Por: José Luis Colmenares Carías
En la Venezuela actual, el caos desafía nuestra estabilidad interna. Con esta serie de tres entregas, facilitamos caminos para que te animes a cultivar tu propia soberanía decisional. En esta primera parte, exploramos la Cosmogonía del Decisor: cómo entender el abismo económico como un «huevo original» de reinvención. A través de Eros, descubriremos cómo el instinto y el propósito son el hilo conductor para sostenernos cuando las reglas tradicionales dejan de funcionar.
La Cosmogonía del Decisor: Navegar el Abismo en Crisis
En la Venezuela de 2026, operamos en un ecosistema donde la volatilidad es la atmósfera que respiramos. Navegamos diariamente entre lo que definimos como «Dados, Tormentas y Terremotos» financieros: tres niveles de incertidumbre que desafían cualquier planificación convencional.
A menudo, el conflicto real no reside solo en la crisis externa, sino en nuestras respuestas internas. Persistimos en el error de intentar resolver el caos sistémico utilizando herramientas lineales —como hojas de cálculo estáticas— que se quiebran ante la turbulencia. Esta disonancia genera una respuesta biológica inmediata: pánico, parálisis o una huida desordenada que destruye el valor de nuestros proyectos.
¿Cómo recuperar el mando de nuestra economía personal cuando las reglas cambian cada tarde? La solución no es un software más complejo, sino integrar la Paideia —la formación del carácter— comprendiendo nuestra cosmogonía interna. Necesitamos volver al origen para entender cómo se construye el orden desde el desorden.
El Caos como «Huevo Original»
Remitirnos a los orígenes del universo griego nos permite construir un referente de nuestra psique ante la crisis. En la mitología clásica, el mundo surge del Caos. Pero para los antiguos, el Caos no era el desastre final, sino el «huevo original»: la materia prima de donde todo debe devenir.
Magaly Villalobos, en A puntadas, lo describe como un “insondable abismo donde preexistían fuerzas desorganizadas, esperando el momento de su aparecer”. Este es el espejo del «vacío en el estómago» que siente el decisor cuando una medida económica hace que sus predicciones pierdan sentido. Es el Caos No Determinístico. Aquí, el abismo es un espacio de libertad donde el decisor ya no solo gestiona lo existente, sino que puede fundar una estructura nueva en un vacío creativo.
El Hilo de las Moiras y el Instinto
Cuando los datos de Apolo (la lógica instrumental) se vuelven ciegos, el vacío nos invita a una forma superior de inteligencia somática. Es el momento de las Moiras: Cloto, Láquesis y Átropos, las tejedoras del destino. En la mitología, ellas no solo cortan el hilo; lo hilan y lo miden.
Aunque no controlamos la calidad del hilo que la vida nos entrega (la crisis externa), tenemos soberanía sobre cómo decidimos tejerlo. Aquí, el instinto deja de ser una reacción ciega para convertirse en el hilo conductor en la oscuridad. A diferencia de la intuición, que busca patrones, el instinto —como pulsión de vida— es la herramienta por excelencia del caos no determinístico. Es la fuerza que nos permite «olfatear» la supervivencia y sentir la forma de la nueva realidad antes de que sea evidente para la razón. En medio del terremoto, el instinto es la brújula que nos mantiene vinculados a lo esencial.
Eros: El Pegamento del Propósito
Del Caos original no surge el orden por decreto, sino por atracción. Junto a la Tierra (Gea) y el Cielo (Urano), aparece una fuerza que se puede estar subestimando en la gestión y la toma de decisiones: Eros.
Werner Jaeger, en su magistral Paideia: los ideales de la cultura griega, destaca que Eros es “una idea de una fecundidad filosófica enorme”. Villalobos lo define como el “principio de atracción que une los elementos y los seres”. En crisis, Eros es el lazo que mantiene unido nuestro propósito cuando el «piso» desaparece. Es el compromiso con nuestros valores y la cohesión de nuestro equipo. Cuando la dinámica del dinero entra en fase de «terremoto», Eros impide que nuestra identidad se disuelva; nos permite elegir el sentido cuando la rentabilidad inmediata parece un sueño lejano. Sin Eros, no hay resiliencia; solo fragmentos de un negocio quebrado.
La Armonía de Zeus: El Triunfo del Carácter
Navegar el entorno venezolano requiere aceptar que la incertidumbre es un vehículo de aprendizaje. Jaeger señala que, pese a las violaciones a la estabilidad, “el orden vence al caos”. Este no es un orden rígido o burocrático, sino la «Armonía de Zeus»: la capacidad de integrar opuestos bajo una visión coherente.
Encontrar un centro es posible si logramos articular esta armonía, reconciliando el rigor técnico con la fluidez ante lo inesperado. La armonía no es la ausencia de conflicto, sino la integración de fuerzas contrarias —la estructura que sostiene y el movimiento que adapta— en una dirección productiva.
Entender que el caos es el «huevo original» nos prepara para el siguiente paso de nuestra soberanía decisional. Debemos dejar de mirar con terror el abismo externo —el cambio de tasa, la inflación, las próximas medidas de política económica— para reconocer y entrenar a los arquetipos que nos habitan: Apolo, Hermes y Eros.
Si el mundo exterior es un caos ingobernable, nosotros debemos ser el foco de nuestro propio orden. Nuestra autonomía no depende de que el entorno se calme, sino de que nuestra respuesta sea lo suficientemente madura y estratégica. El secreto de la navegación no está en calmar el mar, sino en conocer la madera de nuestro barco, la capacidad de nuestros marineros internos y nuestra conexión con lo inconsciente.
En la próxima entrega: Exploraremos los Tres Rostros de la Sabiduría.
¡Mantente informado! Síguenos en WhatsApp, Telegram, Instagram, TikTok, Facebook o X






