Impulsada por la iniciativa de Susana Puerta desde Valera, una red de voluntarios elabora mantas adaptables, muñecos de apego y kits escolares para los pequeños afectados por los recientes terremotos en Venezuela.
Layisse Cuenca / layisse@gmail.com
DLA.-Ante la parálisis que suele provocar la tragedia, el impulso de una sola persona puede activar una marea indetenible de solidaridad. Tras los recientes movimientos telúricos que sacudieron diversas regiones de Venezuela, dejando una estela de incertidumbre y dolor, Susana Puerta sintió la profunda necesidad de canalizar la impotencia en acción constructiva.
Desde su boutique de moda femenina en Valera, y utilizando el altavoz digital de su cuenta de Instagram @susanapuertadw_, decidió cambiar temporalmente las tendencias comerciales por agujas e hilos para abrigar a los niños afectados.

La propuesta inicial fue tan simple como conmovedora: tejer pequeños cuadrados de hilo, conocidos como Grannys, para ensamblar mantas funcionales. La confección no es aleatoria; se realiza estrictamente con lanas hipoalergénicas y de puro algodón para garantizar la protección de la delicada piel de bebés de entre 0 y 10 meses. El diseño posee una versatilidad ingeniosa: mediante un sistema de cintas removibles, la pieza puede transformarse de un bolso a una cobija extendida, adaptándose a las necesidades del entorno y crecimiento del infante.
Respuesta sin fronteras
El llamado digital no tardó en expandirse por la geografía trujillana y trascender las fronteras venezolanas. La sociedad civil de Valera, sumada al respaldo de ciudadanos en el exterior, reaccionó de forma unánime.
De la noche a la mañana, el CC. Montecasino – donde se ubica Susana- se transformó en un núcleo de convergencia comunitaria donde las responsabilidades se distribuyen de manera orgánica: un grupo asume el tejido formal, expertas artesanas lideran el bordado y enseñan a otras, mientras que algunos brindaron la logística y los refrigerios diarios para mantener el ánimo del equipo, y una red de donantes financia la adquisición de insumos específicos para armar kits terapéuticos.

La movilización ha sumado voluntades. Tejedoras de Isnotú y Betijoque, como Lorena Viloria -a quien Susana llama cariñosamente «Lore» y a quien se le ocurrió denominar la iniciativa como «Tejiendo Sonrisas»-, Sofía, Adriana, Rebeca, o de la ciudad de Valera como Raixi Díaz; así como el grupo de artesanas locales como Ana (del CC Edivica), que se encuentran haciendo los gorros y manoplas, se reúnen con regularidad con Susana para unificar la producción.
La respuesta incluye historias de enorme peso simbólico, como la de una niña que, al no poder asistir a los talleres presenciales por compromisos eclesiásticos, aprendió de forma autónoma los patrones a través de tutoriales de YouTube para confeccionar y entregar un pulpo de apego gigante, personificando el espíritu del proyecto: un regalo genuino de una niña hacia otra niña.
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Balance de la solidaridad
Gracias a las donaciones y al esfuerzo colectivo de la comunidad, la iniciativa ya ha concretado importantes despachos logísticos destinados a las zonas afectadas. Entre los primeros aportes destacan 100 Kits de Apoyo Emocional, consistentes en bolsos equipados con útiles escolares esenciales como cuadernos, lápices, creyones, plastilina y témperas, además de golosinas. Estos kits fueron diseñados con un enfoque pedagógico y afectivo, buscando ofrecer un espacio necesario de juego, color y normalidad psicológica para los niños más grandes en medio de las difíciles circunstancias actuales.
Asimismo, el despliegue humanitario incluyó el envío de 20 Sobres de Recién Nacido, los cuales son unidades transformables con cintas ajustables confeccionadas especialmente para la atención de la primera infancia y despachadas junto con sus respectivos teteros. La labor del equipo no se detiene y actualmente se mantiene un lote en preparación activa. Este nuevo cargamento, listo para salir, está compuesto por 40 muñecos de apego tejidos con formas de pulpos, gatos y conejos, acompañados por 25 mantas adicionales, almohadas de confort y 85 lazos infantiles con sus ganchos debidamente terminados.


El valor del «apego» en tiempos de crisis
Más allá del abrigo físico, la campaña pone un foco prioritario en la salud mental infantil a través de los «muñecos de apego» —pulpos, gatos, ositos y conejos tejidos a crochet—. En contextos de desastre y pérdida de la cotidianidad, estos objetos transicionales cumplen un rol terapéutico crucial, proveyendo seguridad emocional, disminuyendo los niveles de ansiedad y ofreciendo un punto de anclaje afectivo para los niños víctimas del doble terremoto.
Al preguntarle a Susana Puerta sobre ¿cómo califica la respuesta de la gente a querer ayudar? visiblemente emocionada con ojos cargados de lágrimas dijo:
“Mira, 100 de 100. No me toques esos temas, porque empiezo de una vez a llorar, porque ha sido una colaboración desde el que pueda colaborar con dinero, el que puede colaborar con sus manos, el que puede colaborar solamente con una palabra. Ha sido una unión tan, pero tan bella, que eso es lo divino de Venezuela: la capacidad de unirnos para vivir y ayudar»
Bajo la consigna compartida de «tejiendo sonrisas», este movimiento ciudadano demuestra que las plataformas digitales, tienen el poder de estructurar redes de asistencia humanitaria efectivas, autogestionadas y con un profundo sentido de dignidad humana. La producción en Valera no se detiene, consolidando un tejido social que es, en sí mismo, tan resistente y cálido como las mantas que envían a las zonas afectadas.
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