Magia y dolor en estos días de santos y de muertos | Por: Clemente Scotto Domínguez

 

      “Recuerda siempre, del polvo vienes y en polvo te convertirás” mensaje de credo religioso

El primero y segundo día de noviembre, están guardados en nuestra memoria infantil con el mágico encanto de velas encendidas a las ánimas, impuesto silencio respetuoso en casa, visita al cementerio con ramo de flores y mención santiguada para la abuela, para mi padre, y para una lista oral con los nombres de mujeres y varones vinculados a la familia, los cuales mi madre honraba al mencionarlos en estos días; para mí eran un solo día duplicado; el primero de los santos y el segundo corresponde a los “difuntos”, a los que hoy mencionamos sencillamente como los muertos, palabra que resulta más llana, menos solemne y por tanto más familiar, hacia esas personas que de alguna manera nos acompañan, vinculadas a la familia de los afectos y que nos precedieron en el ineludible paso de la vida que es la muerte.

En nuestra cultura humana la muerte tiene una aceptación importante en la vida de la comunidad, y generalmente comporta rituales de memorias y acompañamiento en lo que se percibe como un tránsito hacia otra dimensión; el significado que “la vida” del ahora muerto, haya tenido en la vida de la comunidad dará motivos para la manifestación y prolongación de esos rituales, así como la convocatoria para la asistencia a diversos integrantes de una comunidad ampliada. Tanto nuestros ancestros aborígenes, como los ancestros venidos con su carga de latinidad, nos han aportado esa significación a estas jornadas de conmemoración a los “santos”, esas personas cuyas acciones en vida nos merecen el mayor respeto y sobre todo a los “muertos” en general, de los cuales guardamos diversos recuerdos, de algunos apenas la mención de haber existido; sin embargo de todas ellas hacemos consciencia al recordarlas en su pertenencia a nuestra comunidad imaginaria.

Cuando ocurre la muerte, los “dolientes” familiares y amigos del muerto con sus rituales, “se comportan como si hubiera una significación moral en el cadáver. Ignoran el hecho de que los “últimos restos” son justamente eso, el material que en el momento de su fallecimiento proporcionaba el medio de expresión para una vida humana…. las toneladas de materia que en un momento u otro fueron parte de un ciudadano de edad que ha fallecido, ya se han dispersado en todo el ecosistema terrestre. Una pequeña parte de las moléculas de la persona muerta están en órbita alrededor de la Tierra o el Sol. La incineración de la materia que estaba en ese cuerpo en el último minuto, simplemente acelera un proceso inevitable”; así nos describe el evento George C. Williams (1926-2010), importante biólogo evolucionista del siglo XX.

De modo pues que, cuando fallecemos la materia que constituía nuestro cuerpo se recicla en los ecosistemas de la biosfera; igual como ocurre con todas las formaciones de nuestro cuerpo que muere y se renueva cada día… ¿cuántos son los kilos de uñas, de pelos, de piel y tantos otros desechos que desalojamos desde nuestra materialidad corporal que nos sostiene como persona durante toda nuestra vida?; de tal modo, que vivimos muriendo permanentemente, por lo que al final terminamos convertidos en polvo de estrellas.

Recuerdan aquella expresión que aprendimos en el bachillerato, atribuida a Lavoisier (1743-1794)  “La materia y la energía no se crea, ni se destruye, sólo se transforma”; el autor polaco británico Jacob Bronowski (1908-1974), filósofo, poeta, crítico literario, físico y matemático, en un artículo publicado en 1968, titulado “Biografía de un átomo” nos dice “Usted morirá, pero el Carbono no morirá. Su existencia no finalizará con usted… ese Carbono retornará al suelo y allí una planta lo absorberá de nuevo y lo ingresará una vez más al ciclo de la vida vegetal y animal”.

Como expresa Ernesto Rodríguez en unas notas sobre “la química de nuestro cuerpo…”, “En el universo la materia se recicla. Los cielos están repletos de estrellas que fabrican elementos, unas estrellas que eventualmente pueden explotar y liberarlos, y esos elementos liberados pueden recombinarse de nuevo cuando una nueva estrella se forma. Los átomos que llegaron a nuestro planeta formaron parte de innumerables soles anteriores. Cada galaxia, estrella o persona es el receptáculo transitorio de partículas que han pasado por los nacimientos y muertes de entidades durante varios lapsos en vastas extensiones del espacio. Las partículas que forman nuestro cuerpo han viajado durante miles de millones de años a través del universo… ¡y mucho después de que nosotros y nuestro planeta hayamos desaparecido formarán parte de otros mundos! … ¡¿no es estremecedor pensar en estas cosas? !!!”

