
Por Oswaldo Manrique
Desde Bogotá, huye con los capitanes Juan Esteban y Pedro Garcia de Gaviria, otros de sus seguidores, y sus hijos. Entre el 15 y 20 de octubre de 1560, de paso para Trujillo, al culminar la Cuesta de la Mocotí, se acerca a la aldea Bomboy. Bajando por Kombokito, se detiene y le dice a su fiel lugarteniente:
- ¡Estamos en el quinto pino y mirad lo que me encuentro! Señalando con entusiasmo y regocijo la pequeña y hermosa aldea indígena Bomboy. Habla el legendario conquistador español, jinete emprendedor, hábil espadachín, acompañado de arcabuceros, su nombre Juan Rodríguez Suárez, el Caballero de la Capa Roja, fundador de Mérida. A lo que le responde el preocupado y moderadísimo Esteban:
- Capitán, vamos con la hora pegada en donde la espalda pierde su noble nombre. Suarez, cansado y con su humor negro, le coincide con:
- Sí, vamos con la prisa de los que huyen. Su ferviente compañero le replica:
- ¡Estáis hecho polvo Capitán! El Caballero de la Capa Roja, hace seña, se movilizan con el intérprete y entran, van al yermo solar y centro del caserío, donde son bien recibidos por los habitantes. Al rato están brindando en la fila de asientos de piedra, desde donde podia observar el movimiento de trueque de productos agrícolas, mantas, tejidos, cestería y artesanías, y alzando la jícara de barro y viendo la expresión jovial de aquellos anfitriones, que se acercaban a verlos y compartir, le dice a su fiel compañero:
- ¡Esto es la leche, Juan! ¡Esto es la leche! Dándole a entender la grata sensación de estar con aquella gente, y apreciando el frescor y buen sabor de la chicha de maíz, que le habia brindado una de las mujeres de la aldea.
Llegando a la ciudad de Trujillo, su paisano Diego García de Paredes le dio protección y se negó a entregarlo a las autoridades del Virreinato. El Capitán Fundador lo designa en el importante cargo de Teniente de Gobernador de Trujillo, pero ansioso de involucrarse en la conquista de los Caracas, le dan tropa y sale a combatir. A los pocos días, se conoce la noticia, que los aborígenes asaltan un campamento minero donde mueren 3 de sus hijos, por lo que se intensifica la persecución y ofensiva contra los indígenas.
*
Hace varios años, escribí acerca de la plaza Bolívar de La Puerta, publicado con buena recopilación de datos, historiográficos y de la oralidad comunal, que han venido difundiendo los estudiantes y otras personas interesadas en los monumentos de esta Parroquia. Cumpliéndose este 2026, los 83 años de su inauguración, con motivo de los 160 años del nacimiento del Libertador, que lo fue en 1783, en esta interesante composición de años, vale la pena compartir nuevos e interesantes datos de la plaza.
Una pequeña valoración histórica, nos sirve para introducirnos en uno de los lugares emblemáticos de los trujillanos, que cada día, cada semana y año recibe a visitantes de distintos lugares del planeta.
Desde tiempos inmemoriales, este espacio social, fue el centro de los primeros pobladores del Valle, en el que ocurrieron sus más importantes actividades cotidianas y gestos de hermandad como el brindis de la chicha de maíz a los visitantes, o de encuentros violentos como el que sostuvo con los marañones del capitán portugués y primer encomendero de este lugar Tomé Dabuyn a finales del siglo XVII.
La peligrosidad de una emboscada y ataque de los indígenas rebeldes, así como la boscosidad y el frío intenso de los páramos en aquel tiempo, obligaba a los invasores europeos a buscar refugio en las aldeas indígenas pacíficas, fueron varios los capitanes que tomaron posada en este pacifico sitio.
El año de 1608 fue dramático, el Obispo Alcega, convierte la aldea Bomboy en un pueblo de concentración de indios esclavos encomendados y comienza a darse el traslado de los Escukeyes, Xaxoes, Esnujakes y otras familias de nación Timotes, censándolos en este yermo solar.
Cuando varía la condición social del indio esclavo, este fue el sitio donde se reunió el 14 de noviembre de 1687 la población aborigen, para el censo y formalizar el decreto del Rey de extinción de las encomiendas y dar una media libertad a los indígenas.
