Famosos Apodos Valeranos (Parte II) | Por: Alfredo Matheus -Cronista Popular de Valera

 

 

Alfredo Matheus / Cronista Popular de Valera

Los apodos o sobrenombres son más viejos que mañita de pedir fiado. Forman parte de eso que llaman; Sabiduría Popular, es una mezcla de alma humorística y saberes de la humanidad…Ahí vamos:

 

“Chiquito Mío”

Recorría los bares de la ciudad con un llamativo maletín donde tenía anotados a todos los que le debían dinero. En el momento en que llegaba a un bar, a las mesoneras lo que le faltaba era cantar el himno nacional en homenaje a “Chiquito Mío”. Les hacía préstamo en  dinero contante y sonante, decía que las mujeres que trabajaban en bares y restaurantes eran las mejores a la hora de cancelar deudas, lo hacían al brinco…

 

“Guacharaco”

Fue uno de los primeros chatarreros que conoció nuestra ciudad, le acompañaba un sombrerito “roba huevos” y su inseparable sonrisa burlona que hizo historia. Recorriendo la quebrada de Escuque encontró un  cochino ya preparado para la venta, se lo echo al hombre y aterrizó en el mercado viejo, allí se  instaló gritando a todo pulmón:” Si hay el cochino a 2 bolívares el kilo”. Alguien fue hasta radio Valera y dio la noticia, en media hora el  viejo mercado estaba lleno de gente, la alegría se iba al pozo cuando los parroquianos se daban cuenta que el cochino tenía pepas, no apto para el consumo humano…Una hora después llegó una comisión policial y metieron en la patrulla a Guacharaco y al cochino con pepas….

 

“Los pica piedra”

Berta y su hijo Carmelo. Gozaban caminando las calles de nuestra amada Valera, adecos de alma y corazón. A  Carmelo no le faltaba una carpeta bajo el brazo, el editor Rafael Pinto  lo bautizó; “Sobaco Ilustrado”. En las reuniones en la casa de los adecos le daban el derecho de palabra y los “Pica piedras” informaban de los problemas más apremiantes en los sectores populares…Algunos los tildaban que tenían “Cables pelados en sus cabezas”, pero, ellos, humildes trujillanos, hijos de la patria, se gozaban todos los días ese transitar por la comarca bonita de hace 50 años, sin pararle para  nada “al que dirán”…

“Abrazo de Oso”

Salvador Mora, gran trabajador de la tipografía. Los sábados le gustaba echarse las cervecitas bien  frías, a los minutos se transformaba y le daba por abrazar a quienes compartían las birras en los bares de la ciudad, era tanta la fuerza de sus apurruñaderas, que muchos hombre de “pelos en el pecho” se hacían sus necesidades fisiológicas al recibir “el abraso de oso”…Fue tal,  la fama de su descomunal fortaleza física que al llegar a una venta de cerveza los parroquianos cancelaban y se marchaban para no tener que  vivir  su poderoso abrazo que mandaba al baño al más fornido concañero .

“El Loco Marcos”

El gran Faquir de Valera. Cada circo que llegaba a la ciudad contrataba los servicios del “Loco Marcos” quien sobresalía comiendo vidrios molidos, arrastrando un camión 750 con una cadena amarrada a su cintura. En los bares era todo un espectáculo, levantaba una caja de cerveza con los dientes, comía hojillas con el mejor apetito…Muchos decían que tenía “pacto con el diablo”, mientras “El Loco Marcos” manifestaba que todo era entrenamiento y poner a funcionar la poderosa de la mente que nos acompaña.

“Ahí Viene Fofo”

No se sabe de qué lejano pueblo llego un día y le encanto tanto Valera que aquí se quedó…No hablaba con nadie, solo extendía su mano para pedir una limosna o un vaso de agua fría que le encantaba. Su fama  se extendió a todo el estado Trujillo. A la hora de hacer una necesidad fisiológica y echar “una miadita”; “Fofo” de lo más tranquilo del mundo, se paraba en una esquina, con el aquel sol que quemaba tejas, y ahí descargaba  toda inmundicia sobre sus ropas, de paso, no le gustaba bañarse…En el centro de la ciudad al momento en que un parroquiano gritaba; “Ahí viene Fofo”, ahí viene “Fofo” comenzaba el corre-corre, los comerciantes bajaban la Santa María y cerraban sus tiendas, la gente aligeraba el paso, los policías que cuidaban la ciudad se pasaban para la otra acera. Sencillamente nadie aguantaba aquel olor a “Burro muerto”. “Fofo” en su estado demencial de perturbación lo que hacía era  reír a carcajada suelta al darse  cuenta que él solito paralizaba la ciudad, gracias a los olores nauseabundo que le acompañaban…

 

 


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