
Por: Alfredo Matheus
Fue el General Albano Mibelli, sobresalió por su valentía en la lucha contra la dictadura de Juan Vicente Gómez. Fue a parar a los calabozos del Castillo de Puerto Cabello… En 1936, al salir en libertad, se convirtió en un héroe popular, de dormir en mugrientos centros de tortura, pasa a dirigir la gobernación de Caracas…
Albano Mibelli, el escuqueño de gran generosidad, comienza a enviar a la “Tierra de nubes” miles sacos de cemento para que se construyeran calles, aceras, centros de salud, y la plaza Bolívar…Era tan buena gente, que al único barbero del pueblo y destacado poeta; don Marcial Maldonado, le regaló una moderna silla de barbería que hizo estallar de alegría al famoso peluquero, ese día la barbería estaba full, los caballeros entraban y salían; el corte de pelo era “gratiñan” en agradecimiento a Dios y al general Albano por tremendo regalo…
El Reloj de don Guillermo
Huyendo de la II guerra mundial y buscando un lugar de santa paz, llega a Escuque en 1941, el relojero alemán “Guillermo el musiú”, experto en arreglar todo tipo de reloj, a distintos pueblos se extendió la fama del excelente relojero. A los “mala paga” le puso el famoso letrero; “Hoy no fio, mañana si” …
Qué hermoso templo…
A punta de andamios, con picos y palas, sin la tecnología que hoy conocemos, en 1910, se inicia la construcción del templo “Niño Jesús de Escuque”. La obra la dirigió el maestro de albañilería; Limaco Puente, sin ser arquitecto, ni ingeniero, se los llevaba “por los cachos” a todos …El pueblo se entusiasmó tanto que trabaja día y noche en la edificación de la santa iglesia. Allí se escenificó una de las más hermosas cayapas trujillanas que se simplifica en; “todos para uno, y uno para todos”. En la actualidad esta obra de ingeniería es disfrutada por propios y extraños.
“Maracucho bueno, muere chiquito”
Es una gran mentira…En una visita a la tierra de nubes, el comerciante maracucho, German Gallego, asombrado por la belleza de la iglesia de Escuque, obsequió un maravilloso reloj que adquirió en Alemania. Los escuqueños de la época “sacaban pecho” en señal de regocijo; el reloj despertaba a los parroquianos con la música del Ave María, nadie quería levantare de la cama hasta que el aparato no terminaba de compartir aquellas inolvidables notas musicales.
El reloj de don German se metió en el corazón de los escuqueños, los enamorados se guiaban mirando la hora para ir al encuentro de la mujer amada, los que iban a trabajar aligeraban el paso, a las 12 del mediodía, el Ave María del reloj, anunciaba que era hora de “meter los pies bajo la mesa”.
Murió el pintor…
Parisi, como artista del pincel era lo máximo. Su creatividad pictórica fue única. Se dedicó con la mayor pasión a pintar el interior del templo escuqueño con hermosos paisajes del cristianismo…Era tanto el amor del artista por la obra que estaba realizando que, en una fría mañana, cuando comenzaba su faena creadora, su cuerpo, desde una gran altura cayó al suelo. Su sangre quedó como huella del pintor que amó hasta la muerte a su amada “tierra de nubes”. Ese día, Escuque lloró como quizás nunca había llorado, mientras los ancianos del pueblo exclamaban: Qué Dios lo tenga en su santa gloria…
Las Corridas de Toros…
Hicieron historia en aquel Escuque de calles de piedra. Al aire libre se montaban las grandes corridas, los techos de las casas servían de mejor vista panorámica para observar quien sería el primer corneado de la tarde…Cuando el torero “Chuy Manzanilla” salía al ruedo, los presentes le daban vivas con ensordecedores gritos olorosos a miche sanjonero, mientras la banda municipal entonaba bellos pasodobles de la vieja España…
Al momento que “Chuito” salía al ruedo, la emoción era general, su estilo de gran varón de la tauromaquia no tenía nada que envidiarle a cualquier encopetado novillero. Tenía el récord mundial de jamás haber sido corneado por un bravo toro. Un día se corrió la bola que se untaba en su cuerpo, “manteca de tigre”, lo que causaba en el animal un estado de mucho miedo…
Así era, el Escuque que se fue, como diría el laureado pintor; Salvador Valero.
Fuente. El Escuque de siempre. Antonio Pérez Carmona.
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