LOS DOS TERREMOTOS Y EL DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE | Por: Francisco González Cruz

 

Francisco González Cruz

¿Qué relación tienen los dos terremotos con el desarrollo humano sostenible? ¿Qué tienen que ver esos fenómenos con la ecología integral? Cuatro de los pilares del desarrollo como los son el capital social, la economía humana, la sustentabilidad y el desarrollo local ¿cómo se comportan en la tragedia que afecta el centro – norte – costero de Venezuela?

Esas preguntas tratamos de responderlas en la Cátedra de Desarrollo Humano Sustentable que dirijo en la Universidad Valle del Momboy, con los estudiantes en varios equipos de trabajo. Lo que se escribe a continuación es una síntesis de esos trabajos.

1.- El Desarrollo Humano Sustentable propone colocar en el centro de las decisiones la ampliación de las capacidades de las personas, la equidad en el acceso a los recursos y el resguardo ecológico para asegurar el bienestar de las generaciones venideras. Esta perspectiva teórica adquiere una dimensión ética mucho más profunda cuando se analiza bajo el concepto de Ecología Integral que establece que todo está interconectado: lo humano, lo social y la naturaleza.

2.- La tragedia del 24 de junio no es solo un desastre natural; es una prueba de que nuestro camino hacia el desarrollo humano sustentable estaba, en realidad, lleno de vulnerabilidades. No estamos hablando de una tragedia aislada. también forma parte del resultado de años de desinversión, de protocolos inexistentes y de una economía que se ha contraído hasta dejarnos sin recursos para lo más fundamental: “Salvar Vidas”.

3.- Capital social: La respuesta social frente al devastador «doblete sísmico» ha consolidado un alto capital social de solidaridad civil, mitigando las fracturas logísticas mediante una movilización comunitaria e internacional sin precedentes. Ante la peor catástrofe telúrica del país en más de un siglo, la articulación entre ciudadanos, brigadas especializadas y agencias globales ha sido el motor de las operaciones de asistencia.

La respuesta de la ciudadanía ha sido el punto más luminoso en medio de la tragedia. A pesar de la profunda crisis económica previa, la población demostró una capacidad de organización orgánica e inmediata. Imperó la solidaridad vecinal, se activaron redes de apoyo y plataformas civiles digitales para coordinar centros de acopio en tiempo real, localizar personas y articular apoyos.

En cuanto a los bomberos, defensa civil, los profesionales de la salud a pesar de trabajar históricamente con presupuestos limitados y deficiencias de equipamiento, su mística de trabajo y rapidez han merecido el reconocimiento de la ciudadanía. También es muy bien evaluada la actuación de las iglesias, en particular Cáritas.

La magnitud del desastre movilizó una enorme respuesta internacional. Más de 4.000 brigadistas extranjeros, equipos caninos y       toneladas de asistencia llegaron desde países de la región y del mundo, incluyendo a El Salvador, Colombia, España, México, Chile, Suiza, Países Bajos, Estados Unidos,    Argentina, Costa Rica y Jordania, entre otros, que operaron y aún operan sobre el terreno.

Las críticas más severas se manifestaron en la respuesta del Estado y sus dependencias, las cuales fueron en general tardías, lentas, torpes y centralizadas, más orientadas al orden público que al salvamento de vidas y atención a las víctimas.

4.- La economía humana parte de la premisa de que los procesos de intercambio, distribución y producción de bienes deben estar subordinados a la preservación de la vida digna, rechazando la explotación de las necesidades humanas en momentos de vulnerabilidad.

La respuesta del sector productivo y comercial frente a los terremotos del pasado 24 de junio de 2026 configuró un ecosistema donde la priorización del abastecimiento crítico y la gratuidad de servicios esenciales mitigaron el colapso logístico institucional. Frente a un Estado con capacidades sobrepasadas y un control centralizado que ralentizó las operaciones, el sector privado, desde las grandes corporaciones hasta los microempresarios, productores agrícolas, transportistas y otros sectores asumieron un rol de primera línea que salvó vidas en los días más oscuros tras los sismos. Pese a los severos daños sufridos en los inventarios y la infraestructura comercial de la región centro-norte costera, los actores económicos privados activaron mecanismos de contingencia humanitaria inmediatos.

