IN MEMORIAM
ROBERTO FACCIN CELADON
1935 – 2026
Por: Paolo Longo (hijo)
Hoy despedimos a un hombre cuya vida no se mide en años, sino en huellas. Noventa y un años bien vividos, fecundos, coherentes. Una existencia que comenzó en la noble tierra del Veneto, situada en el Noreste italiano, y que, desde muy joven, encontró en Venezuela el espacio fértil donde sembrar trabajo, familia y futuro.
Aristóteles enseñaba que la virtud no es un acto aislado, sino un hábito, una forma constante de vivir conforme al bien. Decía que somos aquello que hacemos repetidamente y que la excelencia no es un instante, sino una práctica perseverante. De acuerdo con esta sabia medida, la vida de “Don Roberto” representa una obra maestra acerca de la virtud.
Quienes tuvimos el privilegio de disfrutar de su cercanía, pudimos admirar como hizo del trabajo honrado no sólo un medio de progreso, sino una declaración de principios. Con disciplina, visión y rectitud, levantó un grupo empresarial que trascendió lo económico para convertirse en referencia moral y ejemplo ciudadano. Su liderazgo no se sostuvo únicamente en la capacidad de generar resultados, sino en la dignidad con la que los produjo.
Junto a Gabriella, su esposa, formó una familia unida, amorosa, dedicada a propósitos comunes, con sensibilidad social y totalmente comprometida con el desarrollo de la ciudad y de la región.
“Don Roberto” no sólo fundó los cimientos de una importante historia familiar y de una sólida organización empresarial, sino, muy especialmente, fomentó un entero y precioso legado de valores superiores, entre tantos otros: la familia como prioridad, la empresa como ente al servicio de la comunidad, el éxito como consecuencia del recto proceder. Sus descendientes y colaboradores, todos formados bajo su relevante dimensión humana, han seguido esas mismas enseñanzas, que se seguirán promoviendo de generación en generación.
Entre las grandes virtudes aristotélicas la justicia es entendida como la práctica constante de dar a cada quien lo que corresponde y de contribuir incansablemente al bien común. “Don Roberto” asumió un claro compromiso gremial y se prodigó en aportes considerables al desarrollo regional. No vivió encerrado en su logro personal; comprendió que el verdadero crecimiento es el que eleva a todos, por eso su vida fue prolija, impactando positivamente en su entorno y en los demás. Se hizo un hombre de cultura, fiel creyente del poder transformador de las ideas y generoso benefactor. Extendió su mano hacia los sectores más vulnerables, practicando esa forma superior de grandeza que consiste en compartir y vivir la prosperidad siempre con un rostro auténticamente humano.
La ausencia física es un designio del peregrinaje terrenal. Mientras el Alma retorna al origen divino donde reside en la eternidad, la obra construida permanece, se convierte en referencia, en memoria activa y en inspiración silenciosa para quienes continúan el camino. Gracias “Don Roberto”.
Con respeto, admiración y gratitud, honramos su memoria.
Paolo Longo (hijo)
Febrero 24, 2026
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