Por: César Pérez Vivas
El pasado fin de semana se celebró el Día Internacional del Trabajador. Con ocasión de esta fecha, tanto en su antesala como durante la conmemoración, la principal demanda de los trabajadores venezolanos ha estado centrada en la recuperación del salario. Con toda razón, los venezolanos aspiramos a volver a percibir ingresos que nos permitan acceder a los bienes materiales y espirituales básicos a los que toda persona tiene derecho. Sin embargo, la realidad es otra: vivimos sumidos en la miseria. La sociedad venezolana padece, en estos tiempos de la llamada “revolución bolivariana”, la tragedia humanitaria más dramática del último siglo de nuestra historia.
La destrucción causada por el saqueo, la ineptitud y la maldad convertida en poder no tiene parangón en el mundo contemporáneo. La pobreza se percibe a flor de piel. El salario y las pensiones han dejado de ser instrumentos de compensación por el trabajo realizado. “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, dice el Evangelio. En Venezuela, el sudor se agota hasta la extenuación —incluso hasta la muerte por mengua— sin que se logre asegurar el pan de cada día. Hoy, la mayoría de nuestros compatriotas accede a alimentos y medicinas gracias a las remesas enviadas por familiares en el exterior. Otros, además de su empleo formal, se ven obligados a realizar trabajos adicionales para poder sobrevivir, y aun así no logran cubrir sus necesidades básicas.
Esta dramática realidad es el resultado de una política desastrosa, de un modelo fracasado, de una camarilla que utilizó el poder para capturar el Estado, saquearlo, despilfarrar la riqueza nacional y enriquecerse junto a su entorno. Por ello, el problema del salario, aunque en apariencia económico, es en esencia político. Su destrucción responde a decisiones políticas y, en consecuencia, su solución pasa por la política: por la construcción de un Estado moderno, democrático, ético y eficiente.
Mientras persista el actual modelo de Estado socialista, ineficiente y depredador, no habrá posibilidad alguna de recuperar el salario. Con motivo del primero de mayo, los representantes de ese mismo Estado han anunciado ajustes en los ingresos de los trabajadores, presentándolos como incrementos responsables. Solo han producido una nueva frustración en nuestra ciudadanía. Pero la devastación causada por quienes han desgobernado durante más de dos décadas impide generar, hoy o mañana, los recursos necesarios para una verdadera recuperación salarial.
El hecho de que Nicolás Maduro no esté físicamente en Miraflores no implica un cambio de rumbo. Las modificaciones impulsadas bajo presión internacional resultan meramente cosméticas si no se transforma el modelo de Estado socialista consagrado en leyes y prácticas que asfixian la economía de mercado: y si continúan en funciones los mismos actores formados en la lógica del poder instaurado por Chávez y Maduro, no hay forma de lograr crecimiento económico.
Designaciones como la de Vladimir Padrino López para dirigir áreas como la agricultura, la pesca y la ganadería evidencian la continuidad del mismo esquema. Es la reiteración de políticas intervencionistas, ineficientes y profundamente corruptas. Pretender que quienes han contribuido al colapso de la economía sean ahora sus salvadores resulta, cuando menos, absurdo.
No hay recursos suficientes para salarios dignos, en parte por la falta de financiamiento, pero también por la persistencia de la corrupción en todos los niveles de la administración pública. Un ejemplo emblemático es el sistema Patria, convertido en un mecanismo opaco que facilita el desvío de recursos mediante nóminas infladas, pagos indebidos y programas que no se ejecutan. La recuperación pasa, necesariamente, por imponer orden, eliminar estructuras ineficientes y liquidar empresas públicas inviables.
Por supuesto, no habrá salarios dignos sin crecimiento económico. Y este solo será posible mediante una amplia y sostenida inversión privada en todos los sectores de la economía. Esa inversión no llegará mientras subsistan las actuales condiciones políticas e institucionales.
La reconstrucción del país requerirá, además, del concurso de millones de venezolanos dentro y fuera del territorio nacional. Como lo ha señalado la propia industria petrolera, será indispensable el retorno de miles de técnicos y profesionales hoy dispersos por el mundo. Para lograrlo, será necesario ofrecer condiciones laborales y salariales competitivas a nivel internacional. Nadie abandonará empleos estables en el exterior para regresar a esquemas como los de la “PDVSA roja rojita”.
En definitiva, no cabe duda de que la causa principal de la pulverización del salario y las pensiones es la mala política. Solo una nueva y buena política permitirá generar riqueza y, con ella, recuperar ingresos dignos. Allí radica el verdadero desafío.
El problema del salario es, en lo esencial, un problema político. Por ello, trabajadores, dirigentes sindicales y ciudadanos debemos abordarlo desde esa perspectiva. No se trata únicamente de una reivindicación laboral: es la lucha por transformar el sistema político, redefinir el modelo de Estado y abrir paso a una democracia moderna, eficiente y generadora de bienestar.
Lunes 4 de mayo del 2026






