En febrero de 1928 ocurrió en Venezuela un acontecimiento que empezó como una celebración estudiantil, la Semana del Estudiante, para celebrar el Día de la Juventud. Lo que comenzó como actuaciones estudiantiles del momento, se convirtió en un gigantesco movimiento de protesta social contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, en un momento en que el país estaba adormecido y parecía que el puño de hierro de aquel hombre tenía sepultada toda forma de protesta o actividad social. Sin embargo, los estudiantes que conformaron la “Generación del 28” desencadenaron el tránsito hacia las formas democráticas de gobierno que el país empezó a conocer tras la muerte del terrible dictador.
Este proceso fue interrumpido por los sucesos de noviembre de 1948, cuando de nuevo la bota militar se entronizó durante 10 años, cuando el país se sacudió el yugo. A partir de 1958, aquellos jóvenes de entonces, ya hombres maduros, le dieron a Venezuela los 40 años más esplendorosos de su historia, cuando la civilidad ocupó el comando del país hasta el aciago día en que la ciudadanía, por causas que los historiadores dilucidaran, tomó la peor decisión de la historia de Venezuela: devolver el control del país, a la bota militar que durante 28 años nos ha traído hasta este momento. Esa semana del 1928 produjo esos brillantes sucesos, y la última semana del mes de octubre será recordada posiblemente con la misma intensidad. Han pasado casi 100 años entre ambos eventos, pero las circunstancias son similares.
¿Y Ahora qué?
El país se ha estremecido por todo lo ocurrido desde el domingo 25 de octubre que inició una semana en la basílica de la Divina Pastora. Todo lo ocurrido ha sido un estremecimiento ciudadano, una alegría colectiva y un revivir de la protesta pública. El miedo que se sepultó en aquella lejana iniciativa estudiantil también ahora se ha disipado, y ha surgido con fuerza y contundencia la protesta y la actividad socio política. Las consecuencias de esa demostración exuberante que mostró la ciudadanía venezolana se vieron inmediatamente. Desde el hilarante espectáculo en Guacara, donde se pudo ver a un miembro del entorno de seguridad, desesperado ordenando detener el grotesco y descomunal error que se trasmitía. Inútil intento. Cual ají chirel, una catarata de promesas tratando de borrar 27 años de iniquidad, desde la promesa de mejorar sueldos… (el 2027), pasando por la devolución de lo robado con el infame “exprópiese”, y la sorpresita al ELN. Tan loables iniciativas empañadas por el llamado a la rumba y a los gaitazos mientras los dolidos compatriotas de Vargas no terminan de dar el descanso a sus seres queridos. A veces el recato y el respeto son mandatorios.
Es lícito suponer que esos sucesos produjeron otra consecuencia inmediata. El cambio de rumbo que la tutela ha adoptado. El que tiene ojos que vea. Y los satélites habrán mostrado que el desliz expresado en enero sobre “la falta de apoyo o respeto” era no solo infundado, sino falaz. Ojalá que “4 plumas” defenestre a quien le suministró tamaño disparate. El comunicado en lenguaje directo y sin medias tintas fijando la fecha de designación del TSJ, la inmediata designación directa del CNE y la declaración de vacancia inmediata me fortalecen esa presunción. Asumamos de igual modo que el debut del flamante canciller en su visita a Washington haya sido para que le “lean la cartilla”.
Como dijo Julio César, «La suerte está echada». ¿Qué nos espera o qué viene ahora?, lo que se me ocurre decir es que, como en el juego de dominó, mano segura no se tranca. Vamos tranquilos y ordenados a demostrar civismo; toda Venezuela debe movilizarse hacia ese objetivo cantado. Falta solamente la fecha para que se produzca en el curso del venidero año, lo que a la Generación del 28 le tomó casi 30 años producir.
Así que, queridos compatriotas, vamos con tranquilidad y sin aspavientos. Como le dijo un pariente a un político venezolano: «Cuando los perros ladran es porque la caravana avanza». La caravana hacia la liberación de Venezuela va tranquila, pero alerta porque el camino es culebrero. No tiene por qué acelerar en las curvas. Dejen que todos los perros que están en el camino ladren impotentes, a fin de cuentas, ya llegará el tiempo de meterlos en su corral. O al rodeo.
Venezuela será libre muy pronto.
Adalberto Gabaldón
Noviembre 2026
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