EL CAMINO A LA DEMOCRACIA | Por: Francisco González Cruz

 

Francisco González Cruz

 

“La reconstrucción del entramado institucional democrático, el fortalecimiento técnico y político de los organismos electorales, la restitución plena del estatus legal de los partidos políticos, el establecimiento de garantías de participación para todos los sectores y el pleno respeto a la libertad de expresión” dice el comunicado firmado por Dinorah Figuera en nombre de la Asamblea Nacional electa en el año 2015.

“… el fortalecimiento de la democracia, la consolidación de la paz y la búsqueda de un futuro de bienestar y prosperidad para las venezolanas y los venezolanos” dice el publicado de la Asamblea Nacional presidida por Jorge Rodríguez.

La riqueza de la lengua castrellana permite leer las diferencias en los dos textos, el primero es concreto y contiene tareas medibles, el segundo es un tanto vago, pero conviene resaltar que ambos se incian con la referencia a la democracia, que es lo sustantivo, como lo será la conformación de los equipos que trabajarán en ello, sus decisiones y cronogramas.

Otro asunto sustantivo es que coincide con la enorma mayoría de los venezolanos que quiere libertad, democracia, paz y justicia, que es lo que se necesita para “la consolidación de la paz y la búsqueda de un futuro de bienestar y prosperidad…”. No tan futuro, pues allá en esos tiempos todos estaremos muertos. Hay asuntos que, una vez restablecida la instucionalidad democrática, se resuelven rápido, como la economía. Otros requieren mayor tiempo, como la educación y todas sus exigencias.

Por eso los “hitos y cronogramas” no pueden esperar mucho, primero porque la gente está hastiada de esta situación y sabe que su superación pasa por que se pueda expresar libremente en elecciones generales, en las que todos los venezolanos podamos participar, canalizados por partidos políticos autónomos y legales,  arbitradas por un Consejo Nacional Electoral decente y bien supervisado, con plena libertad de expresión, sin miedo ni temores.

Las propias sutilezas del comunicado de Jorge Rodriguez demuestran las intenciones del régimen de demorar y mediatizar los procesos. La sorpresiva llegada de Dinorah Figuera, sus rápidas reuniones con los actores fundamentales y sus atinadas declaraciones, son claras señales de lo perentorio de sus propósitos y de sus capacidades para lograrlos.

Está claro en todo el mundo que las autocracias, el centralismo, la corrupción y la desconfianza llevan a cualquier país a la ruina, como le pasó a Venezuela. Un país de gente buena, orgullosa de su tierra, conciente de sus riquezas y que ha sufrido amargamente la destrucciónde sus familias, el despoblamiento de su territorio, el expolio de sus riquezas, el deterioro de sus servicios públicos y el empobrecimiento general, ya sabe perfectamente cual es la ruta que conduce a la superación de la “crisis huanitaria compleja”.

A estas alturas no hay otro camino que lleva a la restauración de la república, tal como lo establece la Constitucióm en su Artículo 2°: “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y, en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”.

 

 

 

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