¿Qué hacer? si no hay articulación en la Oposición, ni determinación para hacer lo que se debe

 

Por: Luis A. Villarreal P.

El tiempo corre y no se ve sino más estancamiento, ínfimas posibilidades no solo para programar en conjunto y realizar verdaderas acciones por la liberación de Venezuela, sino para resolver el problema de la ineficiente Oposición;  que en vez de contribuir con la solución política del país, desde hace tiempo se ha convertido en mengua y  obstáculo de lucha, en un factor negativo que no deja que se actúe con la requerida responsabilidad por Venezuela.

Es el colmo que el perfil de la Oposición, visto su ineficiente desempeño, haya pasado a ser un problema de dimensiones tan lamentables porque sentencia a los venezolanos a permanecer en sojuzgamiento, en estado de indefensión y opresión indefinidas.

Aun con esas circunstancias desalentadoras, se porfía internamente en casi lo mismo para no dejar de hacer nada. Por ello observamos que aunque cada partido, cada grupo o institución que opina o se moviliza, siguen ‘insistiendo’ en sus propuestas, pero lanzadas al boleo, al aire, sin sincronía con los demás actores del resto de movimientos u organizaciones. Nadie busca a nadie para concretar la Unidad.

Hasta ahora esas ovejas ‘preocupadas’ y descarriadas por el lobo que las tiene aisladas para su beneficio, tampoco han tenido la ‘suerte’ de encontrarse fortuitamente con el concurso de personas, instituciones o países que quieran e intenten unirlas para que puedan dialogar, exhibir su poder y su determinación en pro de Venezuela.

Casi igual lo hacen países que se han involucrado en la brega por rescatar la democracia venezolana;  no se convocan ni se juntan para precisar planes o programas, acciones y presiones; aunque estén organizados en sus respectivos organismos multilaterales o en coalición —UE, OEA, Grupo de Contacto— no se les ve salir de sus propios linderos para mancomunarse en iguales propósitos y acciones. Cada organismo opina y hace como quiere, sin preocuparse de hacerlo verdaderamente cohesionados.  Sus coincidencias son recurrentes y esporádicas, para ‘denunciar y solicitar o proponer’, veamos:

Según reunión realizada por la Cancillería Argentina (no adherida a los resultados), Estados Unidos, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Panamá, Paraguay, España, Australia, Canadá, la Unión Europea, Francia, Alemania, Italia, Japón, Nueva Zelanda, Portugal, Suecia y Reino Unido, se exige que se “restaure la democracia” en Venezuela a través de elecciones “libres”, también que se excarcele a los presos políticos; de acuerdo al comunicado del Departamento de Estado de EUA el pasado 16f.

En dicha reunión considerada de ‘Alto Nivel’, se persuadieron de la urgencia de “una solución negociada encabezada por Venezuela para restaurar la democracia”, incluyendo acuerdo para habilitar un ente electoral “independiente e imparcial, con máxima autoridad»; por tal razón dieron importancia a la prosecución de ‘buena fe’ del diálogo iniciado y abandonado en Ciudad de México, porque dizque así lo reza el Memorándum de Entendimiento suscrito.  ¿?

Desde Venezuela, los análisis de la crisis —incluida la generada por la oposición partidista renuente a la unidad y a responsabilizarse por el país— y sus posibles soluciones son diversos, y ya hemos leído al respecto, pero algunos son realistas e interesantes, observemos:

Según Carlos Blanco, «Ahora corresponde transitar otro sendero que es el de reconstituir la dirección democrática en un proceso popular. No se trata de elecciones primarias, pues estas sugieren la nominación de un dirigente para unas elecciones inexistentes (¡se agita el fantasma del 2024!), sino de un tipo de consulta nacional, […] con compromisos claros, que permitan constituir un actor nacional e internacional poderoso. Este proceso no incluye ni excluye a nadie a priori, sino que son los propios ciudadanos los que al participar, deciden. Desde luego, debería haber una supervisión eficiente y confiable para impedir que el régimen o sus testaferros influyan en el resultado de la consulta».

Y  prosigue: «La dirección que así resulte contará con el legítimo mandato popular, inmediato y reciente, y no ese mandato que agoniza, prolongado en la cuarta dimensión, que emergió de las elecciones de 2015 (¡hace 7 años!) con la Asamblea Nacional. No es solo el resultado el que interesa sino el proceso de movilización por los equipos o individuos que deseen contarse en esa jornada.»

Obviamente —aunque parezca complicado— lo que se quiere es ‘juntar’ esos criterios que se han lanzado desde las diferentes tendencias, porque podrían hacer la ‘simetría’, el perfil, del organismo unificador que vendría a ser la nueva estructura opositora en la que tengan representación y manifiesta responsabilidad las fuerzas vivas del país.  Si esta estructura fuera una Junta de Emergencia Nacional, y para habilitarla el electorado opositor eligiera sus miembros —legitimándolos— se podría estar hablando de algo creíble, serio, fructífero.

Guaidó mismo ha dicho que hay que ir a primarias, pero sin detalles; en sus reuniones con mineros de Guayana, exhortó ir más allá de la Plataforma Unitaria —insuficiente— porque las alianzas se necesitan.  ¿Entonces…?

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