DLA Columnas | 26/10/2016 | 1:00 am
Diputado de impulsos primitivos

Por: Gustavo Chaparro Salas

Quienes actualmente gobiernan la nación, desde hace ya mucho tiempo tienen un discurso que a veces no compagina lo que expresan o dicen con lo que hacen. Hablan de amor al prójimo, sentimientos de igualdad y no exclusión, respeto, solidaridad y todas las virtudes humanas, siempre que usted comulgue con su accionar e ideas y no los contradiga. ¡Nada más alejado de la realidad! Lo que hemos observado en los últimos 17 años no es precisamente un lenguaje inclusivo para toda la población venezolana, por el contrario, el hostigamiento y la persecución política han alcanzado niveles desconocidos inclusive para los que hablan de tenebrosas épocas pasadas de los anteriores gobiernos que también tuvieron su enorme cuota de errores.

Ese sitio de discusión política “civilizada” que es la Asamblea Nacional ha sido vilipendiado y atacado constantemente por ser una tribuna en donde la oposición al actual gobierno mantiene y mantendrá la supremacía desde hace 10 meses y por 3 largos años más. La tarea del oficialismo ha sido desprestigiarla al máximo tratando de hacerla invisible y desconociendo sus funciones por medio de otro organismo seriamente cuestionado a nivel nacional e internacional como lo es el Tribunal Supremo de Justicia. La reciente conducta indecorosa de un diputado que representa al Estado Trujillo cargada de violencia y odio en contra de adversarios y de la iglesia católica representada en sus ministros y cardenales ha desatado un repudio nacional.

¿Es necesario ofender en público a un Cardenal recién nombrado por el Papa diciendo barbaridades de esa persona en un país mayoritariamente católico? Creo que el diputado que lanzó con tal violencia el micrófono que pudo causar una fractura de cráneo en su cercano oponente político no ha medido las consecuencias de insultar a la iglesia católica. Hasta Monseñor Porras, casi siempre pro gobierno ha reclamado muy decentemente pero con vehemencia tal conducta. No se interpreta la religión católica como cada quien cree que es. O se está con la iglesia en forma integral o el fiel tendrá que irse a otra parte, a otra religión o a otro culto. Al insultar públicamente al Papa o a cualquiera de sus ministros, lamentablemente se insulta a la mayoría de los católicos y al pueblo venezolano.

La actuación hostil, agresiva de un diputado que no sabe controlar sus impulsos más “primitivos” y que si en vez de tener un micrófono hubiese tenido un arma es sumamente peligrosa para la participación democrática limpia, ordenada, culta y de avanzada. Quien va a un parlamento a nivel mundial, tiene que saber oír a los demás y medir lo que dice por las consecuencias de sus palabras y actos. No es precisamente este tipo de actos los que convocan a una reconciliación nacional en un país profundamente dividido en dos mitades y herido por 17 años de intolerancia mutua de ambos polos políticos, que en algunos casos manejan ideas diametralmente opuestas en las que cada uno cree tener la razón. La nación entera espera una disculpa pública de este señor diputado que personalmente pienso que su ego no le permitirá. La confrontación permanente genera violencia, desasosiego, incertidumbre y más deterioro de esta atribulada nación suramericana.

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