Memorias de Voltaire -VI- | Por: Ramón Rivasaez  

 

Al tiempo que Voltaire disfrutaba de una breve temporada en el campo ginebrino, alejado de los vaivenes y las maledicencias de las cortes, los reinos de Inglaterra, Francia, Prusia y Polonia se enemistaban; más que todo por posesiones territoriales, y por la actividad de felibustero mayor que ejercía Albion contra sus vecinos.

Era 1756, la emperatriz reina de Hungría, tenía el firme propósito de recuperar su Alsalcia arrebatada por Federico II llamado el grande de Prusia, ex protector de Voltaire, en tanto, el Reino Unido dejaba a su libre albedrío a sus huestes de piratas que asolabanlos mares del Norte, causando pánico en navíos de Francia, Prusia e incluso descendían hasta la península ibérica, despojando de bienes y creando inestabilidad política en la región. Federico hizo su jugada, cambió de aliados, dejó Francia y se unió a Inglaterra, para luego invadir Sajonia, al declararle la guerra a la más débil, la reina de Hungría. De esa manera intentaba impedir el avance ruso a Prusia e igualmente el francés en su territorio.

En este asunto, Voltaire, cuenta»por esta singular maniobra, el marqués de Brandenburgo, por si solo, cambió todo el sistema de Europa. El rey de Francia para conservar su alianza, le envío al duque de Nivernais, hombre de talento, autor de muy lindos versos. La embajada de un duque y par, y poeta debía, al parecer, halagar la vanidad y las aficiones de Federico; pero se burló del rey de Francia y firmó el tratado con Inglaterra el mismo día de la llegada del embajador a Berlín; engaño con finura al duque y par y disparó un epigrama contra el poeta.».

Pero al rey Federico se le devolvió la pelota, luego de enviar una malhadada correspondencia a la marquesa de Pompadour, representada en la antigua favorita de Luis XV, madame Poisson, controversia que provocó la reconciliación de Francia y Austria, y la sumatoria de Rusia, Suecia, Hungría y la mitad de Prusia contra el marqués de Brandenburgo, quien quedó solo.

Pese a disponer de un ejército de más de viento cuarenta mil hombres, los países que le circundaban superaban los 400 mil efectivos castrense que le podían derrotar, si declaraba la guerra a alguno de ellos; de esa forma, por primera vez, Federico II el grande, había quedado en desventaja.

Sobre la posterior confrontación, Voltaire, relata «Ocurrió en esta guerra que cada parte comenzó por apoderarse de cuánto estaba a su alcance tomar. Federico se apoderó de Sajonia; Francia de los estados de Federico, desde la ciudad de Gueldres, hasta Minden, sobre el Weser, y se apoderó por cierto tiempo de todo el electorado de Hannover y de Hesse, aliado de Federico; la emperatriz de Rusia se apoderó de toda Prusia; éste rey derrotado primero por los rusos, derrotó a los austriacos y después lo derrotaron en Bohemia en 18 de junio de 1757».

La marcha de la guerra no le favorecía; estaba cercado por rusos, austriacos y franceses, entonces, desesperado, envía una carta a Voltaire para que oriente sus ideas, en esa correspondencia se incluyen unos versos, en los que también amenaza suicidarse si al final resulta arrasado por sus enemigos que le atenazan, que, irremediablemente, le cortarían el cuello.

En uno de sus versos, el rey Federico II el grande, se despedía: «Más siempre que renazca primavera fecunda/de su seno ofreciéndote las Flores olorosas/con un ramo de mirtos y rosas/acuérdate de adornar mi tumba».

Le aconsejé que abriera negociaciones con el mariscal de Richelieu y que imitara al duque de Cumberland,; me tomé, en suma, cuántas libertades puede uno permitirse con un poeta desesperado que está a punto de dejar ser rey». Pero no obtuvo respuesta del mariscal francés, entonces, optó por atacar las fuerzas galas, dice Voltaire.    Pero ocurrió lo insólito, decidió atacar a los franceses e imperiales e informó a su hermana, la señora margrave de Baireuth, que iba a dejarse matar en combate, pero, Voltaire, al respecto, observa «Fue más afortunado de lo que decía y pensaba. El 5 de diciembre de ,,1757 esperó al ejército francés e imperial en una posición bastante ventajosa, en Rosbach, en las fronteras de Sajonia; y como había hablado tanto de dejarse matar, quiso que su hermano, el príncipe Enrique, a la cabeza de cinco batallones prusianos destinados a sostener el primer empuje de los ejércitos enemigos, mientras su artillería los cañoneaba, y su caballería atacaba a la del adversario, cumpliese por él lo ofrecido».

Su hermano resultó herido levemente en combate, y aparentemente, fue el único, al tiempo que las tropas francesas e imperiales de dispersaban en desbandada, ante la primera descarga; lo que constituyó una de las más vergonzosas fugas, al decir del controvertido escritor al describir la batalla de Rosbach. Esta circunstancia le dió alivio momentáneo a Federico II el grande, que, sin embargo, seguía bajo el temor del poderío de sus vecinos.

 

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