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TOCOMA… CRÓNICA DE LA EXCELENCIA AL DESMADRE | Por: Adalberto Gabaldón

por Redacción Web
15/06/2026
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POR ADALBERTO GABALDON

 

El Caroní  es una de las maravillas de la naturaleza con que Dios nutrió a Venezuela. Es espectacular. Ustedes dirán: «Bueno, todos los ríos se parecen; son, a fin de cuentas, agua que va por unos cauces». Eso es verdad. Pero  el Caroní  es gigantesco, con el ruido de cien aviones de hélice, que combina dos cosas que no son usuales: una pendiente —el Caroní es un tobogán gigantesco— y una masa de agua monstruosamente monumental. El Orinoco es gigantesco, pero es, por decirlo de algún modo, como un elefante tranquilo; discurre e infunde temor, pero se mueve lentamente.  El Caroní es como una  manada de elefantes enloquecidos  y es, quizás en esas condiciones, el más impresionante que tenemos en Venezuela.

Los de los Andes son caudalosos y torrentosos, pero comparados con el Caroní, vamos a decir que son como hermanitos chiquitos, como  pequeños burritos parameros  al lado de la furia  que representa el guayanés .

Cuando en Venezuela surgió la inteligencia después de la larga noche que empezó con la guerra de independencia y terminó con la muerte de Juan Vicente Gómez —donde fueron 150 años de oscurantismo—, emergió la creatividad y el conocimiento en todos los órdenes. Rápidamente, los hombres que tuvieron la oportunidad de formarse en esos años  en grandes centros de estudio en el mundo —fueron al MIT, a Stanford, al Imperial College; a lo mejor de la enseñanza planetaria— , se dieron cuenta de que el Caroní, además de infundir respeto y temor, era una fuente de energía impresionante, como ninguna otra en el planeta, y empezaron a revisarlo y analizarlo durante años.Al regresar con esos conocimientos definieron cómo entrarle a ese monumental desafío. A ese torrente turbulento y estremecedor. No era tarea fácil. De nuevo, fue un proceso que demoró años porque, evidentemente, la fuente de energía más grande que Dios le dio al país —más que el petróleo y el gas— estaba metida en ese turbulento y descomunal  Caroní .

Ya Venezuela tenía experiencia en hacer obras hidráulicas: La Mariposa, Zuata y Calabozo. ¡Era pan comido! Aunque imponentes, eran exponentes de una ingeniería tranquila, sosegada, previsible. Algo manejable. Entrarle al  guayanés  era otra cosa y había que entrar con cuidado, con conocimiento, con recursos y paso a paso para ir aprendiendo.De modo que, en ese proceso de estudio y de ejecución, se decidió empezar por lo que estaba relativamente más a la vista: la inmediatez de la población de lo que hoy en día es Puerto Ordaz —aunque en ese momento ni siquiera existía como tal—. Se procedió y se logró construir un aprovechamiento, una obra de ingeniería llamada Macagua, que se puso en servicio hace casi  setenta  años.

Esa fue la escuela. Ahí aprendieron y se desarrollaron hombres curtidos. Aprendieron y seguramente se equivocaron, corrigieron y lograron  domesticar —esa es la palabra—. Lograron domar al  Caroní  con ciencia, tecnología, equipos de construcción apropiados y conocimiento detallado, porque allí un error es fatal. Con un  torrente  de esas características, el que se le mete no puede equivocarse, no tiene tiempo; tiene que hacerlo bien. Y para hacerlo bien tiene que estar altamente preparado.

Así fue y Macagua se hizo realidad. El país empezó a recibir los beneficios que la naturaleza había escondido en aquel torrente indomable. Los años de estudio se materializaron y fue así como el presidente Betancour visitó el cañón de Necuima, como se llamaba, donde había una garganta y un  sitio de libro para hacer una obra de ingeniería de la cual la historia de Venezuela no conocía ni tenía remotamente experiencia.

Ese sitio se llamaba Guri. De manera que el gobierno de Venezuela, que ya tenía gente aprendida en estos menesteres, decidió crear una unidad de gestión especial para manejar aquello. Y así se creó Electricidad del Caroní, Edelca, que por cuarenta años iba a demostrar lo mejor de lo mejor y a justificar por qué había sido creada. De manera que Edelca, con el conocimiento que traía del aprovechamiento de Macagua, le entró al Guri y a los pocos años el presidente Raúl Leoni puso en servicio la primera etapa. Empezaron los venezolanos a recibir energía de Guri y de Macagua, y empezó el gran desarrollo que se llamó Ciudad Guayana.

