Mucho país | Por: Ramón Guillermo Aveledo

 

Admiro a la gente que no se deja vencer por el desaliento. En todas las regiones y en todos los sectores, hay gente luchando ante la adversidad. Hombres y mujeres que no se rinden ante dificultades cada vez más exigentes, de esas que sea por su magnitud o porque te tienden una emboscada y cuando crees que avanzas se atraviesan en tu camino, te halan hacia atrás o te empujan para provocar tu caída.

Hablo de gente que trabaja, que emprende, que crea. Que se levanta cada día a fajarse. Hablo de trabajadores que ganan menos de lo que les hace falta, pero que empiezan de madrugada por superar el cada vez peor, más escaso y costoso transporte público. Costoso no precisamente porque los transportistas se estén llenando, sino porque se come una proporción alta del jornal. Y van por calles oscuras e inseguras, llenas de basura y huecos, a la fábrica, oficina, negocio o casa a cumplir. Hablo de empresarios que con todo en contra, falta de insumos, materias primas, combustible, servicios de agua y luz irregular o decadente y además, un gobierno que en vez de ayudar estorba, siguen apostando a producir. Profesionales, amas de casa, que se reinventan en un emprendimiento. Profesores de primaria, media y universitaria que a pesar de todo siguen ahí, con la vocación arrugada pero no rota.

Hablo de muchos en la sociedad civil con iniciativas de organización social, con trabajo comunitario útil, ofreciendo de su tiempo a la solidaridad, sea en la alimentación a quien tiene hambre o en la salud al enfermo, en la formación para las oportunidades o en la ayuda a quien la necesita, en la comunicación o en la convivencia. Religiosos y laicos.

Gente honesta. Gente buena. Que no pierde las esperanzas. Que se cansa, se frustra, se decepciona, que cae, pero que se levanta y sigue. Hay muchos venezolanos así y muchos extranjeros que llegaron hacen años. En ciudades, pueblos y campo, montaña y llano, costa y selva, en los cuatro puntos cardinales. Gente que conozco, gente que me he encontrado e historias que conmueven, que emocionan, que contagian ganas de vivir y de hacer. A pesar de todo lo que pasa, lo que les pasa y el trabajo que pasan; de todos los problemas que deben vencer, incluso los causados por la arbitrariedad, la corrupción y la excusa, siguen. No se rinden. Merecen el esfuerzo de políticos dignos, no infalibles pero tenaces y valientes. Es que este es mucho país. Venezuela sufre, padece, se equivoca, pero da su pelea.

Salir de la versión móvil