Desde sus inicios en aquel 24 de agosto de 1978, el «periódico azul» mantiene incólume su prestigio, por ser un leal amigo comunitario, generador de empleo de talento, utilizar una fluida información veraz, objetiva y respetuosa, aliado institucional sincero, además de escuela ideal para las actuales y futuras generaciones de periodistas.
Gabriel Montenegro / gabymonti59@gmail.com
DLA.- Jamás olvidaré aquella temprana tarde-noche de agosto del año 1978, cuando aún mozalbete y laborando en el Diario El Tiempo, me fui raudo y veloz a la inauguración de Diario de los Andes en la Zona Industrial de Valera.
En ese momento, en mi época estudiantil, había comenzado, años antes, el transitar periodístico, escribiendo dos columnas a «mano», de dos cuartillas o cuartilla y media de tamaño cada una, publicadas en Diario El Tiempo, ya que a través de esos escritos me fue apasionando eso de la opinión, el pluralismo de ideas y la tan mancillada y vituperada libertad de expresión, la cual tantos años después no deja de llevar «cuero» de los desgobiernos, tal como decían nuestros abuelos ante la inevitable reprimenda familiar por una u otra mala travesura nuestra.
«Bajo el palmar sin sombra» y «Tips Deportivos» fueron mis primeros trabajos mucho antes de abordar el reporterismo gráfico, donde confieso que no fui muy destacado, por aquello de carecer de buen «ojo fotográfico»; porque sencillamente mis sueños no eran las cámaras e imágenes, sino leer, leer, investigar mucho y escribir. En síntesis, era la fiebre por los géneros de moda; el ensayo, el cuento, la novela, la poesía y la oda.
Sin embargo, ante la realidad laboral del momento, me esforzaba por quedar bien con los trabajos asignados detrás de la lente fotográfica, sin dejar de mirar los libros y las publicaciones recientes de los escritores del momento con marcado interés. Recuerdo particularmente obras de Sábato, Octavio Paz, Uslar Pietri, El «Gabo» García Márquez, Ernesto Cardenal, Victor Hugo, Rubén Darío, Antoine Exupéry, Oscar Wilde, Jorge Isaac y su inolvidable » María»; Vicente Gerbasi, George Orwell, Hemingway, Benedetti, Gabriela Mistral, Neruda, Vargas Vila, Andrés Eloy Blanco, Pérez Esquivel, la poesía de Federico García Lorca, Antonio Machado, Henry Miller, Immanuel Kant, Sir Arthur Conan Doyle, Gunther Grass, Truman Capote. Maquiavelo, Frank Kafka, Tchaikovsky, además de muchos grandes literatos del momento.
Nace un medio para todos
Ese momento del 24 de agosto de 1978, ya el presidente Carlos Andrés Pérez, desde tempranas horas, había cortado la cinta inaugural, junto al doctor Eladio Muchacho, el profesor Aníbal Miranda; el que sería luego director, don Guillermo Montilla y el acucioso Graterol. Vargas, varios de ellos tertuliando con CAP gratamente y compartiendo por supuesto con parte del personal y demás directivos del rotativo. Confieso que cuando llegue al lugar, el primer mandatario terminaba por retirarse y no pude verlo en persona.
Se formó la pachanga
En la parte trasera del galpón, ubicado en la Zona Industrial «Carmen Sánchez de Jelambi» estaban muy bien colocados los mesones, las sillas para el personal, invitados; los refrigeradores con la espumosa que nos llamaba a gritos y al momento se dio inicio a la música; sin faltar varios paquetitos de la primera edición del nuevo rotativo valerano, anunciado su salida a la calle, el cual llegaba a reforzar la tarea periodística, iniciada por muchos luchadores contra las tiranías anteriores, muchos de esos medios impresos de tipo clandestino, debido a la férrea persecución gobiernera contra la libertad de opinión y pensamiento.
Ese logro de libertad de discernimiento político propio se fue materializado una vez caído el régimen de Marcos Pérez Jiménez, con la llegada la democracia, y en Valera a través de Luis Mazzarri Montilla, Luis Gonzaga Matheus y Andrés Atilio Miliani, entre otros quijotes regionales que defendían el criterio del pleno ejercicio de la opinión pública, voz y garantía de una verdadera democracia.
Les cuento, que aunque polizón invitado por un amigo a la celebración de esa noche, me di un banquete de tertulia, alegrías y del optimismo de saber que se iniciaba una nueva etapa de expansión comunicacional y surgía otro grupo alegre de buenos amigos ligados a la prensa.
El 24 de agosto de 1978, comenzó, para este servidor, y para los presentes, a tejerse un nuevo rumbo del entonces desconocido y para muchos «incompresible» periodismo interpretativo, tendencia de la que tanto se hablaba para sustituir los viejos esquemas ya un tanto obsoletos de tratar la información. Ese ha sido obviamente un estilo distinto de hacer diarismo impulsado aquí en Trujillo por DLA; trabajo mucho más cultural, poético, pueblerino (por supuesto), pero sobre todo académico y literario, siempre bajo la premisa de menos amarillismo y más respeto y educación al lector que estaba acostumbrado al sensacionalismo.
