, uno de los rasgos más significativos de la obra de Briceño Iragorry es su profunda defensa de los valores humanos y sociales. En sus escritos se encuentran constantemente principios como la solidaridad, la justicia social, la libertad, la moralidad y el respeto por la tradición. Estos valores no aparecen como ideas abstractas, sino como fundamentos necesarios para la construcción de una sociedad equilibrada. En El Caballo de Ledesma y El silencio que contempla, se percibe una visión simbólica del héroe no como figura militar, sino como representación moral del ser humano comprometido con su tiempo. El héroe, en este sentido, es quien sostiene valores, quien actúa desde la ética y no desde el poder. Por lo tanto, Briceño Iragorry defendía una sociedad basada en la fraternidad y la solidaridad, entendiendo que estos valores eran esenciales para el desarrollo de una nación justa. Su pensamiento insistía en que la verdadera riqueza de un país no es material, sino moral. Asimismo, su visión cristiana humanista lo llevó a proponer valores como el amor, la tolerancia y la educación como caminos para superar conflictos sociales y políticos.
Desde esta perspectiva, uno de los aportes más críticos de Briceño Iragorry es su análisis sobre la crisis del pueblo venezolano. En Mensaje sin destino, el autor presenta una radiografía de una nación que ha perdido el sentido de su historia y de sus valores fundamentales. Para él, la crisis no era solo económica o política, sino principalmente moral y cultural. Consideraba que el pueblo venezolano sufría una desconexión con su pasado, lo que generaba una pérdida de identidad.
Cuando un pueblo olvida su historia, pierde su rumbo. Por su parte, en La Hora Undécima, Briceño Iragorry hace un llamado urgente a rescatar las estructuras nacionales y a definir lo venezolano. Allí plantea que la historia es una fuerza esencial para la formación de los pueblos, y que sin ella no es posible construir una identidad sólida.
En tal sentido, el autor denuncia el peligro de la imitación extranjera y el abandono de las raíces culturales. En este sentido, su crítica sigue siendo vigente: un país que renuncia a su tradición pierde su esencia. El pensamiento de Mario Briceño Iragorry tiene un profundo carácter educativo. No solo fue docente, sino que concibió la educación como el eje central para la transformación social. Su principal aporte consiste en promover una educación humanista, orientada no solo a transmitir conocimientos, sino a formar ciudadanos conscientes, críticos y comprometidos con su realidad. Para él, la educación debía estar conectada con la historia, la cultura y los valores nacionales. No se trataba de repetir contenidos, sino de formar identidad. Además, su labor como profesor, escritor y conferencista influyó directamente en generaciones de jóvenes, despertando en ellos la conciencia de nacionalidad y el sentido de responsabilidad social.
Por lo tanto, Briceño Iragorry entendió la educación como una herramienta para rescatar la dignidad del pueblo y fortalecer la nación. Es precisamente en este punto donde la expresión de Octavio Paz: “El verdadero autor de un poema no es ni el poeta ni el lector, sino el lenguaje” permite comprender profundamente la obra de Briceño Iragorry. En sus textos, el lenguaje no es un simple medio de comunicación, sino un espacio donde se construye la identidad nacional, por lo tanto, su escritura está cargada de historia, símbolos y valores que trascienden al propio autor. De este modo resulta evidente que, en Briceño Iragorry, el lenguaje habla por la nación. Es la historia, la cultura y la tradición las que se expresan a través de sus palabras. Él no escribe solo desde su individualidad, sino desde una conciencia colectiva.
Por lo tanto, su obra tiene un carácter trascendente: no pertenece únicamente a su tiempo, sino que continúa dialogando con las generaciones actuales. El lenguaje, como plantea Paz, se convierte en el verdadero protagonista, en el vehículo que preserva y transmite la identidad. Briceño Iragorry se consolida como uno de los grandes pensadores de la venezolanidad. Su obra no solo analiza la historia, sino que propone un camino para el futuro basado en valores, educación e identidad.
Mario Briceño Iragorry no solo escribió sobre Venezuela; su legado desde la palabra ayudó a construirla con raigambre y conciencia nacional, demostrando que el lenguaje, cuando está cargado de sentido, puede convertirse en el verdadero autor de la historia de un pueblo.
* Participante del doctorado de Ciencias de la Educación UNERS núcleo Valera
Bibliografía
Briceño Iragorry, M. (1952). Mensaje sin destino: Ensayo sobre nuestra crisis de pueblo. Ediciones de la Presidencia de la República. (Trabajo original publicado en 1951).
Briceño Iragorry, M. (1956). La hora undécima. Ediciones Edime.
Briceño Iragorry, M. (1966). El caballo de Ledesma. En Obras Selectas. Ediciones Edime. (Trabajo original publicado en 1951).
Briceño Iragorry, M. (1988). Mensaje sin destino y otros ensayos (Colección Clásicos, Vol. 132). Biblioteca Ayacucho.
Caballero, M. (2004). La crisis de la venezolanidad: Reflexiones sobre el pensamiento de Mario Briceño Iragorry. Editorial Alfa.
Paz, O. (1956). El arco y la lira: El poema, la revelación poética, poesía e historia. Fondo de Cultura Económica.
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