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Rómulo Aranguibel Egui, el poeta de un solo libro | Por: Ramón Rivas Sáez

Valera, bicentenaria protagonistas-16-

por Ramón Rivas Sáez
08/11/2020
Reading Time: 2 mins read
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La distante comarca (1979), fue el único libro que publicó en vida el poeta Rómulo Aranguibel Egui,  un valerano proveniente de una familia de prestigiosos médicos. El poeta, nacido en la década de los 30 y fallecido en la década de los ochenta, era médico psiquiatra, cuya residencia fijó en Valencia una vez egresado dela UCV.

En 1958, Aranguibel ya militaba en el grupo literario Sardio, al lado de sus fundadores Adriano González León, Ramón Palomares, Francisco Pérez Perdomo, Efraín Hurtado, Luis García Morales, Rodolfo Izaguirre, Guillermo Sucre,   entre otros escritores; fue el que se condenó al ostracismo, al silencio más absoluto, apenas si daba poemas sueltos a las publicaciones del grupo, a la Revista Nacional de Cultura. Siempre se mantuvo a la sombra de la fama editorial, discreto; se excusaba en su profesión para no ceder  un solo libro al mundo editorial, ni a Sardio.

Rómulo escribía y guardaba, pese a la insistencia de sus amigos poetas, en especial de Ramón Palomares, quien cada vez le recordaba la relevancia de dejar escrita la obra así fuese breve. Fue en 1979 que, gracias al ruego de su hermano Alvaro Aranguibel, en ese entonces presidente del INCE, le conminó a la publicación de sus textos que ocultaba celosamente.

Fue cómo el país literario conoció los poemas que se resistía dar a publicar el poeta psiquiatra que había partido de Valera muy joven a estudiar en la UCV, y luego hiciera postgrado en Francia. La distante comarca, prologado por Ramón Palomares, revela a un poeta atormentado por el desarraigo, pero también por la destrucción, del holocausto  vegetal que opaca los territorios que hollaba en cualquier lugar del mundo.

La nostalgia y la melancolía cabalgan en sus poemas; entonces el poeta se sumerge, hurga, navega prodigiosamente; reconstruye  en la memoria,  en los días lejanos, los sueños, la fantasía; evocan la infancia, los mejores años de todo ser humano, para hilvanar “una poesía de magnificencia y vigor”, al decir de Ramón Palomares.

Rómulo, en La distante comarca, se interroga al inicio: “¿Hacia qué sitio/ con una luz roja en la frente/ avanzabas en medio de la tempestad?/  El viento en todo el país de fábula/ traía un otoño desconocido. Tú oías la canción del océano/en la oquedad de la montaña/  ¿Quién podía detener sus pasos/ acometer contra los árboles crecer como un dios inusitado en la distante comarca? Estabas solo con las sombras rodeado/ asediado por las panteras del invierno/ en el centro de un círculo de horas irremediables”.

Es el poeta que transita por visiones, de siluetas borrosas, de casas desdibujadas, de colores y sombras intermitentes; los aletazos de la memoria, del vuelo de las palabras; de una claridad acuchillada que le deja vislumbrar un mundo desvanecido, que se topa con aromas castigados.

Pero también el que se deslumbra por la porfía de la  vegetación umbrosa, la labranza y afán campesino, por la albahaca lejana, el sauco que despierta en sus confines, entonces celebra la vida hogareña con sus helechos y los materos colgantes de su domicilio en el tiempo, de su jardín de paredes blancas. Un poeta que celebró su comarca desde la lejanía amorosa.

 

 

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Tags: OpiniónRamón Rivas SáezRómulo Aranguibel EguiTrujilloValera
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