TOCANDO FONDO | Por: Francisco González Cruz

 

 

Francisco González Cruz

El pueblo venezolano ve con legítima preocupación el descenso ético del régimen, el deterioro épico de su situación económica y  el colapso de los servicios públicos, frente al cinismo de los altos funcionarios del régimen. Solo tres hechos ponen en evidencia la degradación institucional venezolana: Primero, la descarnada realidad de la tragedia sufrida por la señora Carmen Teresa Navas y su hijo Víctor Hugo Quero Navas; segundo el deterioro del sistema eléctrico nacional y la cínica explicación del Ministro del ramo; y tercero la burla en torno al salario mínimo.

Estos tres hechos en un cuadro total y absolutamente fuera del marco constitucional y legal, pero con un pueblo perfectamente claro y consciente, que ve como  parte del liderazgo político y social, incluso religioso, se pone al margen, como si sus intereses mezquinos pesaran más en el horizonte histórico de una nación nacida para la grandeza.

Está la Constitución, violada en todas sus letras. Está el pueblo venezolano clarito en toda la extensión de la palabra. Está un liderazgo luminoso que encarna esa claridad. Pero, trágicamente, también está el aparato criminal y corrompido responsable de la tragedia, sostenido por los intereses meramente económicos de los negocios petroleros y mineros, en una ratificación de la famosa frase de “el excremento del diablo»  acuñada por el Ingeniero Juan Pablo Pérez Alfonzo, exministro de Minas e Hidrocarburos y fundador intelectual de la OPEP, para describir el petróleo.

La metáfora está más vigente que nunca, cuando es precisamente esa excreta la que tiene en vilo una transición hacia la libertad, la democracia, el Estado de Derecho y las instituciones sanas, que son las verdaderas condiciones que pueden conducir al país por un desarrollo humano integral y sostenible, siempre que la calidad de la educación sea la primera y fundamental ocupación de la sociedad y del Estado.

El cinismo impune que encierran esos tres casos, que ponen en evidencia la podredumbre moral de los gobernantes, con la complicidad de algunos dirigentes políticos, económicos y sociales, es la mejor prueba del fondo que se está tocando en lo más sagrado que tiene una Nación: sus valores. Consagrados, por cierto, en la Constitución burlada por los mandones y sus secuaces.  Pero el final se acerca y entonces, como sentencia el evangelista Mateo, “será el llanto y el rechinar de dientes”. También entonces el pueblo venezolano iniciará la mejor etapa de su historia.

 

 

 


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