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Tópicos/ ¿Para qué ir a la Universidad?

por Camilo Perdomo
19/08/2019
Reading Time: 3 mins read
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<Arendt argumenta que la igualdad entre los “pares” en la Grecia clásica en el ámbito político se caracterizaba por un espíritu “ágonal”, de Agon, competencia entre participantes, en donde cada uno de ellos se exigía ser mejor que el otro; en breve, la excelencia.>. Miguel L. Ron Pedrique. La nostalgia de la política.1997:176.

 

Circula en la red esa pregunta entre los líderes postmodernos de empresas exitosas y con una constante: muchos de ellos no tienen títulos académicos abultados. Lo que usted leerá en el Tópico se apoya en esa reflexión puntual para algunas universidades venezolanas. Se agrega también a ciertos efectos de la política burocrática y populista de lo que es el país en esas casas de estudio dependientes del gobierno de turno. Es decir, la universidad (ella no se autofinancia) es reflejo del momento político: solidaridad ideológica, relaciones electoralistas frente a calidad académica y plan de estudios divorciados de la realidad económica global. Dicho de otra manera: la universidad venezolana situada en el plano de los saberes para subsistir en un mundo competitivo y de excelencia tiene pocas ventajas comparativas. No es solo un asunto de títulos, diplomas y especialidades, es la constante producción de un sujeto que en su seno no aplica ni produce lo que enseña.

Su inutilidad en tareas elementales: arreglar una tubería, tener espacios productivos, jardines estéticos mantenidos, programas radiales útiles a saberes elementales y de valores de ciudadanía, y otros es demostrable en sus gobiernos, en sus políticas y en sus resultados. Más allá de los ataques del gobierno algo ocurre en sus prácticas. Basta observar en qué trabajan sus egresados respecto a su titularidad, y allí lo útil queda en comillas. Ciertamente que ese rasgo también opera en otras latitudes, por ello algunas experiencias apuntan a sugerir un cambio radical de lo que se enseña, cómo se enseña, quiénes lo hacen y en cuáles relaciones entre Estado, padres, alumnos y maestros. Dije maestros y no profesores, pues algo diferente encierra esta afirmación.

Ese dogma de que la universidad es “la casa que vence las sombras” suena a estafa populista, pues si ella no revisa su práctica interna, poca cosa tiene que decir sobre lo útil en este mundo globalizado. Cada centro universitario tiene su propio mundo y reglas de juego, pero eso no significa que tenga la fuerza necesaria como para ser el centro del debate contemporáneo donde los líderes emprendedores debaten sus ideas avanzadas. El tiempo de ellas está ajustado a la burocracia, a planes inútiles, a materias vaciadas de existencia respecto de lo real. Los curricultores, tal como los políticos en su seno, se las ingenian para mantener ocupados al alumno en aprender cosas, en perder su tiempo y dinero.

Los trabajos de ascenso, muchos lo ven como trabajo de aumento en las primas, y lo que esa universidad denomina investigación no se traduce en los planes de estudio y muchas veces en sus bibliotecas solo los leen cucarachas y polillas; aunque esos animalitos no comprendan las palabra y la tinta que consumen. La titularidad no se detiene y los rituales del grado tampoco, y eso va bien. Pero y, ¿qué gran pero? ¿cuándo y dónde esos egresados compiten dentro del mercado de trabajo global? Sin embargo, los hay y la salida forzada de muchos egresados hoy lo demuestran, pero son minoría y depende de la titularidad que en otros lugares es costosa: medicina, ingeniería, odontología, entre otras.

Hay otras áreas para confirmar la pregunta del Tópico, serán otras contribuciones donde seguiré exponiendo lo inútil de la universidad hoy. Saque sus conclusiones.

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