Han pasado desde ese mágico momento de celebración, 48 años de acción verdadera y loable; de trabajo arduo, duro sacrificio; de conocer gente nueva; de relacionarnos con genios, intelectuales, poetas de alta capacidad y fina prosa, empresarios, comerciantes, dirigentes, además del acercamiento a la historia y el clamor popular, tan importantes para quienes creyeron en el Proyecto Diario de Los Andes, porque el denominado nuevo periódico nació desde el pueblo y para el pueblo, eso no tiene duda de nada.
Cambian los tiempos
Para no extenderme mucho, no voy a repetir en esta ocasión aniversario, ni a volver a recordar en qué se ha fundamentado el trabajo de DLA en todo este tiempo, algo ya expresado muchas veces en los trabajos de esta época cumpleañera; tampoco a dictar cátedras de historia, porque el conglomerado trujillano la conoce de sobra y con eso basta…. Es simplemente la información impactante de la actualidad y la micro-historia comunitaria hecha periodismo del bueno que se ha mantenido inalterable en DLA.
Hoy en día, tras todo este lapso transcurrido, es justo reconocer la valentía del doctor Eladio y del grupo de periodistas que le acompañaron y otros que decidieron quedarse, aún ante la desaparición sistemática, obligada y oprobiosa de la prensa impresa.
Un reconocimiento (por solo nombrar algunos), para el otrora hermoso Iutet- DRB; el Rotary Club, Club de Leones, Country Club de Valera, Cámara de Comercio, ULA-Nurr, Universidad Simón Rodríguez. Universidad Politécnica Territorial, Sociedad Anticancerosa, Gobernación del estado, Clet, Consejo de la Judicatura, Clero, Templos Católicos y Evangélicos Regionales, Médicos. Enfermeras, Obreros Educacionales, Obreros de la Salud, la nueva, instructiva y valiente Cátedra Libre «Mario Briceño Iragorri»; las comunidades vecinales, Artistas, PNB, GNB, Bird 222, Alcaldía de Valera, Ivss, Colegio Salesianos, Liceos Rafael Rangel, Antonio Nicolás Briceño, Pedro García Leal, Foro Penal Venezolano, Colegio República, Liceo Antonio José Pacheco, Universidad Valle del Momboy, Consecomercio, Gremios Docentes, Fedecámaras, Fetratrujillo, Fetra-transporte, Hospital Pedro Emilio Carrillo, Clínicas Privadas amigas, Corpoelec, Hidroandes, Liceos. Escuelas, Fundación «Construyamos Juntos», Fapet, Cuerpo de Bomberos, CNP, Protección Civil, Centro de Animación un Juvenil, Movimiento «Aprendiendo a vivir mejor», Club de Abuelos Parque Los Ilustres, Ateneo de Valera, Columnistas, Movimientos Políticos, Movimientos Religiosos, Fe y Alegría, Acoinva, el Iutembi y pueblo Trujillano, además de todos quienes han aportado sus ideas y opiniones, durante todo este tiempo, sus maravillosos trabajos y su lealtad con Diario de Los Andes... a todos los reconocemos con cariño y sabemos quiénes son.
El mundo digital, las nuevas tendencias, y el avance tecnológico indetenible, llegaron como nuevo reto para quedarse; pero Diario de Los Andes aceptó la propuesta y se ha mantenido y mantiene firme, honesto, perseverante, trabajador y decidido a seguir siendo parte del mejor periodismo de la provincia venezolana y de este terruño trujillano que tanto amamos.
Sin tapujos
No creo que haya alguien con verdadera y propia autoridad moral e institucional que pueda decir lo contrario del «periódico azul»; el cual aún en el concepto web sigue dictando cátedra de excelente periodismo, de valentía y honestidad con un grupo admirable de experimentados periodistas y los nuevos valores que también encontraron nuestra «casita azul» de tantos bellos recuerdos.
Ojalá lleguen tiempos mejores a Venezuela, y la «casita azul»; ese refugio propio, bueno de tantas vivencias, amistades, diatribas, personajes, tertulias, alegrías, anécdotas que nos marcaron hondamente, y por lógica, la infaltable noticia cotidiana, se fortalezca, de más presencia activa y retorne de nuevo, con fuerza contundente, a poder escucharse por estás calles al lector decir, como se hacía en esos tiempos hermosos, inmarcesibles y diáfanos: «Chamo dame ahí un Diario de Los Andes»...
Que así sea y que volvamos a reencontrarnos con la pasión por la que decidimos seguir del lado bueno y correcto de las cosas!.
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