Por: Frank Bracho
Por enésima vez se ha iniciado una ronda nueva de «diálogo». Ante una Realidad cada vez más apabullante y apremiante —que «no espera»—, como lo ha indicado un estremecedor nuevo Gran Sismo —que no ha sabido de colores, y que no ha esperado— en sus desquiciantes y devastadores efectos.
Y ni siquiera el gran «baremo formal» de «unas elecciones libres» ha servido para inspirar Confianza: a un Hitler lo eligió «una elección democrática», y a Jesús lo condenó «un 1er referéndum democrático de la historia» en la Plaza de Jerusalén. Pero, a la postre, dichas elecciones «no sirvieron» porque los valores de «la elección» estaban errados o narizeados. Como lo dijeron: el recordado papa Juan Pablo II: «La democracia (por todo ello) está lejos de ser canonizada» (¡sería preferible «un rey sabio como los de antes» que «un pueblo idiota sin Valores»!).
Y el mismo Bolívar —cuyo natalicio «celebramos» el pasado mes— nos dejó dicho: «¡De las guerras solo quedan las ruinas y la destrucción! …Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos, y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro!». Y lo decía un ser que en los últimos tiempos de su vida se dedicó a armar «un soñador Congreso Anfictiónico de Unidad en la fraternal diversidad, en Panamá» —que fuese como «el de Corinto para los griegos»—, evocando la Conciencia de «Abya Yala» —o de un solo «mismo continente-tierra de gracia» de sus nativos indios los «Kuna», que tanto lo habían «vivenciado»— mucho antes de Colón.
Pues, digámoslo de una vez: «¡No se trata solo de ‘saber’, sino de ‘vivenciar’ en lo interno o externo!». Y esta obtusa y disparatada «civilización moderna» nos ha separado, entre sus cuatro paredes digitales y matrices de opinión fofas, de ese «Sentido Común de lo Divino de la Natura en lo cotidiano vivencial», que siempre nos ha enseñado «el Valor Vital de ‘la Unidad en la diversidad’ y ‘la Interdependencia con Toda Vida'».
Pues «¡Todo, en realidad, ha sido Uno!», «como lo han internalizado todos los pueblos ancestrales del mundo en Comunión con la Natura», y como nos lo ha recordado dramáticamente el reciente «gran Estremecimiento Sísmico».
Pues, como dice la misma Biblia en cuanto al Apocalipsis: «Dios traerá la ruina de los que han arruinado a la Tierra». Y como igual nos ha recordado «el gran terremoto de lo falso-civilizacional en torno a la guerra de Ormuz», no se puede solamente seguir en una «política energética o de bienestar reducida al muy inherentemente sísmico: ‘Drill, baby, drill’ (‘Perfora, baby, perfora’)» o de «‘Let’s drain the swamp’ (‘Sequemos el pantano’)», puesto allí, dicho pantano, por la propia Madre Natura Divina como «pulmón del Planeta», ¡en la zona más sísmica de nuestro país! ¡Y dígalo quien lo diga!
Y menos nosotros, que tenemos ya más de un siglo conociendo de «la intimidad de los hidrocarburos» y lo que nos ha quedado de dicha «falsa riqueza fácil depredadora» (y, en verdad, de todo otro tipo de similar depredadora ombligocéntrica minería), y como «lo internalizaron» también los «muy holísticos o integrales» San Francisco de Asís y San Agustín —este último, el santo favorito del actual Papa—, quien nos dejara dicho, siglos atrás, luego de mucha erudición en su vida: «¡No corras, que a donde tienes que llegar es a tu propio Corazón!», refiriéndose a ese «Sentido Común de lo Divino perdido en el humilde pero muy Sabio Orden Natural».
Echamos de menos, pues, en los pronunciamientos públicos de muchas personalidades sobre lo de «la nueva ilusa ronda arrancada este 1ro de agosto», este tipo de consideraciones sobre «la Sustentabilidad de nuestro Futuro». Y sobre todo, en cuanto a los vitales temas de «la Unidad en la diversidad» y «la Interdependencia de la Vida», presentes YA en la perdida «Conciencia del Orden Natural Divino».
Hoy la gente común parece haber «reaprendido a palos» (¡aunque es Menester Imperativo contar con la última «Palabra de la Misericordia Divina»!). ¿Pero lo estarán entendiendo también «las élites» que pretenden liberarnos de nuestro largo y agónico túnel? ¡El tiempo se acaba! Pero en realidad: «¡Solo la Verdad nos hará Libres!». Y, a la luz de todo lo anterior: «Somos, en realidad, quienes hemos estado esperando». ¿Lo entenderemos, todos, a tiempo?
— F. Bracho / 2 de agosto del 2026









