Hugo Boscán, entre el periodismo y la ficción | Por: Ramón Rivasáez

Impelido por el confinamiento que afecta hoy a gran parte de la humanidad, el periodista venezolano Hugo J. Boscán, se impuso un exilio voluntario; se marchó a Europa, donde hizo realidad su sueño, ver publicado su primer libro, sus memorias. Desde que abandonó su poblado, San José de Perijá, estado Zulia, hasta sus días de reconocido reportero de sucesos del más antiguo de los diarios del país.

Hugo J. Boscán (1942), nació para ser periodista, con más de 50 años en el ejercicio de la profesión, acaba de publicar el texto Mis caminos, editado en España, gracias a la conjunción de su comunidad familiar que satisfizo su inquietud, dar a la luz pública las peripecias y aventuras de un reportero de provincia que quiso descubrir la gran ciudad e intentar sobrevivir al caos urbano, al desquiciamiento que implica subsistir en las inmensas concentraciones humanas.

Este sobreviviente de la Caracas de las décadas de los sesenta y setenta, se refugió en el interior e hizo un diarismo apegado a la ética periodística; sus inicios fueron bajo la égida de Germán Carías Sisco, para entonces, redactor de Noti Rumbos, el periódico impreso en la radio, rezaba su lema, era 1959, y el joven provinciano recorrió lass emisoras Radio Mundial, Radio Aeropuerto y otras estaciones capitalinas hasta que se sació de la gran urbe  se estableció en Barquisimeto, donde durante más de dos décadas laboró en el decano de la prensa nacional, El Impulso.

Allí dictó cátedra de buen periodismo de sucesos, y luego de sabrosas crónicas sobre los villorrios larenses, con la gracia y sapiencia de quien domina a perfección el arte de contar, de narrar las cosas por su nombre, Boscán se quedó sin empleo. Llegó la gran oscurana, Venezuela perdió la mayoría de sus periódicos, desapareció el periodismo independiente.

Por fortuna, tres de sus hijos habían fijado su domicilio entre Holanda y España;   le tendieron puentes para que, el otrora gran reportero de sucesos, considerado uno los más notables de Venezuela, procediera a dejar plasmada sus memorias, sus correrías por los campos desérticos, abandonados por los agricultores que dejaron sus tierras luego que el actual régimen comenzara a practicar su publicitada “revolución bolivariana”. Boscán ya había relatado el drama venezolano a través de valientes reportajes donde los afectados denunciaban el despojo de sus pequeñas propiedades, antes fértiles hoy arrasadas y devastadas por el abuso de poder.

Pero aquella es otra historia, ahora nos ocupa su libro de relatos, en Hugo J. Boscán se repite la historia de periodistas de la estirpe de Antonio Pérez Carmona, Rafael José Alvarez, José Lira Sosa, Antonio Arráiz, Miguel Otero Silva,  Juan Páez Avila, Juan Gelman, Tomás Eloy Martínez, que han hecho un alto en la búsqueda de la noticia, para dedicarse a recrear y degustar en la ficción, en la narrativa todas sus experiencias, sus ricas vivencias.

Hugo J Boscán desanda sus caminos desde su lar nativo, San José de Perijá; viaja a través de sus aventuras y desventuras en el lomo de la información, y lo hace con propiedad, con la solvencia de quien ha vivido con intensidad sus relatos. Uno al leerlo evoca a Tom Wolfe, Hemingway, Rubén Darío, quien fue un gran periodista, Poe, o el mismo Gabo, que en todo momento agradeció haber sido antes periodista.   Una de las virtudes “boscaneanas” es su autenticidad para nombrar, contar; hay pasajes memorables en su libro, ejemplo en el capítulo Siete Trampas, que se acerca a las fabulaciones garciamarquinas, otra el referido al Caimán de Sanare, cuando corta la cascada de un tajo. Son chispazos creados para celebrar una narrativa en ciernes nada prescindible.

Aguardamos por nuevas sorpresas narrativas de este venezolano en el exilio, donde asido a la ficción trata de buscar otros caminos a esta realidad lacerante que nos agobia a los 30 millones de venezolanos que subsistimos bajo la opresión más terrible que pueda soportar un ser humano, la    ausencia cada vez más dramática de libertad de expresión.

 

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