Pero eso no se iba a quedar ahí; el Estado venezolano entendió y decidió que el aprovechamiento del Caroní era una tarea que iba a tomar cincuenta o sesenta años. De modo que el Caroní se convirtió en política de Estado para garantizar al país, a perpetuidad, el beneficio de aquel recurso maravilloso. Durante 23 años, el Caroní fue testigo de la construcción de Guri: un desafío monumental sin parangón en la historia que demostró lo que los venezolanos podían, y pueden, realizar.

Estas obras demoran mucho tiempo y hay que saber lo que se tiene entre manos. Edelca supo y demostró, como institución con gente brillante y competente al frente, trabajando con las mejores empresas que el país tenía y los mejores consultores del planeta, que se podía construir y terminar esa gigantesca obra que llevaba el nombre del presidente Raúl Leoni —un proyecto que tomó  años realizar—. Por supuesto, la cosa no terminaba ahí. Ya en ese momento, cuando se culminó aquel desarrollo gigantesco, la madurez había llegado a su tope: el conocimiento, la ciencia y la ingeniería habían logrado domar al imponente río, símbolo de gentilicio guayanés. Venezuela convirtió al  Caroní  en la gran fuente que ofrecía energía, entendiendo con respeto y determinación cómo permitía que se hicieran esas obras que, sin ese conocimiento acumulado por veinte años, hubieran sido un desastre.

Entonces se continuó el programa y vino enseguida otro escalón; ya esto  fue pan comido. ¡El monte es orégano! Ni se enteró el país del desarrollo de Caruachi, que entró en funcionamiento a mediados de los años noventa.

Ya se sabía el camino.  Repetir Caruachi en Tocoma no requería inventar nada; era simplemente, repetir porque los sitios son literalmente igualitos. No había que estudiar nada salvo las pequeñas diferencias; lo que en Caruachi tomó cinco o seis años, en Tocoma podía hacerse en la mitad del tiempo porque ya se conocía el proceso.

En el año 1998 empezó a desarrollarse el proyecto; han pasado veintiocho años y la obra quedó a metros de la culminación.

A partir de 1999, Venezuela empezó a disolverse; las instituciones empezaron a ser demolidas para ser sustituidas por nada, y Tocoma es el ejemplo de ese desastre. Se le otorgó el desarrollo a la maléfica organización brasileña, quienes se unieron con una inédita empresita metalmecánica argentina cuya experiencia en fabricar turbinas era sencillamente nula, No tenían que inventar nada, solo repetir lo que ya estaba en planos. Se dieron modificaciones presupuestarias monstruosas: de 1.700 millones pasamos a 9.000 millones de dólares, y nadie sabe dónde está ese dinero. El “gigante brasilero y los argentinos” largaron  el pelero en 2016. Dejando tras de sí delicadas fallas que afectan la operación de lo construido.

Hoy nos enteramos con estupor que después de 10 años a los sureños  que acompañaron la samba se  les convoca y se les otorga un ”acuerdo histórico” para que  terminen lo que no hicieron en su oportunidad. Sin licitación y sin transparencia,  Sus razones tendrán los nuevos administradores. El país entero debería conocer todas las circunstancias que rodean esta decisión.

Recompensar a quienes  motivaron la lamentable situación actual.

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No terminar la obra tiene una consecuencia terrible: hoy Tocoma limita el aprovechamiento total del Caroní. ¿Qué es lo que significa esto? Mientras Tocoma se mantenga en las actuales condiciones, Guri tiene que regular las descargas del río en magnitudes que no amenacen lo que alli existe. Dicho en criollo Guri está “frenao”

Ese retroceso conceptual que fue Corpoelec ha sido incapaz de dar una solución en 14 años; Si algo ilustra el desmadre de todas las instituciones —la salud, el agua, la destrucción de la Universidad de Oriente— es Tocoma. Es la  joya de la corona  de la incapacidad manifiesta con que este país ha sido manejado. Ni siquiera el desmadre de los ferrocarriles, con esas montañas de concreto en la autopista frente a Maracay o las torres de Guarenas que parecen restos arqueológicos para el futuro, se le compara.

Aquello fue solo plata perdida, pero lo de Tocoma es el estrangulamiento del suministro eléctrico del país. Sometieron a una nación a la tragedia de no tener electricidad porque no fueron capaces de repetir lo que ya se sabía hacer. Esta es la herencia fatídica que en materia eléctrica tiene el país ahora.

 

Adalberto Gabaldon

Junio 2026

 


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