Ernesto Rodríguez (ernestorodri49@gmail.com)
La figura del bravucón ridículo ha sido muy frecuente en la literatura universal. En efecto, ya el gran comediógrafo de la antigua Roma llamado Plauto (aprox. 254-184 A.de C.), que está considerado como el más grande de los autores de comedias en la antigua Roma, en su famosa comedia: ‘Miles Gloriosus’ (aprox. 205 A. de. C.), mejor conocida como: ‘El Soldado Fanfarrón’, representa al capitán llamado Pirgopolinices, que es un narcisista ridículo y fanfarrón rodeado de sus esclavos como por ejemplo el que se llama Artotrogo, que continuamente le alaban y están cantando sus supuestas hazañas fantásticas tanto militares como amorosas para alimentarle la vanidad. En efecto, Pirgopolinices se considera muy valiente, muy bello e irresistible ante todas las mujeres. En la obra vive con una joven llamada Filocomasia, a quien tiene sometida a la fuerza. Entonces varios personajes de la obra se proponen liberarla y devolverla a su verdadero amante llamado Pleusicles. Como todos conocen que el punto débil de Pirgopolinices es su vanidad se dedican a adularlo, aunque se ríen a sus espaldas al verlo tan ridículo y falso. Finalmente en la obra Filocomasia es liberada y Pirgopolinices hace el ridículo cuando queda en evidencia su falsa valentía y es azotado por un anciano llamado Periplectomenes y sus esclavos.
Posteriormente William Shakespeare (1564-1616) se basó en dicha obra de Plauto y presenta a su personaje Sir John Falstaff en las partes I y II de su obra: ‘Enrique IV’ (aprox. 1597-1598). Ese personaje Falstaff es un fanfarrón que inventa sin ningún escrúpulo grandes embustes para manipular a los demás.
Pero la figura del soldado fanfarrón también se representa en la llamada “Commedia dell´ arte” (en italiano significa: “Comedia de la profesión”), un género de teatro italiano de mediados del siglo XVI que tenía diversos personajes típicos, entre ellos “Pantalone” que representaba al mercader muy rico y muy tonto, y “Scaramuccia”: el capitán muy fanfarrón y ridículo.
Por otra parte, nuestro notable autor Rómulo Gallegos (1884-1969) describe en sus obras con gran agudeza psicológica a diversos tipos humanos. Así, en su novela ‘Canaima’ (1935) describe a José Francisco Ardavín, que es un bravucón y camorrero que se envalentona cuando está rodeado de sus acólitos. Pero basta que Marcos Vargas lo enfrente para que se desmorone su banda y finalmente en la obra Ardavín queda en evidencia como lo que es en realidad: Un individuo inseguro que con su banda de matones y sus bravatas había logrado engañar a muchos aparentando que era muy “bravo”.
No obstante, esos personajes fanfarrones y falsos de la literatura existen en la vida real. Por ejemplo, muchos dictadores en la historia mundial han sufrido de megalomanía e histrionismo narcisista y se han rodeado de un séquito de infelices Artotrogos que se han dedicado con gran despliegue de fanfarrias y estruendo de trompetas a rendirles culto, logrando engañar durante un tiempo a muchos incautos.
Pero tarde o temprano esa clase de dictadores quedan en evidencia por su falsedad y su carencia de principios éticos, y entonces se desmoronan y llega un momento en que todo el mundo se percata de que sus delirios de grandeza que se proclamaban con tanta trompeta, en realidad no son dignos ni siquiera de una trompetilla.
