Por: César Pérez Vivas
Ayer celebramos el Día de la Madre. Estoy seguro que, en la mente y en el corazón de muchos venezolanos, estuvo presente el rostro sufrido de una madre que no pudo celebrar absolutamente nada este domingo: doña Carmen Teresa Navas, madre del preso político asesinado Víctor Hugo Quero Navas. Una humilde matrona que, a sus 81 años, todavía no termina de comprender cómo ni por qué mataron a su hijo.
En estas horas todos hemos pensado en nuestra madre, en la madre de nuestros hijos, pero especialmente en las madres doblemente victimizadas por la crueldad de la dictadura chavo-madurista. Y entre todas ellas destaca doña Carmen, cuyo dolor no tiene parangón en la Venezuela de este siglo. Ella representa a la madre amorosa, luchadora y resiliente que, enfrentándose a un poder materialista, cruel y deshumanizado, logró obligarlo a admitir la verdad: su hijo no estaba desaparecido ni incomunicado; estaba muerto y enterrado.
El crimen cometido contra Víctor Hugo Quero Navas, preso político encarcelado en El Rodeo I y asesinado en julio de 2025, pone de relieve la naturaleza deshumanizada de la estructura criminal instalada en el poder político venezolano. Su madre es hoy el testimonio viviente y doloroso de la tragedia que padecen miles de familias venezolanas: una madre que reclamó hasta el último instante información sobre su hijo; que fue humillada, ignorada y victimizada por todas las instancias del poder público controladas por el llamado socialismo del siglo XXI.
El caso de Víctor Hugo Quero Navas constituye un testimonio inocultable de la degradación moral de un sistema político que abandonó cualquier principio jurídico o ético para convertir la disidencia en motivo de persecución, encarcelamiento y muerte. Este hecho, que ha estremecido a la nación venezolana en vísperas del Día de la Madre, revela el profundo daño causado a la familia venezolana por un modelo político y económico arruinador, empobrecedor, violento y criminal.
Más de nueve millones de compatriotas abandonaron el territorio nacional y millones de familias quedaron fracturadas. Hijos emigraron mientras padres, madres y abuelos permanecieron en Venezuela tratando de sostener el ciclo de la vida y cuidando a pequeños niños cuyos padres, empujados por el hambre y la desesperación, debieron partir hacia otros confines del mundo en busca del sustento diario.
Pero quizá lo más grave ha sido el afán de perpetuarse en el poder de una casta política y militar inspirada en el marxismo cubano, cuyos integrantes poco o nada se han preocupado por la familia venezolana. Tampoco les interesa la economía nacional sino como instrumento para su enriquecimiento, para sostener una vida de lujos y alimentar una ambición desmedida de poder y dinero, que convirtió a buena parte de esa cúpula política y militar en nuevos potentados de América Latina.
Cuando se revisan las denuncias sobre generales y dirigentes del PSUV con fortunas multimillonarias, bienes injustificables y capitales ocultos en paraísos fiscales, se comprende cómo un país entero fue saqueado y destruido por una ambición sin límites. Esa tragedia tiene su origen en la demolición de la institucionalidad democrática y en la cooptación de los poderes públicos para proteger a las mafias responsables del saqueo y de la destrucción de Venezuela.
En este Día de la Madre no podemos sino solidarizarnos con el sufrimiento de doña Carmen Navas y con el de miles de madres venezolanas que vieron morir a sus hijos atravesando el Darién o recorriendo la geografía suramericana en busca de un destino mejor. Son también las madres que padecen diariamente la separación de sus hijos, el hambre de sus nietos y las enfermedades asociadas a la pobreza y al abandono.
Ver a doña Carmen Navas, a sus 81 años, peregrinando de oficina en oficina del Estado para pedir información sobre el destino de su hijo, deja al descubierto la conducta criminal y deshumanizada de fiscales, jueces, carceleros, ministros y altos funcionarios que mostraron indiferencia frente a semejante tragedia humana.
Por eso, en esta fecha rendimos homenaje a todas las mujeres venezolanas que han tenido el coraje de salir a las calles para reclamar los derechos de sus hijos, exigir conocer el lugar de sus prisiones y demandar la liberación de los presos políticos.
No podemos eludir la obligación moral de tomar conciencia de esta tragedia para iniciar un camino de recuperación, sanación y reunificación de la familia venezolana. Ese camino comienza necesariamente por la justicia. No se trata de venganza, porque la venganza no forma parte del espíritu cristiano que anima a millones de venezolanos; pero sí es indispensable establecer responsabilidades.
¿Quién mató a Víctor Hugo Quero Navas? ¿Quiénes son responsables de la muerte del general Raúl Isaías Baduel en octubre de 2021? ¿Quién responde por las muertes de Jesús Martínez Medina, Jesús Rafael Álvarez, Osgual González, César Mayora, Jesús Gutiérrez González, Reinaldo Araujo, Lindomar Amaro Bustamante, Alfredo Díaz y Edison Torres Fernández, entre tantos otros presos políticos fallecidos bajo custodia del régimen?
¿Quién mató a esa larga lista de venezolanos encerrados en las mazmorras de la dictadura? ¿Quiénes son los responsables de esos crímenes?¿Quiénes los ocultaron? ¿Quiénes colaboraron para desaparecer cuerpos o esconder evidencias?
Esa es la tarea de la justicia. Establecer responsabilidades y sancionar a los culpables no constituye venganza; por el contrario, representa un acto indispensable de reparación moral para la nación y una condición necesaria para reconstruir la convivencia democrática.
Estos crímenes fueron cometidos desde el odio: el odio incubado en el corazón de quienes recibieron de Venezuela oportunidades para crecer y llegar al gobierno de la República, pero utilizaron ese poder con espíritu destructivo, con resentimiento social y con una ambición desmedida de riqueza y dominación.
La lección que, en la víspera de este doloroso Día de la Madre, nos ofrece doña Carmen Navas constituye una inmensa contribución moral al espíritu de la madre venezolana y a la reconstrucción espiritual y material de Venezuela.
Lunes 11 de mayo del 2026
