Por: Alexis del Carmen Rojas Paredes
Discurso de la autora en la presentación del libro Sendas Insoslayables, una mirada interpretativa del universo escritural de Josefa Zambrano Espinosa.
Expreso mi sincero agradecimiento a la fraterna amiga, Dra. Libertad León, por sus palabras tan generosas y por la agudeza con la que ha leído y dialogado con las páginas de la obra. ¡Para ti, mi gratitud de corazón!
Me resulta profundamente significativo que la presentación del Libro tenga lugar, precisamente, en el marco conmemorativo del centésimo vigésimo noveno aniversario del natalicio del Dr. Mario Briceño Iragorry, en medio de las destacadas disertaciones de las profesoras Dalis Valera y Anneris Zerpa, la poeta Blanca Reichax, los profesores Javier Mendoza y Pedro Frailán, en torno al texto Centenario Lecturas Venezolanas (1926), obra que es cátedra de cultura patria.
Antes de referirme al proceso de escritura de esta obra, permítanme hacer un pequeño inciso sobre la persona de Josefa Zambrano Espinosa; ¡sí!, la persona y no la escritora. La boconesa que conocí en el año 1976, la abogada y criminóloga recién egresada de la Universidad Complutense de Madrid, que llegó a Valera como Directora de la Dirección de Prevención del Delito del Ministerio de Justicia; persona respetada en el medio profesional, y con quien tuve la oportunidad de ingresar a laborar como trabajadora social, luego de una rigurosa selección entre aspirantes al cargo, por cierto, junto a mi compañera, amiga y comadre Anneris Zerpa. Por supuesto, una profesional de amplia visión del trabajo en equipo y proyección de la Institución, que rompió los límites tradicionales que la regían. Gracias a su amplitud, ¡para nuestra suerte! pude hacer carrera universitaria a la par del trabajo, compartir con ella momentos laborales de trascendencia, e inolvidables para muchos niños y jóvenes beneficiados de las comunidades valeranas; compartir gratas experiencias de interacción institucional como el Primer Seminario sobre Prevención del Delito celebrado en la ciudad de Trujillo, por referir alguna; o acompañarla en ciertas actividades sociales y hasta aventuras riesgosas; pero siempre marcada por el respeto de la relación de la Directora Jefe.
Relación transformada con el tiempo, desde nueva ocupaciones de ambas, en una fraterna amistad, en la estima de “hermana” desde el propio sentir de Josefa. Y a la que, ahora como escritora, he seguido desde 1984 con Magia de Páramo, su libro inicial, y luego con sus posteriores creaciones como cuentista y ensayista. Conexión escritural que nos ha permitido atesorar una amistad afectuosa, compartir historias de vida, perspectivas, necesidades e inquietudes, a pesar de la distancia geográfica. Una amistad esencial en categoría de Arianna Martínez Fico, fundada “en la necesidad de compartir lo que somos”, reformulación contemporánea inspirada en el concepto clásico de amistad de Aristóteles, en su obra Ética a Nicómaco. (La amistad inútil que sostiene el alma, en Diario de Los Andes, 02-10 2025).
De modo que la obra Sendas Insoslayables, una mirada interpretativa del universo escritural de Josefa Zambrano Espinosa, nace en primera instancia de un propósito personal erigido por un sentimiento afectivo y de compromiso conmigo misma, al querer explorar e interpretar la memoria, la identidad, la imaginación, las vicisitudes y desventuras recreadas en la cuentística de Josefa Zambrano; así como la intimación reflexiva del pensamiento discursivo de su trabajo ensayístico publicado, tanto en libros como en revistas y periódicos. Cada una de sus creaciones narrativas y discursos ensayísticos, me exigió mirar con minuciosidad la fuerza de su lenguaje, sus estructuras narrativas, la sugestividad de los temas, envueltos en esa atmosfera mágica heredada de su pueblo natal; significó “hurgar”, en palabra de Lukacs, los sentidos de lo que quería significar. Y con ello, introduzco en segunda instancia, la pretensión de proyectar una escritura, tal vez poco conocida, en un lugar meritorio de la literatura contemporánea, que marca huella distintiva en el proceso creador y discursivo de la palabra literaria.