En 1777, aquí en este yermo lugar, se reunió la indiada con el Obispo Mariano Martí en su revisión y visita pastoral, encontrando 349 almas. Luego, ocurrieron concentraciones como las de 1781 y 1783, al insurgir contra el gobierno del Rey de España, y a la vez, manifestar su adhesión al movimiento liberador de Tupac Catari. Antiguamente Plaza Real era la denominación que se le daba en tiempos de la Colonia al espacio central de los pueblos, en honor al Rey de España, y como símbolo del régimen monárquico.
En 1810 se paró aquí, la india tributaria María de la Paz Bomboy, cargando al último de los descendientes de Bomboy el caudillo indígena, antes de entrar al templo de San Pablo, para que el prócer independentista y padre protector Francisco Rosario lo bautizara.
Un tiempo, la plaza central de La Puerta fue tal como la describió Mario Briceño Iragorri <<solo un solar abierto sembrado de menuda hierba por donde estuvo corriendo una acequia de agua cristalina que abastecía los moradores>>; corresponde esta descripción física a la primera década del siglo XX.
En 1887, fue espacio de guerra, violencia política y pillaje, en el conflicto entre las tropas de los llamados “Ponchos” (Oligarcas) y los “Lagartijas” (liberales).
Hasta 1891, en que fue despojada de sus tierras, fue el principal espacio social de la tranquila comunidad indígena Bomboy, conocida por muchos años como Resguardo Indígena de La Puerta. Esta es una época de interés por los hechos históricos que ocurrieron, uno de sus visitantes más relevantes llegó en 1883 en su juventud, siendo estudiante universitario, y en 1888, ya graduado de médico, la visitó con atención el hoy Santo de América, Dr. José Gregorio Hernández, que tuvo la perspicacia de calificarlo para la posteridad, como un pueblecito histórico.
Un antiguo cronista la describió: <<La plaza era el escenario de los grandes acontecimientos del pueblo: en torno a ella se hacían las procesiones religiosas, los paseos de las bandas de música en los días de fiesta, las corridas de toro, las corridas de cinta. Pero cotidianamente no era sino el principio y fin de las calles del pueblo y de todos los caminos que conducían a él>>(Abreu, 43), también escenario de hechos de guerra, en tiempos de caudillos.
En 1915, aquí se concentró y salió la tropa de los caudillos antigomecistas el legendario coronel Sandalio Ruz, el coronel Américo Burelli, a enfrentarse alas fuerzas leales al gobierno comandadas por el coronel liberal Felipe Uzcátegui el popular “Tragabalas”, éste, recuperó la plaza a los pocos días, como símbolo de poder.
José Rafael Abreu, en 1969, escribió que, <<hasta 1930 había alrededor de la plaza solamente 11 casas y en una de ellas, que aún existe, hubo una pulpería, propiedad de doña Chinca Briceño y que, para 1900, era la única del pueblo>> (Abreu).
El señor José Rafael Abreu, en su memorial resume que, <<eso fue la plaza hasta 1942, cuando un grupo de vecinos con entusiasmo y aliento patriótico se reunió en una asamblea popular a fin de formar una asociación que se denominaría “Junta pro plaza Bolívar>>.
El Decreto Presidencial que dotó el emblemático espacio.
En 1942, el Dr. Numa Quevedo, Presidente del estado Trujillo, decretó la construcción de la llamada “Plaza Pública”. El texto del Decreto es el siguiente:
<<Construcción de la Plaza de La Puerta.
Dr. Numa Quevedo.
Presidente del Estado Trujillo.
CONSIDERANDO:
Que en casos muy especiales, como el presente, la construcción de una plaza constituye una necesidad de carácter colectivo, en uso de sus atribuciones legales,
DECRETA:
Artículo 1° Procédase a la construcción de la Plaza Pública de la población de La Puerta del Distrito Valera.
Artículo 2° Se comisiona para la dirección técnica de los trabajos, al ciudadano Ingeniero del Estado.
Artículo 3° Los gastos que ocasione el cumplimiento del presente Decreto, serán por cuenta del Capítulo XXI “Obras Publicas”, Partida 383 del Presupuesto General de Rentas y Gastos Públicos del Estado.
Artículo 4° Comuníquese, publíquese y dese cuenta a la Asamblea Legislativa del Estado, en sus próximas sesiones ordinarias>>; este apartado presupuestario nos indica que la plaza fue construida al año siguiente: 1943. (Memoria y Cuenta de la Secretaria General de Gobierno. Año 1942)
El salto de Plaza Pública a Plaza Bolívar de La Puerta.
