En el libro Dimensión humana y comunitaria del dinero, publicado por el Banco Central de Venezuela, exploramos una tesis que hoy cobra más vigencia que nunca: el dinero no es un objeto inerte ni una cifra fría en una pantalla; es, ante todo, un conector de realidades humanas. Es un flujo de energía que vincula nuestras necesidades con nuestras capacidades.
Sin embargo, en la práctica diaria, solemos cometer el error de mirar sólo el «cuánto» (la cantidad), ignorando el «cómo» (la cualidad emocional) de ese flujo.
Hoy quiero proponerles un ejercicio de observación que he denominado la Pigmentación de las Relaciones con el Dinero. Así como la luz blanca se descompone en colores al pasar por un prisma, la forma en que adquirimos nuestros recursos tiende a teñir nuestro mundo interior de tonos muy distintos. Reconocer estos colores no es un ejercicio meramente intelectual; es una herramienta de supervivencia y autonomía que hemos venido explorando y validando con los participantes del programa La Imagen del Dinero. Lo que comparto aquí no es teoría «agarrada por los cabellos», sino el resultado de un proceso de observación, experimentación y aprendizaje compartido que nos permite hablar desde la fenomenología.
El espectro de la adquisición transaccional
La forma más común de vincularnos con la abundancia es a través de las transacciones: el intercambio directo de nuestro tiempo, conocimiento o bienes por dinero (incluyendo aquí el interés recibido por los ahorros o el retorno que genera una inversión). Pero, ¿hemos notado que no todos los intercambios «se sienten» igual? Es aquí donde aparece la pigmentación emocional, no como una sentencia fija, sino como un abanico de tonalidades y ondas:
El Tono de la Dependencia (Relación de Empleo)
Cuando el dinero llega vía sueldo o salario, la vivencia emocional suele transitar entre polos que no son «buenos» ni «malos» por sí mismos, sino funcionales según cómo aprendamos a gestionarlos conscientemente como procesos de aprendizaje. En una faceta, este ingreso podría brindarnos confianza; un flujo previsible que permite proyectar el futuro con serenidad. Sin embargo, en la complejidad de nuestra biología y entorno, esa misma tonalidad podría transformarse en miedo. Es la sombra de la vulnerabilidad: la inquietud de sentir que nuestra estabilidad pende de la voluntad de un tercero o de un techo que no podemos traspasar. El miedo aquí no es necesariamente un enemigo; quizás sea una señal que nos avisa sobre nuestra percepción de falta de autonomía.
El Tono de la Autonomía (Servicios Profesionales y Negocios)
Para quienes ejercen libremente su profesión o gestionan una estructura propia, el matiz podría moverse frecuentemente entre la alegría y la ansiedad. La alegría surge de la voluntad propia, de la satisfacción de transformar el saber en libertad. No obstante, este color tiene un reverso posible: la ansiedad ante la incertidumbre. Sin una estructura externa de soporte, la presión por generar flujo podría percibirse como una carga. Lo valioso aquí es observar cómo transitamos entre el entusiasmo del logro y la tensión de la autogestión, integrando ambas sensaciones para no quedar atrapados en ninguna.
El Tono de la Resiliencia (Oficios y el «Rebusque»)
En nuestra cultura, la agilidad de quien «se rebusca» o «mata un tigre» representa un color vibrante y necesario. Podría manifestarse como la alegría de la astucia, esa capacidad de adaptación extrema ante el entorno y la sobrevivencia. Pero cuando esta es la única forma de adquirir recursos, suele asomarse la inestabilidad: el agotamiento de vivir en una alerta constante, sin las garantías que permitan un descanso real. Reconocer este tono nos permite valorar nuestra resiliencia sin limitar nuestras posibilidades a una sola forma de supervivencia.
El arte de integrar y diversificar
Es crucial comprender que entre estos polos existe una gama infinita de matices. No saltamos del miedo a la confianza como quien apaga una luz, sino que cuando nos damos cuenta de nuestras polaridades podemos “navegar hacia el medio”. Ser consciente de esa gama es la clave para tomar decisiones inteligentes. Cuando nos polarizamos (por ejemplo, al ver solo el miedo en el empleo), perdemos de vista el valor del flujo. Al integrar lo que nos incomoda, dejamos de proyectar frustraciones en el dinero y lo convertimos en herramienta de crecimiento.
Además de este arte de integrar, surge una necesidad imperativa: no poner todos los huevos en una sola canasta. La diversificación requiere que desarrollemos competencias no solo emocionales, sino también funcionales y profesionales. En tiempos donde la Inteligencia Artificial está desplazando formas tradicionales de obtener dinero por la vía transaccional, ampliar nuestra «paleta de colores» es una estrategia fundamental de soberanía.
¿Por qué pigmentar nuestra economía?
Mirar nuestros ingresos bajo este prisma explica por qué, a veces, aunque los números cuadren, nuestra sensación de posibilidad permanece bloqueada. La salud financiera exige un sistema cromático equilibrado que nos otorgue libertad de movimiento.
Si nuestra pigmentación proviene de una sola fuente, el territorio es pequeño y nuestra posición es frágil. La soberanía financiera comienza al reconocer estos colores para matizar, de forma deliberada y profesional, nuestra relación con el dinero. No se trata solo de paz mental; se trata de abrir el territorio de lo posible, transformando los recursos en un motor de diseño para una vida con mayor autonomía y propósito.
Próximamente exploraremos un matiz diferente: el color de la adquisición del dinero vía transferencia, para seguir ampliando este mapa de nuestras posibilidades.
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