Josefa Zambrano Espinosa es tierra boconesa. Pueblo andino donde transcurrió su infancia plena de magia ancestral, donde sus mayores formaron sus valores éticos y morales, y donde surgió su inquietud y pasión por la literatura, el arte, el cine, la danza, el teatro; en fin, todo lo relacionado con el quehacer cultural, gracias a la presencia de dos grandes mujeres de la cultura boconesa, Myriam Sambrano de Urosa y Lourdes Dubuc de Isea, quienes marcaron huellas imborrables en su vida: ¡Salud a ellas! ¡Viva la luz!, les exclama la escritora. De allí que Boconó es, en palabras de Josefa Zambrano: “Mi Ítaca”; expresión que se revela en muchos de sus relatos y que reitera en sus discursos, entrevistas y habla cotidiana.
De esta manera rindo homenaje a la escritora y académica Josefa Zambrano Espinosa, y me enorgullezco en que sea la primera mujer trujillana, en llegar a ser Miembro Correspondiente por el estado Trujillo de la Academia Venezolana de la Lengua Correspondiente de la Real Academia Española. Sentido de identidad que nos lleva al innegable adagio del maestro Mario Briceño Iragorry: “En la provincia está el alma auténtica de la nacionalidad” Casa León y su Tiempo (1946).
En el orden de acompañamiento al contenido de esta obra de crítica literaria, hago mención especial al prologuista, escritor y pintor Carlos Yusti, Ganador del Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” (1996), y de la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz” (2006), en la categoría Crónica. Para él, mi agradecimiento por su generoso tiempo, por su mirada lúcida y rigurosa que brinda tanto a la escritora como a la autora. Su iluminada palabra engrandece el pórtico de este libro.
Otra mención especial para los once jóvenes estudiantes de Diseño Gráfico del IUTIRLA, Valera, estado Trujillo. Curso Teoría y función de la Técnica, trimestre II-2026, bajo la tutoría del Profesor Miguel Rojo; por el valioso aporte de las ilustraciones creadas para el libro, seleccionadas mediante un concurso por el jurado evaluador. A saber: Portada, Alondra Giselle Vázquez Mendoza; Contraportada, Santiago José Franco Azuaje; y en el interior como acompañamiento a cada uno de los ensayos y entrevista a la escritora, las creaciones de: Diego Andrés Cabrera Graterol, Josué David Artigas Antequera, Carlos Daniel Viloria Pereira, Paola Valentina Villegas Graterol, Yohander Jesús Vargas Orteganas, Daivana Franchesca Soto Carrillo, Mayra Alejandra Rodríguez Aldana, José Leonardo Mazzarri González y Javier Alejandro González. La contribución de este genuino trabajo visual, le otorga un enriquecimiento estético a la obra. Para ustedes, apreciados jóvenes, mi eterna gratitud y el deseo de que en su proceso de aprendizaje sigan cultivando su estilo gráfico y creación artística.
Culmino con el deseo de que las páginas de este libro les ofrezca un espacio de hallazgos, ecos, e inclusive disensiones que engrandezcan nuestro camino literario; mientras tanto permanezco, como dice el gran poeta místico español San Juan de la Cruz, con ‹‹un no sé qué que queda balbuciendo››.
¡Gracias, gracias, infinitas gracias a todos por ser y estar!

Nota: El presente trabajo fue presentado en el marco del evento Memoria, Voces, y Nuevas Letras, en homenaje al 129.° aniversario del natalicio del Don Mario Briceño Iragorry y al Centenario de Lecturas Venezolanas, organizado por la Cátedra Libre del Ateneo de Valera en el SADET (Valera, Venezuela) 17 de septiembre 2026
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