Por: Ismar Linares
En las calles de Valera conviven dos miradas distantes sobre una misma realidad: la de quienes sienten el peso del estancamiento económico tras años de salarios congelados, pensiones públicas y la del sector más joven, quienes desde el rebusque y la reinvención diaria, intentan mantener a flote a sus familias y readaptarse.
Al abordar a transeúntes de distintas generaciones en el centro de la ciudad, de cómo perciben su situación económica, las visiones oscilan entre la sobrevivencia del adulto mayor y la adaptación de quienes diversifican sus ingresos. Sin embargo, el contraste de testimonios deja en evidencia la insipiencia del ingreso ante una canasta alimentaria familiar que se ubica en los 755 dólares en el mes de agosto, según reportes del Cendas-FVM.
La mirada del comercio tradicional: «Aquí la situación no ha mejorado»
Pepe Magnoli, comerciante de origen italiano con 65 años residenciado en Venezuela, señala que el dinamismo económico actual no ha significado un alivio real para la mayoría de los hogares.
“La situación aquí está igual, no ha mejorado nada (…) Yo hablo así porque yo he visto la diferencia de antes y ahorita. En los últimos meses no ha mejorado nada. A todo el mundo no le alcanza la vaina porque el sueldo aquí es muy poco”, aseveró Magnoli.

La jubilación frente al costo de vida
Para la población pensionada y de la tercera edad, el poder adquisitivo actual resulta insuficiente para cubrir las necesidades elementales de alimentación y medicina. Marcos Godoy, ciudadano jubilado, califica la coyuntura como un estado de emergencia permanente donde la dependencia de remesas familiares se ha vuelto indispensable desde hace más de 10 años para que muchos puedan mantenerse en el país.
“Este es un país arruinado (…) Ya el hecho de que aquí no haya sueldo, de que ningún trabajador tenga prestaciones, ya eso indica todo. Vivimos como un país en guerra. Un ‘bono de guerra’ es lo que reciben aquí, que por lo demás es insuficiente. Nadie vive con eso; el que no tenga un familiar en el exterior que envíe sus divisas o haya ahorrado, no sobrevive”, manifestó Godoy.

Del mismo modo, Arminda Abreu, pensionada quién vive con su esposo también adulto mayor, describe las limitaciones diarias para costear la canasta alimentaria teniendo como único ingreso lo que le corresponde de la pensión y el bono de guerra.
“La situación está muy fuerte. Yo vivo de la pensión y lo poco que nos pagan no alcanza para comprar mayor cosa, nada. En mi casa somos dos pensionados y vivimos de eso, no tenemos más ingresos porque somos personas de la tercera edad. Los 130 bolívares y el bono no alcanzan ni para un mes de alquiler. Exigimos un aumento salarial y que las cosas se arreglen por el bien de todos”, sostuvo Abreu.

La perspectiva joven: reinvención, administración y rebusque
En contraposición a la visión de los adultos mayores, sectores más jóvenes expresan que la clave para afrontar el complejo entorno económico puede radicar en el trabajo independiente y el rendimiento del presupuesto individual.
Mariangeli Herrera, de 25 años y cajera de comercio, considera que existe una leve mejoría en comparación con períodos anteriores de mayor escasez, atribuyendo el avance a la capacidad de adaptación de los ciudadanos.
“A mí me parece que está mejor. Los venezolanos hemos sabido sacar lo mejor de nosotros y poder evolucionar en cada situación. Aprendimos a trabajar de diferentes maneras (…) A pesar de lo fuerte o difícil que sea la situación, buscamos la manera de ver lo mejor y hacer lo mejor”, comentó Herrera.

Herrera, quien es madre soltera de un niño con condición del espectro autista, asegura que la planificación financiera permite cubrir los gastos básicos:
“Ganamos quince y último. No es fácil, pero si lo vemos bien, no nos ponemos a gastar en cosas innecesarias. Lo que pasa es que muchos malgastan o no saben administrarse. Yo tengo un niño autista, soy madre soltera y eso no me ha impedido cumplir sus gastos necesarios y médicos. Se debe trabajar, pero si uno administra bien lo que gana, es posible surgir”, concluyó.
El reto del poder adquisitivo
El contraste entre los testimonios levantados en el municipio Valera evidencia que, mientras un sector de la población debe apelar a múltiples oficios o al comercio informal para equilibrar sus presupuestos, el sector de la tercera edad y los dependientes de la administración pública continúan exigiendo un ajuste salarial formal que permita acceder de manera directa a la canasta alimentaria sin depender de ayudas externas.
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