Las moléculas que constituyen nuestro complejo sistema organizativo como ser vivo, surgieron en remotos eventos estelares. El estallido de las supernovas  dispersa átomos de la estrella muerta a través de las galaxias. Las supernovas promueven el movimiento de átomos de un sistema estelar a otro; de tal modo pues, que los elementos de nuestro cuerpo tienen una historia tan larga como el mismo universo.

Si bien nuestra existencia como ser vivo se extingue con la muerte del cuerpo que la sostiene, en nuestra cultura las comunidades, por inteligencia sanitaria y con la significación de cada vida en el proceso de formación y renovación  permanente del convivir, guardan el respeto de memoria a los muertos y han construido espacios especiales para guardar los osarios, bajo la forma de cementerios y memoriales, que se protegen como lugares de paz, de oración, de respeto para aquellos que mantienen su memoria. ¿cuántas viudas, cuántos viudos, cuántos hijos, cuántos padres, cuántos amigos-hermanos, cuántos devotos, tienen en esos espacios refugio a su aflicción, acogida a su plegaria, consuelo para su duelo?. En muchas ocasiones resultan lugar de sanación a la angustia por las ausencias.

En muchos países de nuestramérica, de manera destacada México, la celebración del ritual de los santos y los muertos se constituye en una festividad de re-encuentro con los ancestros y reunión de la familia sembrada en otra dimensión, quienes “vienen a visitarnos y regalarnos con su presencia”. En estos días los mexicanos y mexicanas les llevan muchas flores y comidas, porque su presencia renueva el afecto, la identidad y la alegría de no estar aislados sino al contrario integrados y pertenecientes a un conglomerado humano con historia y arraigos. El año 2017 la película “coco”, con un extraordinario fondo antropológico y una magia, capaz de encantar desde los más pequeños hasta los más viejos, se constituyó en un gran éxito cinematográfico; también otros films y estudios han constituido factores que contribuyen a la presencia en todos nuestros ámbitos del conocimiento y conciencia de la intensidad simbólica  de ese evento que celebra con calaveras de chocolate, con música de fiesta, con ornamentos florales abundantes y hermosos y con una exhuberante danza de esqueletos que desborda los cementerios e inunda las calles de distintas ciudades de México, a la par que convoca a millones de personas tanto del país como del mundo.

Esos espacios toman una significación trascendente en la memoria de los pueblos que impulsan al arraigo y la identidad con el territorio y la historia de la comunidad y del sentido de pertenencia de sus integrantes. Los cementerios están íntimamente ligados a esa etnicidad que hace de un conglomerado de personas una comunidad, una identidad de pueblo, con memoria de su existencia y permanencia en un territorio. Por cierto esos rituales y celebraciones nada tienen que ver con la comercial fiesta de Halloveen, extraña a nuestras tradiciones, que nos pretenden imponer desde los Mall de EEUUA por los seguidores del consumo.

Reciente información de redes nos resulta alarmante y provoca indignación “A plena luz del día, Israel destruye otro cementerio palestino en la Jerusalem ocupada, arrasando tumbas palestinas para dar paso a un “parque temático” de colonos israelíes ilegales. Se trata de una limpieza étnica y un crimen de guerra”. En efecto el propósito sionista de extinción al pueblo palestino, no sólo abarca la ocupación forzada de su territorio ancestral, también el genocidio de sus habitantes y el etnocidio a sus elementos culturales que le dan identidad, arraigo y pertenencia; el propósito es borrarlos de la faz de la tierra. ¿cómo no indignarse ante tal grado de impiedad delante de nuestros ojos en este siglo XXI?

Mientras los sionistas actúan a conciencia de sus actos, hay mandatarios indolentes en nuestro país, de manera especial conozco y destaco el cementerio general del sur en  Caracas, que en abandono a sus responsabilidades, han permitido y con ello promovido la inseguridad y el irrespeto por violación a panteones funerarios que realizan “mineros” de piezas de oro en prótesis y otras joyas así como “paleros” de religiones interesadas en “apropiarse del muerto”, que han removido las tumbas de “los restos” de personas muertas, con los daños antropológicos que de ello se derivan a sus dolientes vivos. La maldad consciente por unos, así como las consecuencias  de la estupidez causada por los otros, ¡son condenables!

Salir de la versión móvil