Para Enrique Márquez
Una comparecencia que oscurece
La reciente interpelación de José Luis Rodríguez Zapatero en el Senado español dejó más sombras que certezas. El expresidente, con gesto solemne, negó cualquier irregularidad en torno al caso Plus Ultra y las empresas fantasma vinculadas a su entorno familiar. Sin embargo, cuando se le preguntó por los pagos de “asesoría” relacionados con la sociedad de su hija, se enredó en explicaciones poco convincentes. Allí se le vieron las costuras: las cifras no cuadraban, las estructuras societarias resultaban opacas y cada intento de aclaración terminaba generando más dudas que respuestas.
El refrán popular lo resume con precisión: Zapatero, no aclares que oscureces. En política, los tropiezos en la rendición de cuentas suelen ser más dañinos que las acusaciones iniciales, porque refuerzan la percepción de opacidad y erosionan la credibilidad de quien pretende mostrarse transparente.
Pero la polémica no se limita a España. Zapatero ha desempeñado un rol activo como mediador en la crisis venezolana, un papel que lo ha colocado en el centro de la controversia. Su cercanía con Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez es pública y reconocida. Su misión declarada ha sido ayudar y defender a sus amigos, lo cual no es criticable en sí mismo. El problema surge en el mecanismo elegido: la liberación selectiva de presos políticos.
Para quienes recuperan la libertad, esa acción es invaluable. Un preso siempre agradecerá que lo liberen. Sin embargo, lo detestable es que esa mediación se convierta en un instrumento para reforzar a los mismos verdugos que encarcelan a los venezolanos. Así, la ayuda puntual se transforma en legitimación política, y el gesto humanitario termina siendo funcional al régimen.
En ambos escenarios, España y Venezuela, se repite la misma dinámica: Zapatero se presenta como mediador, consultor o facilitador, pero sus acciones terminan generando más dudas que certezas. En España, atrapado entre facturas de asesoría y empresas fantasma; en Venezuela, atrapado entre la ayuda humanitaria y la complicidad política.
La ambigüedad se convierte en su sello: un político que se define como altruista, pero cuya práctica oscurece más de lo que ilumina. La transparencia que proclama se desmorona frente a la evidencia de contradicciones, y la mediación que presume se convierte en un recurso útil para quienes sostienen el poder.
La interpelación en el Senado y su papel en Venezuela muestran a un Zapatero que se mueve en un terreno resbaladizo. Su discurso pretende ser transparente y humanitario, pero sus acciones revelan opacidad y ambigüedad. Como bien dice el refrán: Zapatero, no aclares que oscurece
Adalberto Gabaldon
Marzo 2026




