¿Qué pasa en la AN que no elige un CNE?

Pastor Heydra

Las protestas populares han   puesto a temblar varias de las sillas presidenciales y curules parlamentarias

 

*** Guaidó, en vez de abordar ese tema, ha lanzado una carta temeraria   al   convocar   el   16   de   noviembre   a   una   gran movilización nacional. Si lo logra ¿adónde nos llevará? ¿Qué logrará?   Pero   si   fracasa   ¿Cuál   será   la   resultante   para   su naciente   liderazgo? 

 

 

Incierta y mayoritaria dirección opositora

 

Arquímedes, el viejo y noble matemático griego, el del famoso grito de ¡Eureka¡, cuando descubrió la magia de la densidad y los volúmenes en el agua, me prestó su nombre hace ya unos cuantos lustros, en 1987 y 88 en la pre campaña de Carlos Andrés Pérez para lanzar mis dardos periodísticos desde El Nacional, confrontando al viejo pensamiento populista que se escudaba en la figura de un Pitágoras fingido y de sus falsos teoremas,   borrados   por   la   implacable   realidad   de   ese entonces.

Lo   reivindique   recientemente   en   esta   columna, pero me ha pedido, con suma razón, un descanso merecido para dar paso a calzar con mi nombre mis opiniones sobre la delicada situación  política  regional,  nacional  e internacional que confrontamos, cosa que haré de ahora en adelante, pues es   hora   de   hablar   las   cosas   por   su   nombre   y   como   diría Roger Garaudy, en un momento en el cual: “Ya no es posible callar”.

Comencemos por  un tema álgido, la escogencia del nuevo CNE,  que elude una incierta y mayoritaria dirección opositora cuya   principal   característica   han   sido   sus   yerros   que sobrepasan con creces sus efímeros aciertos y se remontan a1999 cuando le entregaron en bandeja de plata la presidencia del extinto Congreso de la República al coronel Luis Alfonso Dávila,   en   ese   entonces   representante   del   chavismo militarista que comenzaba a implantarse en el país, al cual le obsequiaron   el   poder   legislativo,   creyendo   que   abrían   la compuerta   de   una   gran   negociación,   para   luego,   por añadidura,   concederle   el   nombramiento   del   CNE,   TSJ, Fiscalía   con   la   “genial”   abstención   de   2005,   cuyos responsables,   aun   gozan   de   buena   salud   física   e inmejorables condiciones económicas.

El   tema   en   cuestión   parece   simple,   pero   obliga   a   una pregunta: ¿Cuál es la razón para que la mayoría opositora de la   AN,   relegitimada   con   la   reincorporación   de   la   bancada oficialista,   no   comienza   el   proceso   de   escogencia   de   los nuevos magistrados del poder electoral, CNE, lo cual podría ser   el   comienzo   de   una   reconstitución   institucional   de   la maltrecha   nación,   y   de   la   democracia,   si   acaso   cabe   el nombre, que tenemos? ¿Qué cuesta colocar ese punto en el orden del día de una sesión ordinaria de la AN? ¿A qué se teme? Obviamente la falta de un norte seguro, posible y real en el mundo   opositor,   su   desunión   y   pequeñas   rivalidades,   más allá de las quimeras y de los ensueños con la presencia de los   Marines   o   las   fuerzas   especiales   de   los   Rangers, recorriendo con furia implacable nuestras ciudades y campos para arrasar con los vestigios de un comunismo que nunca pasó   de   tosco   populismo   militarista,   bautizado   por   el arrepentido   sociólogo   alemán   radicado   en   México,   Heinz Dietrich, con el rimbombante título de “Socialismo del Siglo XXI”, marcan ese compás musical.

 

Con fecha y sin comas

 

Guaidó, en vez de abordar ese tema, ha lanzado una carta temeraria   al   convocar   el   16   de   noviembre   a   una   gran movilización nacional. Si lo logra ¿adónde nos llevará? ¿Qué logrará?   Pero   si   fracasa   ¿Cuál   será   la   resultante   para   su naciente   liderazgo?   ¿Qué   otras   fuerzas,   nuevas   o   viejas, tenderán a suplirlo?  Ese es un punto, con fecha y sin comas, muy interesante, sobre   todo   cuando   el   acuerdo   de   la   Casa   Amarilla   de septiembre va cobrando fuerza, al reincorporarse la fracción oficialista a la AN relegitimándola, cuando han sido puestos en  libertad  algunos presos políticos sin  mucho  renombre   y comienza   el   tránsito   hacia   la   escogencia   de   un   CNE negociado ¿Qué pasaría si algunos prohombres del G4 dan un paso en ese mismo rumbo? De todo hay en la viña del Señor.

 

Salida viable

 

Lo cierto es que la presión de Trump contra NM se ha ido desinflando. Subestimaron a la diplomacia y a la estrategia rusa   y   cubana   y   las   consecuencias   las   están   viviendo   en Ecuador,   Chile,   Perú,   Argentina   y   tangencialmente   en Colombia y Brasil. Una añeja operación intentada por la vía armada en los años 60 y ahora transformada en aparentes protestas   por   reivindicaciones   populares  que   han   puesto  a temblar varias de las sillas presidenciales del Grupo de Lima.

¿Adónde vamos? Todo parece indicar que el Tiar no pasó de ser un bluf, al igual que la amenaza de una intervención militar   extranjera   en   Venezuela.   Eso   nos   lleva   al planteamiento   inicial   de   la   UE,   del   Grupo   de   Lima,   de Canadá,   Gran   Bretaña   y   hasta   de   los   EE.   UU,   de   que   la salida sea por la vía democrática y electoral, donde hay una suerte de dilema ¿Qué se escogerá, un nuevo presidente a un nuevo parlamento? ¿El huevo o la gallina? Un   aspecto   que   debe   repensar   con   mucha   sindéresis   la dirección opositora. El camino suicida de la abstención del 2005 no tiene ningún sentido, a menos que decidan entregar las armas y claudicar ante NM. La elección presidencial tiene muchos obstáculos y si no se logró en su momento de esplendor, ya luce como salida marchita, quedando solo la vía parlamentaria.

¿Es   mala   para   la   oposición   como   conjunto?   No   lo   sé, depende de sus movimientos. Si madura y logra una unidad férrea vale la pena, pues la mayoría del pueblo está en esa sintonía y una contundente victoria electoral habla mejor que mil discursos lanzados al vacío.  Hoy pujan los extremismos de lado y lado, consideran traición todo aquello que vulnere un fundamentalismo sin musculo, ni fuerza, salvo la de la sobrevivencia epiléptica. Ante ella que se impone ¿La emoción o la razón? Hoy la emoción es un simple deseo sin alma, la razón una razón de ser para buscar un porvenir.

 

La disyuntiva

El   dilema   para   la   oposición   mayoritaria   del   país   nacional, como   diría   Gaitán,   no   puede   ser   entre   elecciones presidenciales  o parlamentarias, sino  en buscar  un   camino que logre abrir esperanzas y nuevos senderos democráticos que   permitan   recuperar   al   país.  Como   afirmó   William Shakespeare en su Hamlet: “To be or not to be, that is thequestion” – Ser o no ser, esa es la cuestión…

 

Guaidó convoca  el   16   de   noviembre   a   una   movilización nacional

 

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