Ernesto Rodríguez (ernestorodri49@gmail.com)
El autor suizo Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) fue una de las figuras intelectuales principales en el siglo XVIII. Él termina en 1771 su obra autobiográfica ‘Confesiones’ que se publicó de manera póstuma en 1782.
Rousseau nació en Ginebra el 28 de junio de 1712 y fue criado por un tío y una tía ya que su madre falleció poco después el 4 de julio, y su padre en 1722 lo abandonó. A los 16 años Rousseau comenzó a deambular y fue un solitario poco querido. Diversos autores consideran que casi nadie aguantaba su compañía porque tenía la mala costumbre de ser hiriente con el prójimo, no asumía nunca la responsabilidad ética de sus acciones, y luego lamentaba su impopularidad como algo inexplicable. Así, en su obra ‘Meditaciones del Paseante Solitario’ comenzada en 1776 y publicada de manera póstuma en 1782, dice: “Heme aquí sólo en la tierra, sin más hermano, prójimo, amigo, sociedad que yo mismo. El más sociable y el más amante de los humanos, ha sido proscrito por un acuerdo unánime. Han buscado en los refinamientos de su odio qué tormento podía ser más cruel para mi alma sensible, y han quebrantado violentamente todos los lazos que me vinculaban a ellos” (Comienzo del ‘Primer Paseo’).
En 1728 Rousseau ingresa como lacayo en la mansión de la Condesa de Vercellis y ella fallece tres meses después. A Rousseau le encontraron una lujosa cinta de color plata y rosa propiedad de la condesa y en sus ‘Confesiones’ confiesa que él la robó, pero cuando le descubren la cinta él acusó a una humilde doncella llamada Marion que era cocinera y dijo que ella se la había dado. Rousseau dice que ella era muy honesta y cuando él la acusó ella quedó consternada e incapaz de hablar. Luego ella empezó a negar desesperada que había robado esa cinta, pero Rousseau persistió en su acusación y fue sancionada (‘Confesiones’, Libro II). Luego Rousseau tuvo relaciones con Thérèse Le Vasseur, con la cual tuvo cinco hijos, pero apenas nacían los entregaba al hospicio. Sin embargo, se sabía muy bien que solamente un 25 % de los bebés abandonados en un hospicio sobrevivían (1).
Desde 1755 Rousseau no pudo tener relaciones sexuales por una enfermedad de la uretra (y quizás muchos bebés se salvaron de ir al hospicio). El filósofo francés Denis Diderot (1713-1784) fue una de las principales figuras de la Ilustración francesa y trató mucho a Rousseau y expresó que era: “mentiroso, vano como Satanás, desagradecido, cruel, hipócrita y lleno de malicia” (2). Según el autor francés Voltaire (1694-1778), Rousseau era: “un monstruo de vanidad y vileza” (3). Inclusive amigos personales como Madame D’Epinay y su marido le llegaron a expresar: “No tenemos nada por usted sino compasión” (4).
En 1766 Rousseau estaba amenazado de arresto por sus ideas antimonárquicas y huyó a Londres donde el filósofo escocés David Hume (1711-1776) le consiguió alojamiento y una pensión, pero Rousseau le acusó de conspirar contra su vida, rechazó la pensión y retornó abruptamente a Francia. Entonces el filósofo escocés Adam Smith (1723-1790) le mandó una carta a Hume de fecha 6 de julio de 1766, consolándolo y diciéndole: “Yo estoy convencido de que Rousseau es un grandísimo bribón” (5). El estadista británico Edmund Burke (1729-1797) fue amigo de Rousseau durante un tiempo, pero llegó a la conclusión de que: “no tiene ningún principio, bien sea para guiar su corazón o para guiar sus razonamientos, lo único que tiene es vanidad, pero la tiene hasta un grado cercano a la locura” (6).
Por otro lado, según un estudio realizado, Rousseau era entre otras cosas: “masoquista, exhibicionista, neurasténico, hipocondríaco, onanista, homosexual latente (…) incapaz de manifestar afecto normal o paterno, paranoico incipiente, introvertido, narcisista, insociable (…) cleptómano, con mentalidad infantil, irritable y avaro” (7). No obstante, Rousseau fue una de las principales figuras del siglo XVIII y publicó obras que impactaron mucho como ‘Emilio o Sobre la Educación’ (1762), el ‘Discurso Sobre la Desigualdad de los Hombres’ (1754) y el ‘Contrato Social’ (1762). Sobre todo ha sido considerado uno de los fundadores del llamado Romanticismo, que enfatiza los sentimientos sobre la lógica. De hecho, Rousseau fue idolatrado por los grandes protagonistas de la Revolución Francesa (1789-1799), como por ejemplo Maximilien Robespierre (1758-1794).
