
Por: Alfredo Matheus… Cronista Popular de Valera
La casa de todos… así fue mi santo hogar en la calle 14, con Av. 13. Nací en un caserón que pasa de los 100 años, me trajo al mundo una partera que tenía las manos bendecidas por Dios; jamás se le murió un muchacho en la barriga… En mi hogar compartíamos el almuerzo con los “pordioseros” de aquella Valera de hace 60 años atrás, nunca entendí como hacía mi mamá para que rindiera la comida, pero allí nadie se quedaba sin meter los pies debajo de la mesa.
Recuerdo a gatea, como se gozaba los ricos garbanzos que preparaba mi madre… “Guacharaco” se chupaba los dedos con una exquisita sopa de caraotas… “La viejita del bojote” comía a reventar… “Marcos la horca” le gustaba meterle al sabroso picante… “Epigmenio” se venía del barrio el Milagro a golpe de 12 del mediodía para compartir un suculento hervido de gallina negra.
Mi madre Josefa, trabajaba de costurera, así levantó una familia de 12 muchachos…En 1970, abrió una “casa refugio” para niños en situación especial (problemas graves de nutrición o abandono familiar). Con el aporte que brindaba el Consejo Venezolano del niño por mi casa pasaron más de 40 niños y niñas, llegaban en condiciones muy dolorosas, aquello partía el alma, la primera comida que se les brindaba; “volaba” en un santiamén, eso indicaba que estaban pasando mucha hambre.
Un mes después llegaba la visita de una trabajadora social, quedaba más que asombrada; “pero señora Josefa, cómo hace usted para que, en tan pocos días, estos niños transformen esas caras de tristeza que traían, en cara bonitas de alegría”.
-Mi madre respondía: “El amor hace milagros, trato esos niños como mis propios hijos” …Hoy, con mucho regocijo, encuentro en calles de Valera, a hombres y mujeres, que en estado de abandono llegaron a mi casa, y gracias a ese corazón misericordioso de mi madre los ayudó a sobrevivir y salir adelante…
El Ministro se enamoró de una prostituta.…
Las mujeres más hermosas Se podían encontrar en el bar el Arcoíris, fue el sitio nocturno de más prestigio que conoció aquella Valera de la década de los años 60 del siglo pasado…
Con un grupo de muchachos vecinos de la calle 14, caminábamos a la quebrada de Escuque, (hoy, barrio Simón Bolívar en la Floresta) a bañarnos en las frías aguas de la curtiembre…Por la gracia divina, siempre encontrábamos a un grupo de bellas damas lavando ropa en las cristalinas aguas, aquello parecía un acontecimiento único; disfrutar la presencia de tantas mujeres hermosas con aquellos poéticos senos de lo más bonitos, después nos enteramos que laboraban en el famoso “Arcoíris”, lugar de diversión de los valeranos donde había que tener buen dinero para disfrutar la sabrosa música en vivo de “Juan Omaña” y la compañía de damas provenientes de España, Argentina, Colombia, quienes ejercían el oficio más antiguo del mundo…
La música de ensoñación de Juan Omaña era lo máximo…Sin pararle mucho al que dirán; el Arcoíris se llenaba de comerciantes, ganaderos, empresarios, funcionarios del alto gobierno, que, al estar en estado de ebriedad, se lanzaban en loca carrera a enamorar a bellas damiselas que vendían “amor pasajero”…
Se hizo famoso un ministro del gobierno del Presidente adeco Raúl Leoni, se enamoró locamente de una dama que parecía la propia Miss Venezuela, se echaba su escapadita de la gran Caracas para aterrizar en el famoso prostíbulo que se convirtió en uno de los más prestigiosos del Occidente de Venezuela…
Había caballeros sumamente enamorados que encendían cigarrillos con billetes de cien bolívares para impresionar a las damas que no eran fáciles de conquistar… Una noche cualquiera sucedió una lamentable tragedia, por los amores de una mujer, un alto funcionario asesino a un conocido personaje valerano. La noticia corrió como pólvora por la ciudad, la comarca se estremeció…
El acontecimiento fue de tal magnitud, que las autoridades, que eran asiduas visitantes del lugar de rochelas con finos licores importados, se vieron obligadas a cerrar el local de parrandas hasta el amanecer. La música bailable de Juan Omaña jamás se volvió a escuchar, solo queda la nostalgia de la “Pollera Colora”, música que bailaban de manera sensual aquellas damas que parecían sacadas del mismo cielo por la belleza que les acompañaba.
Las mujeres con cara de artistas, se marcharon a otras tierras. El corazón de los mujeriegos valeranos se llenó de nostalgia, hubo mucha tristeza; cerraba sus puertas el gran burdel que enamoraba a comerciantes, empresarios, gobernantes, que en sus casas no “quebraban un plato” y los domingos iban a la santa misa, pero al llegar al “Arco Iris” y meterse el buen Whisky, explotaba la lujuria reprimida y a bailar se ha dicho…solo quedaban hermosos recuerdos del último de los grandes burdeles que conoció la Valera de antier; en su lugar nació un barrio que fue bautizado “Simón Bolívar”, otro mujerero más…
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