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Cartas | La universidad incondicional | Por: Juancho Barreto González

por Juan Barreto
10/04/2026
Reading Time: 3 mins read
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Juancho José Barreto González

proyectoclaselibre@gmail.com

En este trazo amoroso quiero decir en voz alta, “nosotros significamos”. Singularmente plurales y pluralmente singulares, desde nuestro espíritu y nuestra virtud, servimos al sentido y al espíritu universal, universitario, humanitario.

Somos inagotables y continuaremos siempre, siendo y revelando lo que somos, a pesar de las contaminaciones y las brumas políticas de los pequeños poderes. Con Derrida planteamos la Universidad sin condición, incondicional. Ya es hora de cancelar, políticamente hablando (y académicamente) la universidad como “último reducto” de intereses congelados o regresivos, en cuanto a derecho se refiere. Se trata de “hallar -cito a Derrida- su lugar de discusión incondicional y sin presupuesto alguno, su espacio legítimo de trabajo y de reelaboración, en la universidad y dentro de ella, con especial relevancia en las Humanidades.

No para encerrase dentro de ellas sino, por el contrario, para encontrar el mejor acceso a un espacio público transformado por unas nuevas técnicas de comunicación, de información, de archivación y de producción del saber (…) (La universidad sin condición, p.p. 11-12).

Nuestra conducta, entonces, es comunicante, no impositiva, incondicionalmente comunicante, con profundos intereses de humanidad, de universidad y de pueblo. La celebración, la reflexión y la elección de una nueva conciencia universitaria tendrá y tiene que ver con estos principios e intereses que, para nuestra desgracia y dolor, han sido arrinconados e hipnotizados por pírricos poderes que pretenden seguir en la falsa fiesta de disfraces y de autonomía y popularidad.

Hoy hay que ser precisos: Necesitamos colocarnos, en plural, en una instancia primordial para comunicarnos: la instancia de un nosotros, NOSOTROS.

Debemos configurar un nivel de reflexión, respeto y participación que nos permita volvernos conscientes de nuestro destino como ejercicio de nuestra libertad con creatividad, germinal desde esta instancia revivida, amenazada constantemente por los administradores y generadores del “Colapso Universitario”, del colapso social.

Debemos ser capaces de elevarnos a esta instancia superior, la de un nosotros revivido y puesto en el horizonte. La casa universitaria la reconstruiremos entre los que queramos hacerlo. Tenemos buenos obreros de albañilería, magníficos estudiantes creativos, bastantes egresados y jubilados con intensión sana de recuperar vínculos para despejar malezas, mujeres y hombres empleados dispuestos a revalorizar actitudes, profesoras y profesores dispuestos a mantener la mirada crítica. La universidad no es una empresa, tampoco una finca.

Para esta certeza debe prevalecer la reunión, no la división. El nosotros es una operación doble, del afecto y del intelecto. Recordar y respetar como lo hace Briceño Guerrero con el héroe de nuestra libertad vapuleada. Cordis, corazón. Respicio, respixi, respectus. Volver a traer algo al corazón con respeto.

Está pendiente, nuevamente, la tarea de la colmena, como siempre nos lo recordara nuestro estimado Isidoro Requena.

Rescatar el oficio de la universidad, formar buenas personas y buenos profesionales, como insiste Mario Briceño Iragorry en La hora undécima.

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Adueñarnos de nuestra existencia. Ejercer a plenitud “la propioceptiva” desde la óptica de Alberto Merani.

La casa universitaria donde uno vive debe ser reconstruida por nuestras propias manos. Feliz aniversario amada Universidad de Los Andes.

 

 

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