Tópicos/ Ocaso de la educación

<Los residuos históricos e intelectuales suponen un problema mucho más serio que los desechos industriales. ¿Quién nos liberará de la sedimentación de siglos de estupidez? J. Baudrillard y el milenio, en C. Horrocks, Encuentros contemporáneos. 1999:36.

 

La visión de Estado actual impone las palabras educación y escuela en un mismo nivel, es decir que quien asiste a la escuela se educa. Puedo afirmar con cómoda tranquilidad que la educación y la escuela son a la hora actual una pérdida de dinero y tiempo cuando son evaluadas desde sus objetivos y fines. Dicho de forma brutal: ese binomio perdió su sentido con el cual la Modernidad pensó que sus productos tendrían valores altruistas. Escuela y educación son una pesada carga para el Estado y sus contribuyentes, para quienes aportan con su trabajo riqueza global, y también para la familia en sus variadas formas.

Esa ilusión de movilidad social para los más necesitados quedó averiada luego de la mundialización de la economía. Algunos lectores se enfadarán y otros verán exageración en esta idea, pero bastaría nombrar valores de tolerancia y libertad para pensar de otra manera. Desde la decadente filosofía de la educación, pasando por modelos pedagógicos y luego las sociologías urbanas, encontramos discursos agotados que solo provocan en el alumno largos bostezos. La seducción no la perciben ellos en esos espacios ni en sus ofertas de programas. Nunca como ahora la verdad de la razón devino opaca y vacía. Por todos lados emerge la copia, lo falso, lo híbrido, el pastiche teórico, la compra de títulos y cupos escolares. El mercado laboral va por otro lado y con otro sentido, pero el par educación-escuela aún no se ha enterado. Estudiar es un verbo sin conjugación real en los alumnos y profesores, y por supuesto que pensar tampoco los atrae.

Permitamos que la juventud opte entre quedarse viendo televisión o navegando en las redes y no ir a la escuela, luego midamos esa propuesta y las respuestas nos pondrían a tono con lo aquí dicho. Las imágenes de inmigrantes y desempleados le muestran a la juventud esta sospecha: por el lado de la educación y la escuela conocida no anda la seducción. Para ellos un rapero, un contrato millonario en deportes de alta competencia y de políticos corruptos son el lado deseado de la seducción. Agreguemos a esto la imagen del profesional de la educación empobrecido por los bajos salarios y el cuadro se hace más real. Poca importancia tiene para esta sociedad si un rapero desfigura el idioma, su dicción y fonética; o si un sujeto con contrato millonario en algún deporte no terminó la educación secundaria. Para eso están los comentaristas deportivos lavando esa anomalía. Que un deportista se drogue, estafe al fisco o viole a alguien es solo un momento de locura.

Una patada al balón, un batazo o un baile con la música de un rapero usando palabras negadoras de lo que se suponía era mala educación es poca cosa hoy. ¿Y de los políticos qué diría desde esa decadente educación? Allí el circo es agradable cuando asisten hienas, no poetas. “Ese es como nosotros” salivan con gusto las masas salidas de esa escuela y esa educación aquí cuestionada. En otra entrega daré otros datos del ocaso de la educación. Saque sus conclusiones.

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