Francisco González Cruz
Son los hogares, los vecindarios y los lugares de trabajo los entornos reales que configuran el capital humano. Este, el capital humano, está fundamentalmente relacionado con la nutrición, el aprendizaje y las habilidades laborales. Y el desarrollo humano integral es función directa de la calidad del capital humano.
Son deducciones que se obtienen de la lectura del Informe del Grupo Banco Mundial titulado “Desarrollar el capital humano y medir el progreso” publicado en febrero de este año, a partir de la lectura del Índice de Capital Humano ampliado (HCI+) 2025 -2026 de la misma organización.
Se entiende por capital humano el nivel intelectual de una persona, sus conocimientos y habilidades, sus relaciones, reputación, su salud emocional, empatía, creatividad y capacidad de análisis crítico. Se considera el activo intangible más importante de una familia, una sociedad, una organización o un país.
La calidad del hogar y del lugar donde se nace y crece por lo menos hasta los 5 años son los responsables de la mayor parte de las cualidades de una persona humana. No se trata de la riqueza material de esos espacios, es la calidad espiritual que allí se vive en la cotidianidad, entendida como los valores y virtudes, los propósitos que se plantean, la forma en que se tratan las personas, las conversaciones, la limpieza y el orden.
El desarrollo humano integral no es un proceso que tenga que ver con el tamaño de un país, con la dotación de recursos naturales, con sus riquezas materiales, con su clima, el color predominante de la piel de sus habitantes. Es la calidad de su gente y de sus relaciones entre sí y con la naturaleza lo que hace que un país prospere y goce de bienestar. Esa calidad hace que tenga buenos hogares, vecindarios dignos, empresas prósperas donde los trabajadores son bien tratados y producen bienes y servicios para satisfacer necesidades y no para la mera codicia. Son la buenas personas las que hacer buenas empresas y buenos vecindarios.
La calidad de la gente se inicia con la calidad de las madre, que tienen que estar bien nutridas, educadas y dedicadas con amor a la crianza de sus hijos y a la armonía del hogar. Con niños bien alimentados y tratados con cariño, para que puedan aprender a ser buenas personas, a tratar bien a su familia, a los animales y a las plantas. Un país de bienestar se inicia en la casa donde habita la gente.
También en el lugar, el vecindario, el barrio o en el condominio, donde se convive en armonía en un ambiente decente, grato, diverso, cordial y hermoso. Por eso el lugar debe cuidar su identidad, sus costumbres, su entorno natural y las relaciones entre los vecinos. Resolver los conflictos con base a conversaciones inteligentes, atender los problemas con la participación de todos.
La calidad de los lugares de trabajo, dice el informe, son espacios fundamentales para que se puedan desplegar las virtudes de todos los vinculados al proceso productivo. El buen trato, el ambiente grato, los ingresos justos y la sana convivencia es fundamental para que la empresa prospere y así contribuya a la prosperidad general.
Todo el proceso de construcción de bienestar comienza en lo niños, en su hogar y en su lugar, en su proceso de aprendizaje de valores y de habilidades. Allí en la casa y en el vecindario se inicia ese proceso de acumulación de energías, conocimientos, habilidades y de virtudes que configuran sus posibilidades de éxito personal y de su aportes al éxito familiar, colectivo y de las organizaciones donde trabaje.
En Venezuela tenemos un desafío monumental de atender el mejoramiento de la calidad de vida de los hogares, cuidar la crianza de los hijos, centrarse en la nutrición de las madres y su familia, fomentar el aprendizaje temprano de los niños. También el mejoramiento sustantivo de la calidad de los espacios comunes donde vive la gente, el abastecimiento de agua pura, la disposición de aguas servidas, la vivienda adecuada y el entorno sano. Y fomentar puestos de trabajo donde se produzcan bienes y servicios para satisfacer las necesidades de la población, en empresas que respeten la dignidad de la persona humana y los ambientes naturales.
El desafío es gigantesco pues la realidad es muy grave y está en deterioro. La posición de Venezuela en el Índice de Capital Humano, junto a Haití, es un espejo doloroso de nuestra realidad. Transformar el entorno donde nace y trabaja nuestra gente es la verdadera urgencia del país; la máxima prioridad que no puede postergarse más.
¡Mantente informado! Síguenos en WhatsApp, Telegram, Instagram, TikTok, Facebook o X











