Tokio, 4 may (EFE).- Álbumes bajo el brazo, unidades limitadas, una demanda inabarcable y mesas donde desconocidas negocian con la calma de quien cierra un trato importante: el coleccionismo de pegatinas ha vuelto a Japón, y esta vez no parece solo un juego de niños.
«Ahora las pegatinas son más raras, tienen más valor y son más difíciles de conseguir, así que todo es más una negociación», define a EFE Naho Sakai, empleada de una cafetería de Tokio especializada en el intercambio de estos adhesivos, que ya cuenta con cuatro locales más repartidos por Japón, y una media de 1.200 clientes al mes.
La mecánica es sencilla: cada tarde, mujeres de todas las edades compran, acuerdan y negocian intercambios de forma calculada, mientras el personal interviene para garantizar que ambas partes queden satisfechas.
«Hemos establecido límites de tiempo y restricciones de compra», explica Sakai, quien pide a sus clientas que no despeguen sus cromos hasta que el trato esté cerrado. A partir de ahí, según describe, es común que las clientas se hagan amigas y salgan juntas a explorar las calles de la ciudad para ampliar su colección.

La escasez como motor
En varias tiendas del archipiélago cuelgan desde hace meses carteles que indican que no hay existencias, y muchos comercios limitan la compra a uno o dos sobres por persona ante una demanda que supera cualquier previsión.
«No se encuentran en ninguna parte y, cuando llegan, hay algunas que se agotan en unos 30 minutos», afirma la empleada, quien señala además el alcance casi turístico del fenómeno, con clientes que viajan desde Okinawa o Hokkaido solo para intercambiarlas.
Las más codiciadas (y las culpables de este nuevo auge) son las llamadas ‘Bonbon Drop’, lanzadas en 2024 por la firma nipona Q-Lia. Su doble capa de resina les da profundidad y un brillo que las distingue del resto del catálogo, con precios que rondan los 400 y 500 yenes por sobre (unos dos euros).
«Siento que ahora la gente le da mucha importancia al valor de la rareza», observa Sakai, quien según recuerda, en su época era todo más plano, y con intercambios mucho más «relajados y naturales».
Ya sea por la dificultad en conseguirlas o por la exclusividad de algunas de las colecciones, estas pegatinas se han vuelto toda una locura en el país, con personas esperando cada día a que se repongan las existencias, y un negocio de intercambio digno de película.
«El mero hecho de que mucha gente lo desee se convierte en una razón para quererlo, y ese deseo tiende a intensificarse cuanto más difícil resulta conseguir el producto», explica a EFE Ryo Hirose, investigador del Instituto NLI y experto en cultura del consumo, que define esta nueva fiebre como «un mecanismo inevitable».

El regreso de lo excesivo
Este auge es solo una señal más de la vuelta al conocido como ‘Heisei Retro’, un fenómeno que recupera la estética y cultura japonesa de finales de los noventa y principios de los dos mil, en un ejercicio de nostalgia entre lo analógico y lo digital.
Para las generaciones nuevas, acostumbradas a las recompensas digitales, la materialidad de estas pegatinas, o incluso el acto físico de pegarlas, resulta algo nuevo y atractivo.
«Más que consumir el pasado», señala el experto, esta tendencia «utiliza el pasado como material y lo reedita con los valores actuales», en una moda que actúa como una «pequeña forma de autoexpresión».
«Se trata de un medio para expresar, a bajo coste, qué es lo que te gusta y qué personajes o universos te atraen», resume Hirose, que ve en estos pequeños adhesivos la mezcla perfecta entre el «placer de un nuevo estímulo y la tranquilidad de los recuerdos del pasado».
Un ritual que no caduca
«Me encantan, ya tengo quince cuadernos», dice a EFE Yua, una niña de seis años que lleva coleccionando estas pegatinas desde hace ya dos años.
A su lado, su abuela le espera mientras coloca cada pieza e intercambia algunas otras con las empleadas de la cafetería, todas coleccionistas y reconvertidas por este mismo boom.
Sin embargo, este renovado auge ha dejado de ser solo un juego de niños, y las conocidas como «hermanas mayores de la era Heisei», como Sakai las llama, vienen también de manera recurrente a revivir los tiempos donde pegaron sus primeras pegatinas en los noventa.
Los objetos han cambiado, el relieve y la textura han sustituido al papel fino, pero el ritual es igual: elegir, ceder, ordenar la hoja o pegar con fuerza el adhesivo. «La forma de hacerlo y la dedicación siguen siendo las mismas», concluye Sakai, ante una nueva moda que vuelve a devolverle a su infancia.
Pilar Bernal Zamora






