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Releer a Viktor Frankl en  tiempos de sufrimiento  |  Por: Antonio Pérez Esclarín

por Antonio Pérez Esclarín
12/07/2026
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Por: Antonio Pérez Esclarín (pesclarin@gmail.com)

 

Víktor Frankl fue un eminente psiquiatra judío, fundador de la logoterapia, para ayudar a las personas a encontrar el sentido de sus vidas. Estuvo prisionero durante tres años en Auschwitz, posiblemente el más terrible de los campos de exterminio nazi. Su mensaje a favor de la dignidad y la libertad del hombre, de los valores humanos y la esperanza, resultan muy pertinentes para cultivar una actitud positiva y militante en esta atormentada Venezuela de hoy, en la que se va generalizando la depresión, el pesimismo y la angustia.

En Auschwitz, despojado de todo, con “la existencia desnuda” como su única posesión, Frankl no duda en   afirmar que la vida es digna de ser vivida, y siempre, incluso en las situaciones más adversas e inhumanas, se puede encontrar una razón para vivir, pues la persona puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad; o bien, en la dura lucha por la sobrevivencia, puede olvidar su dignidad humana y convertirse en un ser peor que el más cruel de los animales. Frankl recuerda, por ejemplo, cómo había compañeros prisioneros, los “capos” que mostraban una crueldad incluso superior a la de los guardias nazis; pero había otros “que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas –la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias- para decidir su propio camino. A lo largo de toda su aventura humana, Frankl siempre recordó una frase de Nietzsche, que cita varias veces en su libro El hombre en búsqueda de sentido: “Quien tiene un porqué para vivir, encuentra el cómo”

Los prisioneros no eran más que hombres normales y corrientes, pero algunos de ellos, al elegir ser “dignos de su sufrimiento” atestiguaban la capacidad humana para elevarse por encima de su aparente destino.  “Después de todo, -como repite Frankl en la conclusión de su obra-, “el hombre es el ser que ha inventado las cámaras de gas de Auschwitz, pero asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme musitando una oración, con la cabeza erguida y el Padre Nuestro o el Shemá Israel en los labios”.

Ser hombre es ir más allá de uno mismo. Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar respuesta a los problemas que se nos plantea y cumplir las tareas que la vida nos asigna. Incluso en las más penosas de las circunstancias, debemos convertirnos en creadores de nuestra propia vida y no en meros observadores pasivos, y convencernos de que tenemos un propósito que sólo nosotros podemos alcanzar. Además, hay que convencerse de que la felicidad no hay que buscarla por sí misma; es una consecuencia, es el fruto maduro de una vida de entrega a los demás, de una misión cumplida.

El mensaje de Frankl es claro y muy esperanzador: por muchas que sean las desgracias que se abatan sobre una persona, por muy cerrado que se presente el horizonte en un momento dado, siempre le queda al hombre la libertad inviolable de actuar conforme a sus principios. Podrán arrebatarle todo, menos su dignidad y su libertad, la capacidad de elegir la actitud personal ante las circunstancias. El valor no reside en el sufrimiento en sí, sino en la actitud frente al sufrimiento, en nuestra actitud para soportar ese sufrimiento: “El modo en que un hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que este conlleva, la forma en que carga con su cruz, le da muchas oportunidades –incluso en las circunstancias más difíciles- para añadir a su vida un sentido más profundo. Puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad”.

Si el hombre es siempre libre para elegir su propio destino, es también capaz de cambiar y de levantarse de las más terribles miserias y aberraciones. A lo largo de su obra, Frankl insiste en que incluso entre los guardias nazis había hombres buenos, que se compadecían de su situación, y entre los prisioneros había gente que había descendido a la más brutal degradación. Ello le llevará a afirmar que en todos los grupos humanos hay personas buenas y personas malas, y a insistir en que cada uno tiene la libertad de decidir cómo comportarse:

En cuanto a la capacidad que tenemos todos de cambiar nuestra conducta y sustituir el desprecio y la crueldad por el servicio y el amor, Frankl cita el caso del Dr. J: “Es el único hombre que he encontrado en toda mi vida a quien me atrevería a calificar de mefistofélico, un ser diabólico. En aquel tiempo solía denominársele ‘el asesino de masas de Steinhof’, nombre del gran manicomio de Viena. Cuando los nazis iniciaron su programa de eutanasia, tuvo en su mano todos los resortes y fue tan fanático en la tarea que se le asignó, que hizo todo lo posible para que no se escapara ningún psicótico de ir a la cámara de gas. Acabada la guerra, cuando regresé a Viena, pregunté lo que había sido del Dr. J. ‘Los rusos lo mantenían preso en una de las celdas de reclusión de Steinhof, -me dijeron-, al día siguiente, sin embargo, la puerta de su celda apareció abierta y no se volvió a ver más al Dr. J’. Posteriormente, me convencí de que, como a muchos otros, sus camaradas le habían ayudado a escapar y estaría camino de Sudamérica. Más recientemente, sin embargo, vino a mi consulta un austríaco que anteriormente fuera diplomático y que había estado preso tras el telón de acero muchos años, primero en Siberia y después en la famosa prisión Lubianka en Moscú. Mientras yo hacía su examen neurológico, me preguntó, de pronto, si yo conocía al Dr. J. Al contestarle que sí, me replicó: ‘Yo le conocí en Lubianka. Allí murió, cuando tenía alrededor de los 40, de cáncer de vejiga, Pero antes de morir, sin embargo, era el mejor compañero que imaginarse pueda. A todos consolaba. Mantenía la más alta moral concebible. Era el mejor amigo que yo encontré en mis largos años de prisión”.

 

@antonioperezesclarin  /  www.antoniopearezesclarin.com

 


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