Por: Ernesto Rodríguez (ernestorodri49@gmail.com)
Muchos autores han idealizado a los pueblos indígenas en diversas partes del planeta.
No obstante, hay muchos estudios e investigaciones que indican que no han sido tan admirables.
Por ejemplo, el gran naturalista alemán Alejandro de Humboldt (1769-1859) estuvo desde el 16 de julio de 1799 hasta el 24 de noviembre de 1800 explorando parte de nuestro país y luego publicó: “Relación Histórica del Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente” (1814-1825). Humboldt ha sido reconocido como un autor muy serio y confiable en sus descripciones. El caso es que en su obra describe un gran número de pueblos indígenas del oriente, los llanos y el sur selvático de nuestro país, y refiere las desdichadas condiciones de vida de las mujeres. Todas las citas las he tomado de: ‘Del Orinoco al Amazonas. Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente’ (Traducción de Francisco Payarols. Edit. Labor, 1967).
Sobre los indios chaima dice: “Las privaciones y el sufrimiento constituyen también el destino de las mujeres (…) Para ellas son los trabajos más duros. Cuando al anochecer veíamos a los chaima regresar de sus huertos, el hombre no llevaba más que el machete, con el cual se abre camino a través de la maleza. La mujer marchaba encogida bajo la enorme carga de plátanos, llevando, además, un niño en el brazo y, con frecuencia, otros dos sobre el bulto de la fruta” (Cap. IX, Pags. 96-97). Al describir a los indios del Orinoco dice sobre las mujeres: “Si tienen hijos, no sólo están expuestos a los peligros de la vida de la selva, sino también a otros muchos, derivados de las supersticiones más absurdas. Si se trata de gemelos, unas ideas contranaturales de conveniencias y del concepto de familia exigen que uno de los dos sea sacrificado. Se dice ‘Dos hijos nacidos a la vez no pueden ser de un mismo padre’ principio fisiológico de los indios sálivas. Para que haya paz en la casa, primas viejas de la madre, o la comadrona, toman a su cargo la eliminación de uno de los niños (…) Entre los indios del Orinoco, es costumbre que el padre vaya sólo a casa a comer y tumbarse en la hamaca; ni acaricia a sus pequeños ni a sus mujeres, cuyo sino es tan sólo servirlo” (Cap. XX, Pag. 223).
Luego dice: “Los pueblos del Alto Orinoco, el Atabapo y el Inirida, no adoran más divinidades que las fuerzas naturales (…) Unos pocos indios viejos pretenden estar más iniciados que los demás en las cosas divinas y custodian el famoso botuto, trompeta sagrada (…) Para iniciarse en los misterios del botuto hay que estar consagrado, ser de costumbres puras y permanecer soltero. Los iniciados se someten a la flagelación, al ayuno y a otras prácticas disciplinarias (…) Las mujeres ni siquiera pueden ver la milagrosa trompeta (…) Si una tiene la desgracia de verla es inmolada sin piedad” (Cap. XXII, Pag. 260). Luego en el valle del Caño Casiquiare dice: “un alcalde indio se comió a una de sus mujeres, después de sacarla de su conuco y alimentarla copiosamente para engordarla (…) La victoria sobre una horda enemiga se celebra con un banquete en el que se come parte del cadáver de un prisionero. Durante la noche es asaltada una familia indefensa (…) Ningún sentimiento de compasión les impide inmolar a las mujeres o a los niños de una tribu enemiga. Estos últimos constituyen un plato favorito después de un combate” (Cap. XXIV, pag. 276).
Más adelante habla de “La Esmeralda” en el Alto Orinoco y dice: “En Esmeralda como en todas las misiones (…) viven en régimen de poligamia (…) Las mujeres viven en una especie de esclavitud. Como los hombres tienen una autoridad omnímoda, nadie se atreve a quejarse en su presencia. En la casa reina una paz aparente, y las hembras se esfuerzan por anticiparse a los deseos de un amo exigente y malhumorado” (Cap. XXV, Pag. 292). Luego habla sobre Los Llanos del Payo y dice sobre las mujeres de los indios caribe: “Todo el peso del trabajo doméstico y del campo carga sobre ellas” (Cap. XXVI, Pag. 319).
En fin, en la historia de la humanidad ha prevalecido la barbarie y la crueldad…Los pueblos occidentales europeos y no europeos, supuestamente “civilizados” han demostrado que han sido implacables con los adversarios y los pueblos indígenas en diversas partes del mundo también han sido terriblemente despiadados en muchos aspectos…La triste realidad es que todos los humanos han manifestado una gran potencialidad asesina…¡Las evidencias son contundentes!!!
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