La sociedad moderna es heterárquica: ningún sistema (p.ej., política, economía y derecho) está jerárquicamente subordinado a otro. Cada uno opera de forma autónoma, con clausura operativa bajo su propio código binario (poder/no poder, pago/no pago, lícito/ilícito), siendo todos estructuralmente equivalentes en su autonomía. Para intervenir en esta complejidad, el Simulador SAI (fundamentado en el Icosaedro SAI) nos permite transformar estos conceptos sociológicos altamente abstractos en un modelo matemático y tangible. En este marco, el capital social resonante opera como el lubricante indispensable que posibilita los acoplamientos estructurales, permitiéndonos aplicar una ingeniería social gradual (Karl Popper) para el diseño y la reforma de la sociedad.
Para estructurar el análisis de sociedades (o entre sociedades) funcionalmente diferenciadas, utilizando el Simulador SAI, se deben cumplir cinco pasos, a saber: 1. Diagnóstico sistémico, construyendo la permutación inicial partiendo de la forma canónica. 2. Análisis de distancias topológicas y acoplamientos estructurales. 3. Análisis de las 20 tríadas simmelianas (mediación funcional) presentes en la permutación inicial. 4. Simulación de estados usando el algoritmo BFS (Breadth-First Search) para encontrar la ruta con menos giros entre dos permutaciones (la inicial y la ideal) en el Icosaedro SAI.
En el quinto y último paso (intervención operativa) se diseñan e implementan políticas públicas bajo el paradigma del cambio social gradual de Popper. Por lo tanto, el cambio social debe ejecutarse mediante intervenciones fragmentarias, medibles (utilizando la fórmula del costo total de cambio social Ktot) y topológicamente viables; es decir, la secuencia óptima de giros topológicos válidos determina el movimiento de los sistemas a través de los ejes estructurales.
Siguiendo la lógica de Edward A. Ross (1920), necesitamos reglas y ética, además de conocer e internalizar las expectativas sociales, para no destruir el tejido social en nuestra búsqueda de autoafirmación. Los seres humanos chocamos entre sí al desempeñar múltiples y variados roles en la sociedad. Esta fricción es parte de la “mano invisible” de la que hablan sociólogos como Beate Völker (2021: 316), donde nuestras redes y nuestro capital social operan bajo la superficie: “dependiendo del contexto social, la estructura favorable de una red puede ser de cierre o de intermediación, pero no sabemos con exactitud cómo funciona este proceso”.
La fricción interpersonal descrita por Ross y el capital social analizado por Völker (2024) y Skvoretz (2023) solo adquieren estabilidad cuando el sistema social las transforma en comunicación reproducible, como plantea Niklas Luhmann. Tanto la cohesión social interpersonal como la intersistémica no dependen solo de individuos y de redes, sino, sobre todo, de la capacidad sistémica de procesar complejidad al absorber y transformar esa fricción en comunicación ordenada. De allí la importancia del capital social resonante, indispensable para sostener vínculos cohesionados tanto en las interacciones cotidianas como en los sistemas sociales funcionalmente diferenciados.
Referencias:
Ross, E. (1920). The principles of sociology.
Skvoretz, J. (2023). Personal networks: Classic readings and new directions in egocentric analysis. Review.
Völker, B. (2021). Three decades of research into social capital: Achievements, blind spots, and future directions.
Völker, B. (2024). Social Capital. In: The Sage Handbook of Social Network Analysis.
Para descargar la versión más actualizada del libro completo (incluyendo todas las columnas publicadas a la fecha), haga clic en el siguiente enlace: Capital Social, José María Rodríguez, PhD. Además, para una introducción al tema, recomendamos ver el video CAPITAL SOCIAL: https://youtu.be/gRXjjZkCrzo
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