Francisco González Cruz
La Ley de Amnistía llega comenzando la Cuaresma, que es tiempo de arrepentimiento, reflexión y cambio de vida. Son 40 días que se inician el Miércoles de Ceniza y culminan el Jueves Santo, apropiados para purificarnos de las faltas, pedir perdón y perdonar, que son procesos complejos que exigen determinadas condiciones muy exigentes que no se despachan con ligereza.
La ceniza es un buen punto de partida pues es lo contrario de la arrogancia, de sentirse omnipotente y superior, de sentir que la amnistía no es un gesto de gratuito de munificencia si no del reconocimiento de que se han cometido pecados muy graves en el ejercicio del poder. Pero no basta.
En cuaresma es común que los cristianos comulguen, es decir reciban el Cuerpo de Cristo, lo que requiere estar en estado de gracia, para lo cual es necesario confesarse para pedir perdón y recibirlo, que es un proceso de cinco pasos, según el Catecismo de la Iglesia Católica,
- Examen de conciencia que consiste en recordar los pecados cometidos.
- Acto de contrición o dolor de los pecados, que es un verdadero sentimiento de pena y vergüenza por haber cometidos esas faltas.
- Propósito de enmienda, es decir la decisión firme y explícita de no volver a pecar.
- Confesar los pecados, decirlos, sin ocultar nada. Al confesor, que en el caso de una amnistía sería el pueblo.
- Cumplir la penitencia que le imponga el confesor, que dependerá de la gravedad de los pecados, si son mortales o veniales.
Los pecados pueden ser de pensamiento, palabra, obra y omisión, y se pueden referir a la relación con Dios, con el prójimo o consigo mismo, como faltar a los mandamientos, en este caso entre los más graves: no matarás, no robarás, no darán falso testimonio ni mentirás. La vida humana es sagrada, dada la dignidad que posee toda persona humana, de tal manera que irrespetar la dignidad de un ser humano es uno de los pecados más graves.
Hay más. Las estructuras de pecado, dice el Catecismo, son situaciones sociales o instituciones contrarias a la ley divina, expresión y efecto de los pecados personales. Juan Pablo II, en su exhortación apostólica “Reconciliatio et paenitentia” dice:
“Cuando la Iglesia habla de situaciones de pecado o denuncia como pecados sociales determinadas situaciones o comportamientos colectivos de grupos sociales más o menos amplios, o hasta de enteras naciones y bloques de naciones, sabe y proclama que estos casos de pecado social son el fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales. Se trata de pecados muy personales de quien engendra, favorece o explota la iniquidad; de quien, pudiendo hacer algo por evitar, eliminar, o, al menos, limitar determinados males sociales, omite el hacerlo (…). Por lo tanto, las verdaderas responsabilidades son de las personas”. «Ciertamente hay estructuras inicuas y generadoras de iniquidades, que es preciso tener la valentía de cambiar.
“Pedir perdón y perdonar” se dice fácil, pero hay pecados mortales continuados e institucionalizados que exigen mucho más que palabras. Las personas que utilizaron el poder para pecar deben pedir perdón y reparar el daño. Las víctimas deben perdonar y recibir la reparación, para luego de haber sufrido el camino del calvario, celebrar la Pascua.
¡Mantente informado! Síguenos en WhatsApp, Telegram, Instagram, TikTok, Facebook o X







