“Siempre hay un instante en la vida de hombres como nosotros en que tomamos la decisión equivocada y cometemos, así, un error trágico”. Le dice Francisco de Miranda a Pablo Morillo, según escribe Francisco Suniaga en su excelente novela “El Pacificador”. “Ese yerro es usualmente producto de la ceguera por nuestra soberbia, sentimientos o ignorancia. A partir de ese instante, el cataclismo que ha de destruirnos comienza a gestarse; que se precipite sobre nosotros es cuestión de tiempo. Los antiguos griegos le decían hamartia…”. Aristóteles utilizó la palabra para describir una equivocación de juicio que sufre un héroe trágico que lo lleva de la fortuna a la desgracia.
Esta hamartia ha sido el infame acuerdo informado oficialmente por el presidente de los Estados Unidos y por la presidente encargada de Venezuela, mediante el cual se entrega al país del norte el control mayoritario de 17 yacimientos que representan unos 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo venezolano. Han informado además que este control está bajo la figura de concesión a la empresa North American Blue Energy Partners (NABEP), empresa registrada en Barbados en 2024 dirigida por el empresario venezolano Alejandro Betancourt, ampliamente conocido por las acusaciones de corrupción.
«El mayor acuerdo petrolero de la historia” logrado «sin costo alguno para el contribuyente estadounidense», aún no está claro en sus detalles, y las aclaratorias de parte y parte parecen haber oscurecido más el panorama. Lo cierto es que se ha negociado con total opacidad y con desconocimiento de las instituciones correspondientes.
Las gigantescas cifras que se anuncian, las expectativas creadas, las exageraciones hechas, las mentiras expresadas como esta de que “La segunda empresa petrolera más importante operando en Venezuela es North American Blue Energy Partners (NABEP” y otros detalles, también recuerdan, como lo hizo el ingeniero Adalberto Gabaldón hace días a propósito de los resultados de la mesa de negociación, aquella fábula de Esopo conocida como “El parto de los Montes, como que cuenta que una enorme montaña se empieza a mover y a rugir terriblemente, asustando a la gente que espera que de allí salga un monstruo gigantesco, pero cuando se produce la ruptura en medio de colosales estruendos, lo que sale en un pequeño ratoncito.
A esta alturas el pueblo venezolano está más claro que nunca, y así lo han testificado sus voceros más calificados, entre ellos la líder autorizada por su respaldo popular y sus conocimientos: María Corina Machado. Frente al deshonor de ese acuerdo ha reaccionado con claridad la dignidad del pueblo soberano.
No existen dudas sobre la conveniencia para los Estados Unidos de garantizar su abastecimiento petrolero sobre la base sólida de un acuerdo con un aliado histórico como Venezuela —con la excepción del largo paréntesis del chavismo/madurismo. Y para Venezuela también, con el más cercano y seguro comprador como lo ha sido Estados Unidos. Andar por una trocha con malas juntas, no es lo sensato. Pero también está claro que el frente petrolero no es el único que es necesario atender.
El camino correcto es el que clama todo el pueblo cada día con mayor convencimiento. No es otra que la realización, lo más pronto posible, de elecciones libres en las cuales el pueblo venezolano decida sobre su destino.
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