El grupo de técnicos e ingenieros de la Gobernación, diseñaron un hermoso proyecto que fue presentado a la “Junta Pro Plaza Bolívar”. A los pocos días de haber comenzado la construcción de la Plaza, el mismo gobernador, informa al Jefe Civil, don Gonzalo Viloria, que el general Isaías Medina Angarita, había donado el busto del Libertador, para que se instalara en un buen pedestal con placas de mármol y los correspondientes epígrafes recordatorios, ahí se produjo un embellecimiento espiritual de la obra, lo que agradó a la gente y artesanos de la comunidad procedieron a construir un hermoso pedestal sobre el que se alojó el sobrio busto del Padre de la Patria, por lo que dejó de ser la “Plaza Pública”, y pasó a llamarse Plaza Bolívar.
El mismo Abreu dejó referencia de este hecho, señalando<<entre los contribuyentes a Don Rafael González Briceño, quien además de tomar parte activa de la junta, dio la cantidad de 500 bolívares, que en aquellos tiempos era una suma respetable y a Don Gonzalo Viloria, quien como Jefe Civil, vigiló personalmente los trabajos de construcción. El busto del Libertador así como las placas de mármol con inscripciones conmemorativas, fueron donadas por el Presidente de la República, general Isaías Medina Angarita; el pedestal fue construido por artesanos de la localidad>>(Abreu, 44). Todo el cemento utilizado en esta obra, fue obsequiado por el Ejecutivo regional.
La gente sorprendida y alegre, bromeaba y echaba cuentos, cuando llegó el busto a la Casa Municipal fue un acontecimiento, lo iban a ver los niños y los mayores, aquella hermosa escultura de la cabeza y parte superior del tórax del general Bolívar que fue realizada por uno de los grandes estatuarios de la época, contratado por el general Medina. Algunos decían: – ¡Llegó la autoridad!, lo que nunca molestó a don Gonzalo, destacado medinista.
Esta obra, es contemporánea a la apertura del Hotel Guadalupe, el arreglo de la carretera Valera-La Puerta, y con la inauguración del Aeropuerto, que dieron un fuerte impulso al turismo trujillano.
La nueva Plaza fue inaugurada el día de San Simón, 28 de octubre del año 1943, como tributo a los 160 años del nacimiento del Padre de la Patria.
Tres años después, cuando el Presidente Medina es derrocado por un golpe militar, se produjo en este espacio, el alzamiento armado y posterior encarcelamiento de Gonzalo Viloria el entusiasta conductor de la obra de construcción de la Plaza, quien junto al legendario Pancho Delgado y otros vecinos, salieron en defensa del Presidente de la República, que les hizo la Plaza y donó el busto de Bolívar.
En los años 80, volvió a ser espacio de rebeldía y punto de encuentro de la más selecta y variada representación intelectual, ambientalista, social, artística, universitaria y cultural del país, motivada solidariamente por la arremetida del urbanismo depredador en La Puerta. Aquí plantó su canto solidario con esa lucha, Alí Primera y la Trova Bolivariana.
El poeta nativo de la vecina población de Timotes, Pedro Pablo Paredes, destaca una hermosa descripción de la nueva Plaza, construida en 1943, escribió: <<Nos inspira afecto especial, mucho más que cualquier cosa, la plaza principal del pueblo. Con sus árboles, con sus matas, con sus flores, todo simétricamente dispuesto. Con sus andenes, siempre limpios y acogedores. Con su padre de la Patria en el centro: cordial y grave al mismo tiempo, inagotable en su elección moral. Desde esta plaza lo atalayamos todo. Los vecinos que pasan afanosos. Los pájaros que revuelan, juguetones, entre el follaje. Las nubes que, arriba, pasan y pasan. Del Momboy (Bomboy) que a muy pocas cuadras, da su regalo de frescura. El monte imponente. El monte sube del lado oeste del pueblo, casi vertical. Nos quedamos largo tiempo columbiándolo>>(Pedro Pablo Paredes).
La Plaza de hoy, no se parece a la que detalla con alto vuelo el poeta Paredes, pero sin duda alguna, sigue siendo un espacio donde se puede sentir la esencia andina, la fibra de los nativos de la Serranía de La Culata y su legado cultural y tradiciones populares y religiosas. Todos la paseamos, caminamos, la vemos, la usamos, pero muy pocos conocemos su historia o el bojote de historias y vivencias que hay detrás de ella. Ahí les dejo eso.
¡Mantente informado! Síguenos en WhatsApp, Telegram, Instagram, TikTok, Facebook o X







