Mis horas perdidas

 

La frase que titula a este artículo tiene que ver con los calificativos que me endilgan algunas personas, advirtiendo que dedico mucho tiempo de mi rutina diaria a realizar labores fútiles. Señalan que ese tiempo malgastado podría ser utilizado en mejores causas. Hace algún tiempo, dos personas me hicieron unas observaciones que ahora traigo a colación: La primera me señaló que si pretendía ser un dirigente exitoso, debía actuar como algunos políticos prominentes, que salen a la calle, a hacer política, todos los días a las 6 de la mañana y dedican todo el día a esa actividad. La segunda, me increpó duramente de esta forma: si usted dedica 2 horas diarias a realizar esa actividad inútil ¿en qué tiempo se dedica a hacerle oposición al régimen?

Si con algo me han premiado los años es con la capacidad de practicar la empatía, es decir, tratar de ponerme en el lugar del otro para intentar analizar los hechos desde su perspectiva, haciendo abstracción de mis sentimientos y percepciones, por eso al escuchar estas observaciones, sonreí para mis adentros y no pude evitar el evocar, una situación análoga que viví en el pasado: Tenía yo 16 años y poco tiempo de haber llegado a Caracas, en aquel tiempo, trabajaba, durante el día en el hotel Terepaima, como botones y por la noche estudiaba bachillerato, por Parasistema, en el liceo J.M Núñez Ponte.

Casi todos los días cuando estaba a punto de salir a clases, se me acercaban algunos compañeros para recriminarme por el tiempo que perdía con la estupidez de asistir a clases, en vez de dedicarme a realizar actividades más placenteras como las que ellos me ofrecían: Vente con nosotros, unas amigas nos acompañarán a pasarla bien en una discoteca. El tiempo es el mejor testigo y creo que ha reivindicado mi decisión de rechazar tan tentadores ofrecimientos.

Retomando el hilo de lo que vine a contarles, es verdad que suelo desaparecerme, casi todos los días, al menos durante dos horas. Ese tiempo lo utilizo para asistir al gimnasio buscando mejorar mi condición física y por ende mi estado de salud. Sé que para algunos esa es una pérdida de tiempo, razón por la cual, quiero narrarles mi situación de salud pre y posperiodo de ejercicios. Soy diabético II; en consecuencia, mi tensión arterial es inestable; tengo dos hernias lumbares casi incapacitantes; sufro de severos desgastes en las articulaciones, tendones y ligamentos de las rodillas; Soy propenso al incremento del ácido úrico, triglicéridos y colesterol; el año pasado la oftalmóloga me detectó unos edemas maculares en ambos ojos; como guinda de la torta, el examen de antígeno prostático mostró un ligero recrecimiento de la próstata. Con todo este panorama, los bromistas, especie que abunda en nuestro país, me señalaron que estaba listo para pasar por la ensambladora nuevamente.

Todos los médicos consultados, sin excepción, desde sus diversas especialidades, pero en forma unánime, me han recomendado que, si quiero mejorar y conservar mi estado de salud, debo iniciar o continuar un programa de ejercicios físicos. Justo es reconocer que, a estas horas, que el ejercicio, sumado al consumo de vegetales y a la ingesta de un multivitamínico, lograron pulverizar los edemas maculares, algo que mi doctora calificó, casi que, como un milagro. El ejercicio, junto con la alimentación me ayudaron a bajar 41 kilos en 10 meses. Para combatir el dolor de columna debía tomar calmantes cada 3 horas e inyectarme vitamina B12, cada 6 meses, además, todos los días tenía que aplicarme frío y calor en la zona lumbar. En estos momentos, estoy llegando a 18 meses sin tomar calmantes y sin colocarme vitamina B12 -aun así, duermo 8 horas seguidas como un bebé- la fomentera y el gel refrigerado, reposan en el cuarto del olvido. La tensión arterial se encuentra estable; de los triglicéridos, ácido úrico y el colesterol, ya ni me acuerdo; el recrecimiento de la próstata ha disminuido; sin embargo, no tengo la panacea, por eso, sigo luchando con el problema de las rodillas, pero he logrado mejorarlo en un 80%, aproximadamente.

Antes de dedicarme en serio a hacer ejercicios, algunos me decían: Tú sí estas gordo, hazte un bypass. Ahora me dicen: estás flaco y envejecido, cadavérico. Otros me dicen, tú cómo aspiras vivir cien años. Yo les respondo: como no compré la vida, no sé si voy a morir mañana, Lo único es que, los días que Dios me conceda en esta tierra, pueda disfrutarlos con calidad de vida.

Concluyo este artículo prometiendo: Continuaré perdiendo dos horas diarias. Pero, tampoco quiero pecar de egoísta, por eso, invito a quien quiera acompañarme en esta dura, pero gratificante, tarea de preservar la salud, el bienestar y por ende la vida, de cada uno de nosotros.

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