Los brotes especulativos que se presentaron, y aún se presentan, en particular en el campo de la maquinaria pesada para remover escombros, son localizados.

Mientras que la respuesta estatal se vio entrampada en alcabalas e instrucciones políticas burocráticas, el circuito económico privado actuó bajo una premisa ética de urgencia. La solidaridad corporativa y el desprendimiento de los productores y transportistas demostraron que, en momentos de quiebre absoluto, el tejido económico del país es capaz de operar con un profundo sentido de corresponsabilidad humana.

5.- Sustentabilidad. Desde la Ecología Integral, la destrucción material es la manifestación de una crisis socio-ambiental previa, donde las decisiones humanas han ignorado las características y los límites físicos del entorno natural. Al analizar las causas de los colapsos, se evidencia una violación sistemática e histórica de las normativas vigentes sobre la adecuada ocupación del territorio. Durante las últimas décadas, la región centro-norte-costera ha experimentado un crecimiento demográfico desordenado, lo que derivó en la expansión de asentamientos habitacionales informales sobre laderas de alta pendiente, terrenos inestables y cuencas fluviales propensas a deslizamientos. El Estado y las autoridades competentes permitieron la consolidación de estas viviendas en zonas de alta amenaza sísmica sin ofrecer alternativas habitacionales seguras, configurando un escenario de vulnerabilidad extrema que transformó un evento natural en una catástrofe social.

El manejo de los asuntos post sismos acusas graves violaciones de la dignidad de la persona humana y a los sistemas ecológicos naturales que tendrán consecuencias futuras.

6.- Desarrollo Local. El comportamiento vecinal fue un ejemplo histórico de autogestión, cohesión comunitaria y heroísmo ciudadano, contrastando con una respuesta inicial fragmentada y rebasada por parte de las alcaldías y autoridades locales. Mientras que las redes comunitarias suplieron las primeras horas de vacío institucional mediante brigadas civiles de auxilio, las administraciones locales se vieron severamente limitadas por la centralización de los recursos de emergencia, la pérdida de comunicaciones y el colapso de sus propias sedes.

El análisis del desarrollo local frente a una catástrofe de la magnitud del doble terremoto nos obliga a mirar el territorio desde su escala más pequeña y cercana: el municipio, la parroquia y el barrio. En esta dimensión microscópica, la diferencia de velocidad, prioridades y empatía entre los ciudadanos y el poder político local se hizo radicalmente evidente.

La parálisis inicial de los gobiernos municipales obligó a subordinar todas las decisiones a las directrices de los ministerios y del gobierno central, un centralismo operativo que restó velocidad a la ayuda y que demuestra la necesidad de replantear los modelos de gobernanza local para otorgar verdaderas capacidades de gestión de riesgo a las regiones.

Conclusiones: La experiencia de los dos sismos demuestra que el capital social y la solidaridad comunitaria son el activo más valioso del país, pero no sustituyen la urgente necesidad de una planificación territorial rigurosa, una fiscalización constructiva sin corrupción y un sistema de respuesta institucional descentralizado.

La experiencia nos obliga a asumir la sustentabilidad como un eje transversal y obligatorio de la planificación pública. La Ecología Integral nos recuerda que no es posible cuidar a las personas sin atender simultáneamente el territorio donde habitan.

Finalmente, concluimos que es urgente transformar la cultura de atención reactiva ante emergencias que impera en el país por una política de prevención y mitigación de riesgos a largo plazo. Esto demanda una descentralización real que otorgue competencias financieras y técnicas a las alcaldías y comunidades organizadas, así como una aplicación rigurosa de las leyes de ordenamiento territorial y los códigos de construcción antisísmica.

El desarrollo de la nación solo será verdaderamente sustentable cuando comprendamos que la seguridad y la dignidad de las comunidades dependen de nuestra capacidad para habitar el territorio con responsabilidad, ciencia y respeto por la vida común.

 

 

 

 

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