Judith Patricia Sánchez (43) decidió volver junto a su hijo (7) y su tío (65) a la ciudad de Rubio, municipio Junín del estado Táchira, ocho días después del doble terremoto de magnitud 7.2 y 7.5 ocurridos en Caracas y La Guaira el pasado 24 de junio de 2026. Se había ido a vivir a la ciudad costera hace cinco años y desea volver en cuánto pueda organizarse de nuevo.
Vivía en la planta baja de una vivienda de tres pisos en Catia La Mar, La Guaira. Estaba allí con su hijo (7) y sobrina (6) cuando recibió en su teléfono la alerta de sismo de Google. “Decía: alerta de sismo de 6.5 aproximándose en dos segundos, aparecía el mapa de Venezuela, el nombre de La Guaira y el punto rojo con las ondas me llamó la atención porque empezó a sonar el teléfono y el teléfono de la niña, pero uno aquí no tiene la cultura de que puede haber terremoto”, relató al Diario de Los Andes.
Sánchez destacó que no tenía conocimiento de que a través del teléfono llegaban alertas sismológicas, lo que a su juicio pone en evidencia la falta de formación que tiene el venezolano en materia sismológica. “Eso fue de inmediato, sonó la alarma y en minutos empezó a temblar”, dijo.
Aunque intentó salir corriendo no pudo, por lo que agarró a ambos niños, los llevó hacia la cama, los puso entre sus piernas y los protegió con sus brazos, espalda y cabeza, pensando en que si caía el techo o alguna pared ellos no sufrieran el golpe. En medio de la fuerza del temblor, los tres comenzaron a orar y, cuando creían que había terminado comenzó el segundo terremoto, aún más fuerte.
“Cuando le dije a los niños: ya va a terminar, ya va a terminar, inmediatamente comienza el más fuerte. Eso fue seguido, en ningún momento hubo pausa. Nos lanza de un lado a otro, se caen las cosas, colapsan los tanques, se inunda el apartamento, se va la luz y el estruendo, que era lo más fuerte nos hizo sentir lo que es miedo”, describió Judith Patricia.
Cuando terminaron los terremotos, no entendía qué estaba pasando, ni tampoco imaginaba que en La Guaira se habían derrumbado edificios. Decidió salir y su tío, que vive en otro piso de la casa, fue a auxiliarla para abrir las cuatro puertas que le impedían estar por fuera de la estructura.
“Salimos empapados, descalzos. Todos los vecinos estaban afuera, muchos estaban tratando de salir de las casas. Vimos edificios con paredes caídas, la estructura no cayó gracias a Dios, los edificios que están cerca, si. Había madres llorando por sus hijos que estaban trabajando, fueron a buscarlos y cuando regresan cuentan que se cayeron edificios”, relató.
Desde las 6:04 de la tarde, hora del primer terremoto, hasta las 8 de la noche, Judith Patricia no tuvo señal telefónica, porque no había electricidad, ni conexión a internet. Un vecino logró prender una planta y fue en ese momento que pudo ver las primeras imágenes de La Guaira y comunicarse con su mamá y demás familiares en Rubio.
A partir de ese 24 de junio vivió a la intemperie, no quiso irse a ningún centro de acopio. Pasó tres días sin servicio eléctrico, la comida que tenía dentro de su casa se dañó, porque a pesar de que no se derrumbó, si presentó fallas que le impidieron volver a ingresar.
“Dos días y no llegaron autoridades”
La tachirense Judith Patricia Sánchez indicó que a dos días de los terremotos no habían llegado las autoridades a atender a víctimas y damnificados. “No llegaron ayudas a ninguna parte, a ningún sector de Catia La Mar. Días después es que empieza a llegar la ayuda humanitaria y un vecino va a buscar los camiones para que nos subieran comida”.
Le da tristeza recordar que amigos y gente cercana quedó entre los escombros. Unos ya fueron rescatados y sepultados, otros siguen desaparecidos. Su duelo también ha sido entender la destrucción de la zona, ver acabados lugares relacionados con su trabajo y que su día a día se haya fragmentado.
El regreso a Táchira
A Judith Patricia la motivó regresar al Táchira la insistencia de su hijo, quien no había podido descansar en la calle y le pedía volver a donde su abuela, porque no quería seguir viviendo en La Guaira, ante la magnitud de la destrucción.
El niño pertenece al Sistema Nacional de Orquestas y le preocupaba, durante esas primeras horas, saber cómo estaban sus compañeros. “Me pedía que los buscara, que quería saber cómo estaban ellos. Lloró demasiado, no podía dormir y en el ratico que lograba dormir, a cada ratico estaba brincando su cuerpo o se despertaba llorando”, dijo Patricia.
La llegada de las lluvias en Rubio también lo han afectado. El sonido del agua sobre el pavimento lo despierta y sobresalta.
Aunque la rubiense no ha tomado una decisión sobre qué hará, porque debe empezar de cero, está dispuesta a volver a La Guaira. Se siente parte de este territorio.










