Ernesto Rodríguez (ernestorodri49@gmail.com)
Los hechos malvados pueden originarse cuando a la belleza física se le da mucha más importancia que a los valores éticos. En la ficción literaria, el escritor norteamericano Edgar A. Poe (1809-1849), en su cuento: ‘El corazón delator’ (1843) narra el caso de un hombre que trataba a un anciano que tenía un “ojo de buitre”, y eso le repugnaba y lo mata.
Por otra parte, en la vida real existió Thomas G. Wainewright (1794-1847), esteticista inglés, pintor y estafador que envenenó a varias personas. El escritor irlandés Oscar Wilde (1854-1900) en su ensayo: ‘Pluma, lápiz y veneno’ (1891) refiere que un amigo le reprochó a Wainewright el asesinato de Helen Abercrombie, y éste respondió: “Sí, fue espantoso hacerlo, pero ella tenía los tobillos muy gruesos”.
Por otro lado, la palabra “estética” proviene del griego “aisthesis” que significa “percepción sensorial, sensación” y se refiere al “estudio de lo que es placentero a nuestra percepción visual o auditiva o a nuestra imaginación: el estudio de la naturaleza de la belleza” (1).
Pero además de la “belleza” existe la “estética de lo feo, lo horroroso y lo grotesco”. En efecto, hay cosas malas y repugnantes que de manera sorprendente pueden atraer. Eso ya lo señaló el poeta francés Charles Baudelaire (1821-1867) en su poemario: ‘Las Flores del Mal’ (1857) cuando dice: “¡El Diablo los hilos que nos mueven sujeta! / Encontramos encantos a objetos repugnantes” (‘Al lector’, publicado en 1855).
Recordemos al filósofo griego Platón (427-347 A. de C.) que en su obra ‘La República’ narra un diálogo entre Sócrates y Glaucón, y Sócrates refiere el caso de Leoncio que subía del Pireo cuando advirtió unos cadáveres de personas ejecutadas y “Comenzó entonces a sentir deseos de verlos, pero al mismo tiempo le repugnaba y se retraía; y así estuvo luchando y cubriéndose el rostro hasta que, vencido por el deseo, abrió enteramente los ojos y, corriendo hacia los muertos dijo: ¡Ahí los tenéis, malditos, saciaos con el hermoso espectáculo!” (sección 439e-440a).
Sobre la atracción por los cadáveres, es pertinente citar la confesión de un militar norteamericano que participó en la Guerra de Vietnam (1964-1975) y dijo: “Ese fue otro de los momentos en que yo estuve en el borde de mi humanidad, miré dentro de la fosa, y amé lo que vi allí. Yo me había rendido ante una estética que estaba divorciada de la cualidad crucial de empatía que nos permite sentir el sufrimiento de otros. Y yo vi una terrible belleza allí. La guerra no es simplemente el espíritu de la fealdad (…) También es un asunto de gran belleza seductora” (2).
Ese militar quizá era necrófilo, pero en la historia de la humanidad hay muchas cosas que revuelven el estómago. Por ejemplo es bien conocido que en siglos pasados las ejecuciones de ladrones y criminales eran públicas y las personas de todas las clases sociales asistían y disfrutaban el espectáculo. Igualmente, durante la Inquisición en España y Portugal en siglos pasados, cuando la Iglesia quemó vivos en la hoguera a miles de “herejes”, las mujeres y hombres se ponían sus mejores galas para presenciar el espectáculo. ¿Cómo interpretar algo tan espantoso?…Los asistentes quizá responderían que esas ejecuciones de criminales o herejes les parecían “justas”. Pero de todas formas es nauseabundo saber que disfrutaban.
Por otro lado, toda guerra es un mal y acarrea terribles sufrimientos. Sin embargo, el filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804) en su obra ‘Crítica del Juicio’ (1790) señala que lo “sublime” al mismo tiempo repele y atrae, y dice: “La misma guerra, si es realizada con orden y respeto sagrado por los derechos de los ciudadanos, tiene algo de sublime y hace que la disposición de las personas que hacen la guerra, sea tanto más sublime, cuanto más numerosos sean los peligros a los cuales estén expuestas y respecto a los cuales se comporten con coraje. Por otra parte, una paz muy duradera, por lo general da como resultado un espíritu principalmente comercial, y unido a esto, un egoísmo bajo, cobardía y afeminamiento, y envilece la disposición de las personas” (3).
Podemos concluir que el tema de la “estética de lo feo” es muy complejo y polémico…¡Y en muchos casos es muy condenable desde un punto de vista ético!!!.
NOTAS: (1) Pag. 8 en ‘Penguin Dictionary of Philosophy’. Edited by Thomas Mautner. Penguin Books (1997). (2) Pag. 97 en Lars Svendsen (2010) ‘A Philosophy of Evil’. Darkley Press. (3) Pag. 93 en edición en inglés de Immanuel Kant. ‘Crítica del Juicio’. ‘Primera Sección. Analítica del Juicio Estético’. ‘Segundo Libro. Analítica de lo Sublime. Lo Dinámicamente Sublime en la Naturaleza’. Sección 28. Párrafo en Línea 263. Translated by James Creed Meredith. Oxford World Classics (2007). Oxford University Press
¡Mantente informado! Síguenos en WhatsApp, Telegram, Instagram, TikTok, Facebook o X