Por otra parte, algunos autores lo elogiaron muchísimo, quizás porque no le conocieron personalmente, o no le conocieron sus defectos, o porque lo veían como un soñador idealista que decía cosas como: “El hombre es bueno por naturaleza (…) los hombres se depravan y se pervierten por la sociedad” (‘Emilio’, Cap. 4). Por ejemplo, según el poeta alemán Friedrich von Schiller (1759-1805), Rousseau era: “Un alma similar a la de Cristo, para la cual solamente los ángeles pueden ser compañía” (8). Según la escritora francesa George Sand (1804-1876), Rousseau era: “San Rousseau” (9).
Por otro lado, Rousseau en sus obras no tenía rigurosidad científica ni intelectual. El propio Rousseau reconocía que no se basaba en evidencias, sino en concepciones que idealizaban de manera hermosa la vida de los pueblos primitivos, es decir, el “buen salvaje”, pero señalaba que esa condición “no existe ya, quizás nunca ha existido, y probablemente nunca existirá” (‘Prefacio’ del ‘Discurso Sobre la Desigualdad de los Hombres’). Despreciaba los hechos y dijo: “dejemos los hechos a un lado” (10).
En realidad, los estudios antropológicos han evidenciado que varios pueblos primitivos en diversas partes del planeta guerrean con una crueldad impresionante y su tasa de mortalidad violenta puede ser muy elevada. Asimismo, toda su obra titulada ‘Discurso Sobre los Efectos Morales de las Artes y las Ciencias’ (1750) es un ataque al desarrollo de las ciencias y las artes y asevera que: “Nuestras mentes se han corrompido en la misma proporción en que las artes y las ciencias se han desarrollado” (Primera Parte). Igualmente dijo que hay que: “desechar todos los libros de ciencia” (‘Prefacio’ del ‘Discurso Sobre la Desigualdad de los Hombres’). En su obra ‘Emilio o Sobre la Educación’ dice algunas cosas muy equivocadas. Por ejemplo dice: “Redúzcase pues, cuanto fuere posible el vocabulario del niño” (final del Libro Primero). Pero ahora está comprobado que hay una correlación positiva entre la riqueza del vocabulario de una persona y su inteligencia. Luego en la misma obra dice: “El niño que lee no piensa, no hace más que leer; no se instruye, sólo aprende palabras (…) Que no sepa porque se lo hayáis dicho, sino porque lo haya comprendido él mismo; invente la ciencia y no la aprenda” (unas páginas después del comienzo del Libro Tercero). Pero eso es un disparate…¿Quién puede aprender el cúmulo de conocimientos científicos por sí mismo?….Lo más contradictorio es que Rousseau en sus escritos evidencia que leyó un número apreciable de obras. Por lo demás, resulta irónico que un hombre que entregó al hospicio a sus cinco hijos apenas nacían, pretendiera escribir una obra modelo sobre cómo educar a un niño. Finalmente Rousseau murió muy pobre en París, totalmente loco y se sospecha que se suicidó (11).
NOTAS: (1) Pag. 116 en Timothy Ferris (2010) ‘The Science of Liberty’. HarperCollins Pub., También en Pag. 21 en Paul Johnson (1988) ‘Intellectuals’. HarperCollins Pub. (2) Pag. 26 en Paul Johnson, Op.Cit. (3) Pag. 26 en Paul Johnson, Op.Cit. (4) Pag. 26 en Paul Johnson, Op.Cit. (5) Pag. 116 en Timothy Ferris, Op.Cit (6) Pag. 117 en Timothy Ferris. Op.Cit. (7) Pag. 26 en Paul Johnson (1988) Op.Cit. (8) Pag. 27 en Paul Johnson, Op.Cit. (9) Pag. 27 en Paul Johnson, Op.Cit. (10) Pag. 117 en Timothy Ferris Op.Cit. (11) Pag. 117 en Timothy Ferris, Op. Cit-
