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EL ESTALLIDO DE LA CIVILIDAD SOBRE LA BARBARIE | Por: Francisco González Cruz

por Francisco González Cruz
01/03/2026
Reading Time: 4 mins read
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Por: Francisco González Cruz

Cuando el agua está a punto de hervir se tensa, si  la llama sube se inician una burbujas en el fondo, rompe el hervor y se agita a borbotones. Si la llama baja disminuye la turbulencia y si se apaga regresa a la calma. Es un proceso dinámico que puede devenir en varias situaciones. Una es que si es una olla de presión estalle y el agua se desborde, parte se evapore y el caos acabe con todo. Otra es que el agua cambie de estado, se transforme en vapor y la olla se queme. Otra es que bajando la llama todo vuelva a ser como era: agua fría en una cacerola.

Los sistemas disipativos, sostiene la física cuántica, cuando entran en entropía se desordenan y dependiendo de la canalización de su energía pueden destruirse, pero también pueden transformarse y organizarse en un nivel superior de complejidad. En la metáfora el agua es una sustancia, pero el proceso de hervirla si es un sistema disipativo, de allí que su transformación depende del flujo de energía, de su intensidad y su variabilidad.

La sociedad venezolana desde hace tiempo está viviendo una acumulación de energía de muy diversas fuentes, pero donde más calienta está en una situación económica insoportable, que proviene de un asunto muy sencillo: el dólar sube, los precios vuelan y la gente no puede satisfacer su necesidades básicas, enfermarse es una tragedia, los servicios son pésimos. Frente a esto está el asombroso tamaño de las fortunas acumuladas por la corrupción y la ostentación de los corruptos, el cinismo de la estructura de poder, las insólitas circunstancias de los presos políticos, el bombardeo de noticias y el agobio por tanto apremio.

En el campo de la política una de las cosas que mayor causa tensión es el cinismo de los que apenas ayer eran los principales causantes de la crisis nacional, hoy se muestran como blancas e impecables palomas que hablan de amor y paz. “El diablo vendiendo cruces”. Pero en medio de este proceso tan profundo, extenso y veloz, la mayoría del pueblo venezolano ha aprendido a discernir y sabe distinguir la cizaña del trigo.

Bajar la presión no es apagar la llama sino saberla administrar, para que el caos produzca una nueva realidad, que tiene sus bases en el origen de la república civil y civilista originaria, pero que debe reorganizarse en un modelo republicano moderno basado en el respeto a la dignidad de la persona humana, en la primacía del bien común y en acatamiento  a la Constitución que establece la forma de gobierno:

“Artículo 2. Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político.

Artículo 3. El Estado tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución.

La educación y el trabajo son los procesos fundamentales para alcanzar dichos fines”.

El verdadero estallido que requiere Venezuela es la emergencia de una vigorosa sociedad civil organizada, voz legítima y originaria de la soberanía popular. Llegó la hora de que el pueblo venezolano tenga voz propia, sin intérpretes de charreteras ni de poderes externos, sino en el ejercicio diario de la dignidad.

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La llama que está encendida nos debe llevar a algo superior, tal como está dibujado en la Carta Magna, que no puede seguir siendo letra muerta que se exhibe para su burla en un pequeño librito azul, sino que debe estar en cada ciudadano que la conoce y la hace cumplir. La convivencia obligada por los fusiles, el populismo y la represión tiene que dar paso a la convivencia basada en los valores y principios constitucionales.

Se trata de darse cuenta de que este proceso están en pleno y rápido desarrollo, que la organización de la sociedad civil, desde lo local hasta lo nacional, alimenten la llama de la esperanza y la acción, para que la turbulencia y el caos nos lleven a las nuevas realidades, que tanto hemos esperado. Es la hora de la sociedad civil que es el pueblo organizado en vecinos, organizaciones intermedias, gremios, sindicatos, la prensa libre, asociaciones de comerciantes e industriales, grupos culturales, las asociaciones de víctimas y sus familiares, organizaciones ambientalistas, de defensa de los derechos humanos, las iglesias y todo grupo organizado conforme a derecho.

La Constitución ya no será un «librito azul» para el cinismo del poder, sino la Ley Viva en manos de una sociedad que sabe discernir, que rechaza a los «vendedores de cruces» y que asume, por fin, su destino con voz propia. Es el estallido de la civilidad sobre la barbarie.

 


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Tags: Sentido de Historia
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