El cine venezolano trae un oscuro mensaje de esperanza al Festival de Moscú

El realizador venezonano Andrés Eduado Rodríguez y la actriz Jericó Montilla presentan en Moscú el filme "Un destello interior". EFE/ Fernando Salcines

Moscú, 22 abr (EFE).- «Un destello interior», el largometraje venezolano que presentan los hermanos Andrés Eduardo y Luis Alejandro Rodríguez en el 43º Festival Internacional de Cine de Moscú, es un oscuro mensaje de esperanza en medio de situaciones trágicas, según sus directores.

«Cuando el ser humano se encuentra en un momento muy oscuro, hay algo que lo impulsa a seguir viviendo. Ese impulso es un destello interior que sale a relucir en los momentos más desesperados», afirma Andrés Eduardo en rueda de prensa.

 

HABLAR DE ESPERANZA DESDE LA DESESPERANZA

Cuando la humanidad «está viviendo momentos muy duros con la pandemia», para «poder hablar de la esperanza teníamos que hablar de la desesperanza», dice.

Los hermanos Rodríguez han traído a Moscú la historia desgarradora de Silvia, una madre solitaria, interpretada por Jericó Montilla, que literalmente se quiebra cuando a su extrema miseria se suma una sentencia de muerte dolorosa e inevitable, materializada en un tumor cerebral.

Todo ello, en el contexto de una Venezuela sumida en una profunda crisis económica con una galopante inflación, violencia social, y un paisaje de favelas derruidas e insalubres en las que a duras penas sobreviven los principales personajes de este filme.

Sin embargo, pese a todas estas adversidades, «Silvia, al final de la película, descubre su fuerza de vivir, las ganas que tiene de vivir al contactar con la vida», comenta a Efe Andrés Eduardo.

 

UN DESGASTE EMOCIONAL Y FÍSICO

Una experiencia excepcional para la actriz principal, que literalmente se lanzó «al vacío» en esta producción, difícil tanto por su desgaste emocional como físico.

«Fue muy duro conectarme con el sufrimiento, porque yo me conecto con el arte desde el amor y la felicidad, y no puedo crear si estoy triste», confiesa a Efe Montilla, al recordar el intenso proceso de filmación condensado en cuatro semanas, antes del cual tuvo que bajar 10 kilogramos para poder verse «como una mujer enferma».

La agonía del personaje de Silvia se contrapone a la luz de su hija Sara (Sol Vázquez), que desde la inocencia de sus seis años parece estar al margen de esta desgracia amplificada por la imposibilidad de hallar una solución: la niña comienza pidiendo a su madre cuentos para dormir y al final le cuenta sus propias historias.

 

ENTRE LO ÍNTIMO Y LO DOCUMENTAL

Es un relato cinematográfico que apela a lo íntimo, en el filme se nota una preferencia casi obsesiva por las secuencias cámara en mano, los primeros planos y los perennes desenfoques que aluden al estado febril causado por la enfermedad.

«La cámara en mano va con la psicología y con la emoción del personaje, la cámara en mano es su ansiedad, su angustia», explica el director a Efe.

Por otro lado el filme crea un distanciamiento con la historia por el aire de cine documental que tiene la película, algo que, según Rodríguez, crea una «sensación de veracidad».

«Nosotros filmamos en la calle y nos ‘robamos los momentos'», añade, al señalar que algunas secuencias -como la de una pelea callejera o el choque de la actriz con un transeúnte- fueron improvisadas y la reacción de los transeúntes fue natural.

 

DE VENEZUELA A MOSCÚ

La película, calificada por el director de programación del Festival Internacional de Cine de Moscú, Kiril Razgólov, como «extremadamente emotiva», ya acaparó 11 premios en el Festival de Cine Venezolano en 2020.

Se trata del tercer largometraje de los hermanos Rodríguez, conocidos como «los morochos», después de las cintas «Brecha en el silencio» (2013) e «Hijos de la sal» (2018).

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