¿Quién quiere elecciones y quien nó en Venezuela? Esa pregunta puede despacharse rápido con una respuesta sencilla: la gente decente quiere elecciones, la otra nó. La enorme mayoría del pueblo quiere elecciones libres, los empresarios y académicos también. Todos los partidos políticos democráticos piden que se convoque el proceso electoral. Los obispos venezolanos emitieron una exportación pastoral que dice: “el país requiere la realización de elecciones libres y transparentes”.
¿Quienes no quieren? Los que usufructúan el poder de manera ilegítima, los líderes de la dictadura, los que hacen negocios a su sombra y los que han violado los derechos humanos. Los que no quieren ganarse el pan con el sudor de su frente y viven de lo mucho o lo poco que les regala el régimen.
Quieren elecciones los que quieren vivir con dignidad en su propio país, los que añoran un país que funcione, que genere confianza, que goce de instituciones sólidas, que ofrezca servicios públicos eficientes, que la gente preparada y honesta conforme la burocracia del Estado. Los que quieren un buen sistema de salud y que la educación salga de la gigantesca crisis que padece.
No quieren elecciones los enchufados y alacranes que roban. Y los que medran a su sombra. Los que se conforman con la bolsa CLAP y los bonos, con el carguito miserable pero que les permite ir sobreviviendo. Tampoco los que tienen sus deudas pendientes por los favores recibidos de la dictadura, o los que están chantajeados por diversas causas poco honorables.
Exigen elecciones los que se saben capaces de prosperar con base a su propio esfuerzo, pero necesitan de un ambiente que les permita desplegar su espíritu emprendedor. También los desean regresar a reencontrase con su familia y su lugar.
Actualmente pueden votar unos 22 millones de venezolanos, de los cuales 5 millones deben votar en el exterior. La últimas encuestas realizadas demuestran que entre el 80 % y el 90 % de los venezolanos quieren elecciones, cerca de 20 millones. Queda “La cuota de Judas”, menos de 2 millones.
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